En un petit hotel de estilo francés ubicado en el barrio porteño de Recoleta, Porte Bar es el punto de encuentro de un proyecto gastronómico nacido de la alianza entre Facundo Berti, al frente de la cocina, y Ezequiel Cunzolo, a cargo de la barra. El lugar fue concebido a partir de lo que era el desayunador del hotel y como un espacio cálido donde ofrecer una propuesta en torno a cuatro pilares: quesos, coctelería, platos de bistró y vinos.
Ubicado en planta baja y a partir de un acogedor living, Porte combina bar y salón en dos ambientes conectados que también funcionan como galería de arte y que permiten tanto reuniones íntimas como eventos sociales.
La ambientación respeta la arquitectura del petit hotel, en la que se destacan unas increíbles puertas curvas de madera, surgidas de la inspiración de quien diseñó el edificio.
Esa impronta creativa acompaña una dinámica de funcionamiento flexible, donde conviven cenas, degustaciones, catas y celebraciones privadas.

Corazón de horma
Con menos de un año desde su apertura (agosto de 2025), el salón principal tiene capacidad para 45 cubiertos y solo ofrece cenas.
Allí, la carta de quesos es uno de los ejes centrales y se organiza por categorías, permitiendo recorrer distintos estilos y maduraciones. En las pastas blandas aparecen opciones como stracciatella, brie, camembert de cabra, crottin y reblochón; en las semiduras, variedades como morbier, raclette, lincoln y pecorino.
A su vez, las pastas duras incluyen provolone, cheddar inglés, grana padano y parmesano estacionado. Los azules —como mariello o azul gourmet— completan el mapa.
Sin embargo, se suman tablas de degustación curadas por el frommelier —acompañadas de destilados seleccionados— en las que se sirven los quesos con tomate confitado, higos, miel, mermeladas de frutos rojos, frutos secos y chocolate.

Con afán de ampliar la experiencia, Cunzolo se acerca para explicar el sentido recomendado de la degustación: primero los quesos solos, luego en maridajes, y desde los más suaves (sugiere untar en la rica focaccia los más blandos) a los más picantes.
La propuesta se enriquece con una sección de quesos calientes con preparaciones como raclette con peras y pickles, tartiflette con papas y panceta, y Wellington de queso envuelto en hojaldre. En cada detalle se prioriza la selección de materias primas y su trazabilidad, con especial atención a productores locales y al valor de origen.
El caso de las fondue de queso (con albóndigas y vegetales varios) es especial porque es la única propuesta que exige una estricta reserva.
La carta se completa con raciones de charcutería artesanal, platos de mar y tierra —como pato crispy, croquetas de langostinos o tartar de lomo— y una cocina de bistró que se apoya en la estacionalidad para guarniciones y detalles.
Entre otras opciones, hay pulpo español, pesca del Atlántico, parmentier de cordero braseado, pastas artesanales y corte vacuno con papas fritas y salsa Café de París.
Altamente recomendada la tortilla de papas, cocidas en aceite de oliva y con una alta proporción de yemas que crean un interior suave y delicioso.

La imaginación al poder
En la barra, Cunzolo despliega “Los cócteles del Tano Cantinero”, una carta de autor que combina técnica y narrativa. Con más de dos décadas de trayectoria en gastronomía, construye una propuesta que retoma la coctelería de “vieja escuela” y la reinterpreta desde una mirada actual, con foco en el sabor, la claridad y la accesibilidad.
Inspirado en El Principito, ese libro tierno que ya acompañó a varias generaciones, propone un recorrido con relecturas de clásicos en versiones propias y pensadas para ser parte de la experiencia gastronómica. Entre las creaciones destacan Saint-Exupéry, con gin, jerez oloroso, pomelo y alcaparrón; Baobabs, con ron añejo, jerez néctar y bitter de cacao, y Astrónomo, que integra café, banana, caramelo y ron.

También aparecen opciones como El Aviador, con gin, manzana, lima y absenta, y Zorro, con té especiado, durazno, limón, reducción de Chardonnay y soda.
La propuesta incluye además una sección sin alcohol con combinaciones como Volcán Extinguido, con té lapsang y miel especiada, y Vanidoso, a base de uvas blancas y tintas, cítricos y azahares (delicioso, con las burbujas del ginger ale).
La barra se nutre también de una selección de cócteles clásicos de distintas décadas, un trabajo enfocado en resaltar el sabor de cada ingrediente, y una colección de destilados que incluye jereces en distintas expresiones.
La cristalería —en muchos casos piezas antiguas seleccionadas por el propio Cunzolo—, la calidad premium de los destilados, los garnish sutiles y el servicio terminan de definir una identidad amable y cercana.
Para acompañar, la carta de vinos de Porte —curada por la sommelier Florencia Álvarez— presenta una selección de etiquetas con proyectos contemporáneos y bodegas de trayectoria que combinan a la perfección con la cocina y los quesos.

GPS
Porte
Dirección: Azcuénaga 1268, Recoleta, CABA
Horarios: lunes a sábados de 18:30 a 01:30 hs (con y sin reserva).
Instagram: @porte.bar
