Santiago Mayorga padre y Santiago “Santi” Mayorga tienen el privilegio de compartir no sólo el nombre, el cariño y la complicidad de su vínculo, sino también una vocación. Ingeniero agrónomo el primero, y uno de los enólogos más destacados de la actualidad, a nivel internacional, el segundo, los mendocinos son una verdadera institución en la industria vitivinícola argentina.
Santiago padre trabajó en grandes bodegas del país, y Santi lo acompañó desde pequeño en sus recorridas por los viñedos, para luego hacer un camino propio que lo convirtió en uno de los representantes más importantes de la nueva era del vino.
Hoy es el enólogo de Nieto Senetiner y también de Cadus donde crea vinos de autor, luego de sus inicios en Mendel, de la mano de Roberto De La Mota. A los 43 años, ya fue distinguido por la revista Wine Enthusiast como uno de los enólogos más importantes de la nueva generación y reconocido como una de las 50 personalidades más influyentes del mundo del vino y las bebidas espirituosas por la International Wine & Spirit Competition (IWSC).
Y en vísperas de este Día del Padre, los reunimos para conversar sobre la actualidad del vino argentino, sus trayectorias y sus recomendaciones.
Entrevista a Santiago y Santi Mayorga
-Santiago, ¿cómo era Santi de chico?
-Santiago Mayorga (Padre): Él siempre tuvo una personalidad muy fuerte y muy sociable. Desde muy chiquito, íbamos a distintos lugares y en algún momento nos preguntábamos: “¿Dónde está Santi?” Y resulta que se había metido en la cocina y de repente salía charlando con el cocinero (risas).
-¿Y vos, Santi? ¿Qué cosas resaltarías de la personalidad de tu padre?
–Santiago Mayorga (Hijo): Mi papá es un apasionado en todo lo que hace. En el deporte, por ejemplo; primero fue andinista, después se dedicó al motociclismo y al ciclismo… Y además, es un apasionado del trabajo. Sobre todo, es una persona con muchas ganas de aprender. Eso me lo transmitió de manera muy clara. Siempre tiene ganas de saber.
-¿Y cómo se conjugó todo aquello en el camino profesional de cada uno y que también comparten?
-S.M (P.): Yo me hice ingeniero agrónomo porque en el colegio me encantaba la química orgánica. En Mendoza me vinculé a la vitivinicultura. En cuanto a Santi, él siempre fue muy capaz, el mejor alumno. Al ver que a mí me gustaba tanto mi trabajo, se entusiasmó y finalmente siguió la misma carrera. Se recibió con Medalla de Oro de ingeniero agrónomo en la Universidad de Cuyo, y al principio trabajamos juntos.
S. M. (H): Sobre el tema de cómo me vinculé con la agronomía y la enología, siempre cuento lo mismo: cuando yo era chico mi papá trabajó con la familia Pulenta, durante 25 años. Entonces en las vacaciones de verano yo me iba a las fincas de la bodega con él. Digamos que fui viviendo la profesión.
-Santi, solés contar que de tu oficio te gusta reunirte, compartir los vinos y la gastronomía: ¿Cuál fue el primer vino que te sorprendió comiendo en casa?
S. M. (H.): El momento de la reunión familiar era la cena. Comíamos juntos y siempre tomábamos un vino. Yo creo que el Malbec fue una de las cepas que disfrutamos mucho, además había más versatilidad en ese momento. Mi papá traía vinos, algunos eran especiales, me acuerdo de varios.
-Santiago, ¿cómo era la industria cuando comenzaste a trabajar y cuáles los principales desafíos?
S. M. (P.): A mí me tocó vivir un gran cambio. Yo me inicié en la época en la cual el ingeniero agrónomo era mucho más importante que el enólogo, porque el éxito de la rentabilidad de una explotación vitivinícola radicaba en que el viñedo fuera muy productivo. A partir del año ‘88, ‘89, empezó a tallar el tema de los vinos de calidad. Algunos comenzaron a viajar, el mercado interno estaba saturado y la salida fue hacer un producto de mayor calidad, que se pudiera exportar. Entre el ’90 y el 2000 los viñedos empezaron a importar plantas; comenzó el riego por goteo y eso habilitó nuevas zonas que ahora son las que llaman por su terroir, como Gualtallary, Altamira, Tupungato.
-¿Y cómo es el panorama del negocio hoy, Santi?
S. M. (H): Creo que, en la industria, el vino llegó a un nivel de madurez en el que podemos entender muchas gamas de producto. La Argentina es un país exportador de calidad y que tiene también una buena relación precio-calidad. Nuestro desafío es seguir manteniendo eso y el buen nombre del Malbec, que llegó a muchísimos lugares del mundo, donde hoy podemos mostrar la versatilidad de las bodegas y sus terroirs. Ahora hay muchos approachs para el Malbec, y es lo que estamos haciendo tanto en Cadus como en Nieto Senetiner. Por otro lado, estamos mostrando otras variedades como los blancos, tintos ligeros, y más. También es un desafío comunicar los lugares de una manera clara y concisa, y que la gente no se sienta intimidada por tantos nombres de zonas y regiones.
-¿Cuál fue la enseñanza más importante que te dio tu padre en este camino, Santi?
S. M (H.): Yo creo que lo que perdura en el tiempo son los valores. Mi papá me enseñó primero, la humildad. Después, la responsabilidad de trabajar y de tratar siempre de superarse. Y por supuesto, desde lo técnico, aprendí todo. Yo sé que hay un montón de cosas que mi papá sabe y yo no. Ojalá cuando llegue a su edad tenga su misma experiencia.
-Santiago, ¿qué te devuelve a vos, como profesional, el camino que Santi ha recorrido hasta ahora?
-Tengo la alegría de presentarme y decir: “Soy Santiago Mayorga” y que me pregunten: “¿Y qué sos de Santiago Mayorga, el de Nieto Senetiner?” Y eso me encanta, porque él es mucho más famoso que yo (risas). Nunca hice vinos. Cuando se pasó a la calidad, cada vez fueron más protagonistas los enólogos, sobre todo los que saben de viñedos. Santi conoce las plantas muy bien. Y con su personalidad, no se quedó ahí: completó todo el circuito que tiene que hacer un profesional, de principio a fin.
-Santi, ¿cuáles son las mejores propuestas de Bodega Nieto Senetiner y Cadus para celebrar este Día del Padre?
-Tenemos dos opciones especiales para compartir y disfrutar en familia: Nieto Senetiner Patrimonial Malbec DOC 2020 (un vino armónico y elegante, añejado en madera durante 12 meses, que en boca se presenta con taninos dulces, entrada suave y largo final), y Cadus Appellation Tupungato Malbec 2020, de intenso color violáceo, que en nariz expresa notas minerales como grafito, frutas rojas ácidas y algunas flores, como la lavanda.