La temporada 2023 en el centro y sur de Chile tenía nerviosos a los productores de uva: las condiciones de sequedad constantes, debido a una sequía que ya se extiende una década, sumadas a un verano caliente amenazaron con encender la chispa de lo que podría ser un infierno.
Las peores pesadillas se confirmaron a fines de enero cuando comenzaron losprimero incendios de viñedos en Chile, con focos entre Maule y Ñuble. A la fecha se reportan al menos 26 personas fallecidas y otras tantas desaparecidas.
Según la Corporación Nacional Forestal (CONAF), desde fines de enero los incendios llevan convertidas en cenizas más de 50.000 hectáreas de bosques, entre nativos y de producción forestal, entre la región de Maule y la Araucanía en el sur de Chile.
La pérdida de bosques supone una pérdida económica y patrimonial importante, pero también de viñas. Sucede que en esa región de Chile los bosques conviven con viñedos antiguos, y las llamas amenazan o afectan especialmente a los de las regiones de Itata y Maule.
CONAF publica a diario en su página web el estado general de los incendios –que ascienden a más de 280– y para cada uno de ellos, como con los huracanes, pone un nombre: Batuco (Coelemu), Quilmo (Chillán Viejo), Dañicalqui (Yungay), Paso Hondo (Cauquenes).
Cada uno pega de lleno en una zona vitícola. Leo Erazo, enólogo y viñatero en Itata, describe respecto del incendio de Coelemu: “Perdimos todo. El fuego acabó con las viñas viejas que íbamos a cosechar en marzo”, dice.
Pero agrega: “Afortunadamente pudimos anticiparnos en Cobquecura, donde está la bodega, y limpiamos el terreno armando cortafuegos”.
También en Coelemu queda la localidad de Guarilihue. La lengua de fuego se llevó puesto al sector La Leonera, de donde provienen algunos de los vinos más destacados de la región.
“Se nos quemó todo el viñedo, sólo pudimos salvar la bodega”, dice Miguel Molina desde Vinos Tres C. La misma suerte corrió Beto Fernández, de Vinos Leoncio, que elabora con ellos.
A cinco días del episodio que se llevó los viñedos de Guarilihue, no hay nada garantizado. “El peligro está ahí, latente”, reporta De Martino, mientras cuenta que las cenizas siguen cayendo desde un cielo tapado de humo.
Incendios de viñedos en Chile: la marca del humo
En las fotos satelitales de la región se ve con claridad la masa de humo que recubre la zona. Es una foto trágica: además de la pérdida de bosques, viñedos e infraestructura, queda el humo.
El humo es un flagelo igual de malo que el fuego, pero que pega a destiempo: marca a los vinos, les deja un trazo indeleble, acre, que lleva al paladar algo de toda esa pena. “No podremos elaborar nada este año”, se queja amargamente Erazo.
Con diversa gravedad, desde Yumbel en Bío Bío hasta Melozal en Maule, la nube de humo es una marca tóxica que desalienta a los productores.
Francisca Palacios, enóloga de Odfjell, con viñedos en Cauquenes, apunta: “Este año haré una serie de microvinificaciones para definir la mejor manera de evitar la marca del humo. Estuve leyendo todos los papers que hay al respecto para ver cómo lo podemos resolver”, dice.
Desde el sector de Ñipas, el consultor y productor Pedro Parra narra cómo afectaron los incendios a la región de Itata: “Fueron muchos focos y, debido al viento dominante que es desde el sur, el humo ha ido avanzando. Mis viñas, que están del otro lado del río, aún están intactas, pero estoy nervioso porque el campo está muy, muy seco”, dice.
Y cierra: “Nos hubiera ayudado una de esas lluvias que eran típicas antes, que a mediados del verano humedecían el campo, pero hace algunos años que no las tenemos. En los pronósticos tampoco aparece nada de agua para las próximas dos semanas”.
El malestar entre los productores lleva a sindicar como intencionales a los fuegos, algo que aún está por verse. Sin embargo, el gobierno lleva detenidas al menos a 10 personas, involucradas directa o indirectamente con el inicio de las llamas. Cuatro de los apresados fueron procesados hasta el momento.
La magnitud de los incendios de viñedos en Chile se suma a la tragedia en pérdidas humanas y materiales –se cuentan más de mil propiedades quemadas– y aún resta ponderar los números finales. Para los productores de vino de la región, de Ñuble y Bío Bío, sin embargo, un balance es seguro: “La vendimia está perdida”, se lamenta De Martino.