El vino del Diego sigue dando de qué hablar. Es que el Diego se llevó a la tumba el secreto del rey Midas: cómo convertir en oro todo lo que tocaba su magia, que tenía iguales cuotas de genialidad futbolística y de opiniones variopintas pero siempre en blanco o en negro. Sin embargo, las lecciones que dejó sobre el marketing de vino –y sin saberlo– son tan valiosas como las que se pueden aprender en el mercado internacional de fine wine. Un tipo de conocimiento que los ladrones más sofisticados empiezan a descubrir.

¿Cómo es que todas esas variables se ponen en juego? Las palabras clave son colección y oportunidad. Vamos por partes.

Vino del Diego

Cuando salió a la venta allá por 2002 un vino que llevaba al Diego en la etiqueta, elaborado por una ignota bodega mendocina, parecía más una jugada oportunista de marketing que un negocio con visión de futuro. Sobre todo porque quienes lo probamos supimos en el acto de su mala calidad.

vino del Diego

Recién entenderíamos el truco cuando el Diez entró en la inmortalidad. Mientras velaban al crack en la Casa Rosada, comenzó a pulular el vino del Diego en Mercado Libre. De una tímida primera oferta de $14.000 por la colección completa de vinos en un estuche de madera, el combo saltó al día siguiente a los $152.000 en que está aún ofertado. ¿Compradores? A juzgar por las preguntas posteadas en la oferta, no le faltan.

Pero lo mejor es que empezaron a aparecer todo tipo de ofertas del vino del Diego y de otros, bajándole el precio, claro. Incluso hay un combo del tinto de Maradona con el Fernando del Diez (cola y fernet) por el que piden $18.300… con envío gratis, aclaran.

Y esto qué tiene que ver con los vinos importantes, que se pagan en el mercado mundial lo que dos colecciones del Diego. Mucho. La palabra clave es escasez.

Inversión segura

Esta semana se conocieron los datos del índice Liv-Ex para el 2020. Ese índice que pondera los precios de los principales vinos del mundo (unas cien marcas), volvió a dar positivo –como no podía ser de otra manera en tiempos de COVID–, incluso por arriba de varias inversiones bancarias. Es que comprar vinos finos se ha convertido en un refugio frente a la volatilidad de los mercados. Eso es al menos lo que dicen desde Liv-Ex, cuyo índice aumentó 4,65%. 

Comparado con plazos fijos en dólares a nivel mundial es un número tentador. A menos que se invierta en economías emergentes como la Argentina. Pero el dato de color es que algunas marcas incluso lo superaron –según lo que publica wine-searcher.com– empujando el índice hacia arriba. Por ejemplo, una botella de Sassicaia aumentó su precio en 8,2% en relación a 2019, mientras que Don Pérignon y Mouton lo hicieron un 6,5% y 6,3%, respectivamente. Del total del índice sólo una marca cayó: Domaine Romanée Conti, con un modesto 0,2%.

Todos esos vinos aumentaron de precio porque son un número limitado de codiciadas botellas en el mundo. Sube la demanda debido su reputación pero no la oferta, porque no se puede hacer más que un número tope de botellas/año.

¿Y los ladrones?

El 2020 fue un año atípico. Y entre las cosas raras que se vieron, particularmente en Francia, pero también en Estados Unidos, Reino Unido y Dinamarca (no leímos nada sobre otras partes del mundo, pero que los hay, los hay) sucedieron innumerables robos de vinos de colección. Fundamentalmente en restaurantes de lujo, pero también en cavas privadas.

Los ladro-sommeliers conocían al dedillo el valor de lo que se llevaban, amén de su ubicación. Unos principiantes de boqueteros pero expertos en vino birlaron de Domaine de Rymska Saint-Jean-de-Trézy u$s430.000 en escogidos borgoñas en diciembre pasado. Y unos 200.000 del restaurante danés Formel B, donde en febrero de 2020 se embolsaron unas 50 botellas de colección por ese monto, según reportó Don Kavanagh para wine-searcher.com.

¿Y qué tiene que ver esto con la mano de Dios? Mucho, aunque hoy el VAR se la hubiera amputado. Y es que el mercado de reventa hace al precio delirantemente creciente. Comprar un vino y atesorarlo, sea porque se lo quiere beber viejo o porque se lo desea coleccionar, multiplica su valor en la medida en que desaparece del mercado. Ahí está el toque del rey Midas que pone en alerta a los ladrones sobre un floreciente negocio, y a los que atesoraron el intomable vino del Diego sobre la renta a percibir. 

A modo de cierre sirve el comentario posteado sobre la oferta de ML: “No vendas ese vino del Diego. No tiene precio!!! Es un sentimiento”, a lo que el vendedor le responde: “El más grande D10S! Lamentablemente tengo que vender. Saludos”.

Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios nacionales, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros.