Plop!, Pala Corazón, Kadabra, Pispi, no son códigos secretos, tampoco ningún aleph que explique el cosmos, ni mucho menos llaves para abrir portales mágicos. Son marcas de vino. Marcas, como antes se usaba Finca tal por cual, Familia con prosapia o hitos en el paisaje como Altos de allá o de acá.

Tanto ha cambiado el universo cultural de los hacedores y consumidores de vino, que hoy el horizonte que los une va mucho más allá del imaginario clásico , donde los toneles dormían a la sombra de las cavas o los abolengos trazaban un arco de deseo entre lo que era el vino y lo que se deseaba ser al beber.

Así las cosas, en tiempos en que snapchatea o likea un comentario en redes, las marcas de vino parecen encontrar una nueva cantera para innovar. Un dato: en el rubro 33, donde se registran las marcas en el Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual (INPI) se estima hay registradas más de 4500 marcas activas. Y mientras se vuelve cada vez más difícil idear un nombre con la fuerza de un jingle, los creativos de la industria bucean diversas canteras (y otras tantas botellas de vino) en la búsqueda de la tan ansiada inspiración.
Algunas marcas de vino ya poseen universos regulares.

Y es curiosa su sonoridad y el mundo que describen. A nuestro juicio, se pueden englobar ya en algunas categorías, que arriesgamos a continuación:

Cuatro o cinco letras.

Todo el mundo sabe que anoche tomó un vino buenísimo, pero nadie se acuerda el nombre, incluso sin haber bebido más de una copa. Para solucionar este problema, hay marcas contundentes y cortitas como un fustazo, la mayoría con código joven. Son, por ejemplo: Plop!, Lola, King, Picnic, De Una o Aimé, Marló y Dadá, estas últimas además forman un grupo específico con acento agudo.

Malbec como parte del nombre.

El primero, nobleza obliga, fue El Malbec de Ricardo Santos, lanzado por allá cuando dobló el siglo. Pero si bien demoró bastante en despuntar como tendencia –es imposible registrarlo como marca, aunque tiene sus trampas–, hoy es posible beber una copa de Go Malbec, Hey Malbec y Hotel Malbec, por ejemplo.

Frases recordables.
Todo el mundo sabe cómo termina una frase tan simple como Sapo de… otro pozo. Pocos resistirían la tentación de completarla. Con ese espíritu, por ejemplo, se cumple el efecto de recordación en vinos como Buscado Vivo o Muerto (que además es western), Mosquita Muerta, Lo Cuatro Fantásticos (propios del cómic, que es otra categoría) y Paso a Paso. El más logrado, a nuestro juicio de cuarentones, es el flamante El de moño rojo.Marcas-de-vinoArtes y oficios.

Hay un grupo de marcas que recalan en el universo de trabajo del vino. Son un punto de inflexión entre el pasado y el presente de las marcas. Por ejemplo, Tomero –que ride homenaje a quien distribuye el agua en las fincas–, Pala Corazón –que es la que se usa para cavar plantar en el pedregoso suelo del oeste– o Manos Negras –cuyo universo es el de los enólogos que se tiñen las manos al trabajar. Relator Wines, por ejemplo, de un comentador de carreras hípicas.

Aguante la magia.

El mundo de la infancia, como representan bien las tiras del dibujante Liniers, tiene también su lugar en los vinos de los adultos. Por ejemplo, en marcas con aliento circense, como El Equilibrista o La Mujer Barbuda (de la misma bodega), Kadabra que saca conejos de la galera, o Alchimia de Los Andes, que además representa en la etiqueta una suerte mago del lado oscuro.

Los vinos SADAIC.

El rock, la música de los ochenta y algunos clásicos del mundo, encuentran en el vino local citas tan directas que, imaginamos, SADAIC le está buscando la forma para cobrar su parte. ¿Algunos ejemplos? Ji Ji Ji y CruaChan, de la misma casa, o Revólver. Con resonancias musicales, Malbecaster, Sol Fa Sol en u Octava Bassa, citas más sofisticadas.

Tintos al diván.

Otra cantera que demuestra buena versatilidad a la hora de los nombres está formada por una suerte de universo psicoanalítico. Por ejemplo: Locura, Imposible, Imperfecto, Deseado y Revancha. El más logrado por lo que representa, sin embargo, es El Enemigo (ese con el que todos luchamos callada e interiormente, por superarnos). Entre los amorosamente desdichados, cuenta el clásico Malamado.

Terroir y técnica.

Hay un grupo creciente de marcas que crecieron de la mano del descubrimiento del terroir como clave del negocio. Están los que llevan nombres de suelos, como Aluvional, Caliche, Blanco de Cal, Traslapiedra, Alluvia Parcel. Y los que van por la vía de los orgánicos y naturales, como El Pajarito, Zorzal o Biolento.