De un lado, la góndola está que arde: mientras que nadie sabe cuál es el precio del vino –los descuentos trepan hasta el 50%–, entran vinos importados y llegan a precios de espectáculo –desde 120 pesos–, para no hablar de una nueva estratósfera con botellas que alcanzan los siete mil pesos.

Del otro, el consumidor se pierde un poco. Así las cosas, la realidad numérica del vino es tan compleja hoy, que conviene buscar algunos ejemplos para explicar lo raro, lo fascinante y lo volátil de este negocio, para entender de qué va este caliente 2017.

El extraño caso del súper Chino


Sabemos que en casi todas las tiendas orientales, sin exagerar, el precio del vino está muy por debajo de lo que se vende en vinotecas. La razón no esconde ningún secreto, ni negocios espurios en la mayoría de los casos. El circuito es así:

1. Una bodega le vende en forma directa a una empresa, pongamos, hasta el 60% del precio de referencia: si el vino cuesta 200 oficialmente, él distribuidor, cadena de vinotecas o de restaurantes, lo paga 120 pesos, que paga a plazos de hasta 120 días.

2. Esa tercera empresa lo pone en la distribución (por la puerta delantera o trasera) y se lo vende, por ejemplo, al chino de la cuadra, a $130. Gana poco pero cobra cash. Y la diferencia la hace financieramente.

3. El chino margina ajustado (pongamos el 20%) y el precio final de una botella que se estima en 200 termina en 156 pesos.

Algo similar, aunque más claro para todos, sucede con las ofertas de los supermercados. Entonces, la pregunta final, la que no tiene respuesta clara, es: ¿cuánto cuesta una botella de vino? Nadie lo tiene tan claro y la inflación lo confunde todo. Y las bodegas ahora buscan sanear esta situación con dos variables: vender directo al chino o bien desarrollar nuevas marcas para ese canal.

Importados & bicocas

El gobierno actual abrió las importaciones. Y eso ahora pone al mercado argentino en pie de igualdad con los otros mercados donde Argentina compite: vender en Estados Unidos es estar en un góndola donde está el mundo. Claro que con algunas curiosidades propias de la dinámica local.

1. Debido al proceso inflacionario, los precios de los vinos (hablamos del sugerido, pero corre también para los reales) en dólares pueden resultar más caros que los importados. En particular en algunas franjas de precio.

2. Un vino de 400 pesos hoy –nada del otro mundo en términos de dinero argentino– equivale a uno de clase mundial puesto en Argentina a 26 dólares. Esa góndola, la de los 26 dólares, es a escala global una de las más competitivas. Así, llegan hoy vinos franceses, españoles, italianos y sudafricanos.

Nada que una bodega de escala global no sepa. Pero sí es una novedad para el consumidor local que ahora podrá beber vinos del mundo a un precio equivalente a los locales. ¿Es sostenible en el tiempo? Hablamos de argentina, donde el tiempo máximo de planificación es el segundo semestre. Veremos.

El excéntrico precio de la uva

La cosecha 2016 fue magra para Mendoza, que representa el 75% del negocio del vino. Y la 2017 lo es pero en particular para Malbec. Y el precio del varietal se disparó y ya asciende a 22 pesos el kilo. La pregunta de las bodegas es muy simple: ¿cómo hacer para elaborar un Malbec rentable? Algunas ya optaron por distinguir en precio al varietal del resto de sus compañeros –hasta un 10% más– mientras que otras cuotifican las entregas y algunas apuestan por importar vino a granel y embotellar en Argentina.

En la vereda de enfrente, los productores de uva podrán hacer su diferencia luego cuatro años durísimos. En todo caso, hay un solo horizonte que reúne a estos dos estamentos en hipotética contienda: que el consumidor finalmente compre vinos. Algo que, si el precio sigue trepando, pone en riesgo a todos los jugadores de esta rara cadena.

De yapa: cadenas y cadenitas

Del precio de una botella de vino al productor le queda cerca del 30 a 40%. El resto se lo lleva la cadena comercial. Cada eslabón se come una parte del negocio y es al mismo tiempo necesario. Sin embargo, en el mundo hay un fenómeno que crece con fuerza: bodegas que venden directo a sus consumidores, ofreciendo mejor precio. En medio la movida viene creciendo y en la web de un centenar de bodegas ya se puede comprar, aunque la logística es el gran escollo en este asunto. Debería crecer. Pero ya sabemos cómo hacer pronósticos en este país.

Un versión de esta nota fue publicada previamente en La Mañana de Neuquén el domingo 19/03/2017