Desde que en 2003 las bodegas argentinas comenzaron explorar líneas comerciales con base a diferencias que aporta el origen –entonces salió a la venta la secuencia de Alta Vista Single Vineyard–, cada vez más vinos se nutren del terroir a la hora de explicar su sabor. Están los que recurren a criterios de altura, los que abonan la idea las latitudes y, ahora, a los vinos por tipos de suelos.

Si hasta aquí todo parece más o menos conocido, en 2016 algunos le dieron una vuelta de tuerca más al concepto. Había algunos ejemplares tímidos, que hablaban de caliche y carbonato de calcio en sus etiquetas, es verdad. Pero este año la cosa se puso un poco más técnica y hoy es posible comprar una misma etiqueta bajo el nombre de Grava, Arcilla y Limo, entre otros títulos que aluden a vinos por tipos de suelos. Basta repasar algunos de los últimos lanzamientos: Finca la Escuela El Limo, Ayni Grava, Trapiche Perfiles.

Como es sabido, uno de los pilares del terroir es el suelo que, por estos días, se presenta como la principal preocupación de los winemakers a la hora de aislar un tipo de sabor. Y con las manos sucias de tanto remover arena, arcilla y piedras llenamos las copas en busca de respuestas y esto es los que te podemos contar.

Manos a la tierra

La particularidad de los “nuevos” vinos por tipos de suelos presentados en 2016, es que el foco es la textura del suelo en donde crecen las plantas, algo mucho más especifico del que se venía trabajando hasta el momento como terroir. Es decir, dentro de una misma finca o viñedo el plan de los viticultores es descifrar el comportamiento de las cepas según el tipo de suelo de cada hilera. El asunto es que ahora se embotellan y etiquetan esas diferencias, con los nombres propios: grava, limo, arena o calcáreo y dan un segundo plano al origen o al varietal.

“Descubrimos cuatro suelos diferentes en un mismo viñedo y nos propusimos identificar cada hilera para elaborar vinos por separado”, comenta Alejandro Sejanovich, winemaker de Tinto Negro, durante la presentación de su colección Finca La Escuela. Un trabajo meticuloso de interpretación y exploración que cada vez más agrónomos y enólogos parecen decididos a encarar.

Pero también hay otros enfoques al respecto. “En nuestro caso, buscamos suelos con perfiles bien definidos para comprender el comportamiento del Malbec, Cabernet y Chardonnay según el tipo de material dominante”, es la explicación que ofrece Germán Buk, enólogo de Trapiche y encargado de la nueva línea Perfiles con vinos de Valle de Uco y Luján de Cuyo.

La piedra de la discordia
En tiempos donde hablar de mineralidad o chupar piedras es suficiente para prender la mecha de acaloradas discusiones, estos vinos son un instrumento ideal para interpretar que tipo de vino podemos esperar de cada región de acuerdo al tipo de suelos.
Los más curiosos y fundamentalistas ubicarán estos vinos como punto de partida para futuros debates mientras que el consumidor de a pie interesado en comprobar si un vino elaborado con uvas que crecen sobre suelos calcáreos es diferente a otro que nace en un viñedo limoso podrá despejar sus dudas en un par de sorbos.Vinos Por Tipo De Suelos
Misma finca, suelos distintos

En este grupo, destacan los vinos elaborados por Sejanovich, por que ofrece cuatro Malbec de un mismo viñedo, Finca La Escuela –Paraje Altamira– y una misma añada, 2013. La colección son cuatro botellas ($420 cada una) incluye un vino de suelos mayormente arenosos, que da como resultado un Malbec que destaca notas de frutos negros maduros y paladar caudaloso y aterciopelado, mientras que el de origen pedregoso resulta frutal y maduro con ataque lineal, vivaz y textura “de tiza” en centro de boca. En cuanto al de suelos limosos vale destacar el volumen de boca y el fluir graso, envolvente y jugoso pero el que se produce con las uvas del sector de gravas deriva en aromas de hierba fresca con notable tensión y nervio en boca.

Otro caso es Chakana Wines con Ayni 2015 ($450), también de Paraje Altamira, que ofrece una versión jugosa y sutil de Malbec con taninos redondo y textura polvorienta sobre la lengua, y una expresión que Ayni Gravas 2015, elaborado a partir de un sector del mismo viñedo donde “no hay suelo”, asegura el winemaker Gabriel Bloise, intensifica en boca pero le suma una aromática de frutos rojos fresco más profunda y definida. Dos casos que pueden sorprender cuando se descubre que entre hileras puede no haber más de cien metros de separación.

Distintas fincas, otros suelos.

Sebastián Zuccardi elabora Polígonos (2014, $450), cuatro vinos que recorren el perfil del Malbec del Valle de Uco. Por ejemplo, en San Pablo, Tunuyán, donde el suelo es complejo con presencia de arena, piedras de tamaño medio y con carbonato de calcio, resulta un Malbec con perfil de Pinot Noir por su delicadeza y aromas terrosos. En cuanto al producido sobre los suelos pedregoso y arcillosos de La Consulta, San Carlos, se puede apreciar un estilo sobrio con tonos de frutos negros y rojos en nariz y paladar equilibrado de taninos redondos. Con las uvas de Los Árboles, Tunuyán, donde el suelo es arenoso, el vino logra un importante caudal en boca y sabor frutal marcado. Por último con los frutos de Vista Flores, cuyos suelos son arenosos con presencia de piedras de porte pequeño, propone un vino de tonos florales y frutales profundos y paladar de sobresaliente estructura y taninos firmes, el más brioso de la línea.

Por su parte Norton propone un ejercicio similar pero desde los viñedos de Luján de Cuyo y Maipú para su línea Norton Lote (2012, $530). El de Lunlunta, con suelos arcillosos profundos ofrece un estilos sobrio y elegante de paladar caudaloso y envolvente mientras que en el de la finca de Agrelo se destacan los frutos rojos y las violetas en nariz mientras que en boca es jugosos, de buena frescura y taninos redondos.

Mientras que la nueva serie Trapiche Perfiles (2015, $380) cuenta con dos Malbec, uno de Gualtallary que nace sobre manchas calcáreas donde predomina el carbonato de calcio y otro de Agrelo donde los suelos son más profundo y arcillosos. Mientras que el primero es ligero, con acidez elevada y mucha frutosidad el segundo ofrece un estilo jugoso, envolvente y firme de perfil floral y tonos frutales. Dos caras muy distintas.

Y así las cosas, ahora podemos hablar de vinos por tipos de suelos. O mejor, beber vinos por tipos de suelos. Así es que es hora de afilar la lengua para conocer el sabor del limo y la arcilla.

Alejandro Iglesias
Es sommelier y un consumado buscador de tesoros. Capaz de degustar cientos de vinos y de recordar del primero al último con la precisión y la agudeza de un entomólogo, conoce como nadie esos rincones del mercado a los que todos quieren llegar. Por eso elige los vinos del Club Bonvivir. Por eso escribe en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) sobre sus hallazgos o bien en importantes medios nacionales como Clase Ejecutiva, o internacionales como Decanter.