La bodega Luigi Bosca presentó LEÓN, un nuevo Cabernet Sauvignon que nace de viñedos ubicados en Vistalba (Luján de Cuyo) y Gualtallary (Valle de Uco), Mendoza. El vino rinde homenaje a Leoncio Arizu, primera generación de la familia fundadora, y es resultado de más de seis décadas de investigación en torno a esta variedad.
El proceso comenzó en la década de 1960, cuando Leoncio y Saturnino Arizu iniciaron un camino de exploración con vides traídas desde regiones vitivinícolas reconocidas.
Entre esos intercambios se destacó el vínculo con Robert Mondavi, pionero del vino en Napa Valley. Ese contacto dejó huella en la mirada de la familia sobre el Cabernet Sauvignon y su potencial en tierras mendocinas. La casa, sin embargo, desde la década de 1990 pone foco en la elaboración de Cabernet Sauvignon, del que LEÓN es el corolario.
LEÓN un Cabernet de clase mundial
Alberto Arizu (h), cuarta generación de la familia y actual CEO de la bodega Luigi Bosca, decidió retomar esa búsqueda con una visión actual.
“El lanzamiento de este vino es muy especial para mí, porque me remonta a los orígenes de nuestra bodega y a la visión que tuvo mi familia para escribir parte de la historia de la vitivinicultura argentina. Esa historia no quedó atrás, sino por el contrario, nos impulsó a seguir explorando e innovando para producir un Cabernet excepcional”, expresó Arizu.
A diferencia de otros lanzamientos enfocados en Malbec, LEÓN apunta al Cabernet Sauvignon como vino de clase mundial: de Cabernet Sauvignon están hechos todos los grandes vinos del planeta, y competir en esa liga es un punto pendiente para los argentinos, donde el Malbec encarna una categoría en sí misma.
La decisión, según explican desde la bodega, surge del convencimiento de que Argentina puede destacarse con esta cepa a nivel global.
Razones no faltan. El clima de Mendoza, por ejemplo, es único en el escenario del Cabernet en todo el mundo. La continentalidad extrema, sumada a climas frescos y solares, define un perfil único para el varietal bordelés.
Lejos de acentuar el carácter especiado –piracínico, en términos técnicos-, realza la fruta roja y negra, con taninos delicados. Es el contrapunto perfecto para los Cabernet Sauvignon de California, Burdeos, Australia o Chile.
Para trabajar en un Cabernet de clase mundial, en Luigi Bosca se apoyaron en el conocimiento acumulado, en el potencial de los viñedos y en el aporte técnico del enólogo Pablo Cúneo, quien lideró el desarrollo del vino, con asesoramiento del australiano Robert Mann.
LEÓN está compuesto por un 91% de Cabernet Sauvignon y un 9% de Cabernet Franc. Fue criado durante 12 meses en barricas y fudres de roble francés de 500 litros. Recupera así la historia de un gran vino clásico de la casa, su Luigi Bosca Cabernet Boushet 1996 –que se degustó en la presentación del vino–, tinto que marcó una época en la bodega, con un corte de las mismas variedades pero en otras proporciones.
Para LEÓN se seleccionaron parcelas con suelos franco limosos con presencia de arcilla y calcáreo, tanto de Gualtallary en Valle de Uco, como de Vistalba, en Luján de Cuyo. El objetivo fue lograr una expresión del Cabernet de clima continental, sin influencia marítima, con capacidad de guarda.
El vino se presenta en caja de madera de cuatro unidades. Está disponible a través de la tienda online de la bodega a $110.000 por botella (IVA incluido).
Cuatro generaciones para los mejores vinos
Leoncio Arizu, miembro de la cuarta generación de viticultores pioneros en elaborar vinos de calidad en Europa, llegó a la Argentina en 1890 desde España y se instaló en Mendoza. Al conocer Luján de Cuyo se entusiasmó con este lugar que le recordaba a su tierra natal y comenzó a plantar viñedos con vides de origen europeo.
Once años más tarde inauguró la bodega Luigi Bosca, que en 1926 refunda la Finca El Paraíso en 500 hectáreas junto al Río Mendoza, en Maipú. Esta finca se convertiría en un motor de investigación e inspiración para la familia Arizu, permitiendo innovar a partir de una combinación entre naturaleza, trabajo artesanal, ciencia e instinto.
En 1933 la segunda generación ingresa a trabajar a la bodega de la mano de Leoncio Saturnino Arizu, quien se hace cargo de los viñedos. El joven, ya recibido de Ingeniero Agrónomo, aporta profesionalización y conocimiento técnico, creando una manera especial de producir “vinos de autor”.
Tres décadas después, la tercera generación se abre paso en la conducción de la bodega con el Ingeniero Agrónomo Alberto Arizu y su hermano, el Ingeniero Raúl, a la cabeza. Comienza allí una etapa de innovación sin precedentes, que incluye análisis de terroirs, selección de materiales genéticos y el desembarco en nuevas zonas de Maipú y Luján de Cuyo.
En 1989 Bodega Luigi Bosca es protagonista e impulsora de la fundación de la primera D.O.C. en el país, la Denominación de Origen de Luján de Cuyo. Dos años más tarde se presenta al mercado el vino Luigi Bosca Malbec D.O.C, el primero con certificación DOC de la Argentina que actualmente es un emblema de los Malbec locales.
En 1992 se incorpora la cuarta generación de la familia de la mano de Alberto Arizu (h), expandiendo las fronteras de la bodega y sumando un perfil de internacionalidad. En la década siguiente adquieren Finca Los Miradores en Tunuyán, Valle de Uco, que plantan con una selección de los mejores materiales clonales antiguos de las fincas de la familia en Luján de Cuyo.
La Finca Miralejos en Altamira, San Carlos, a 1120 metros de altura se sumó en 2015. Con una extensión de 19 hectáreas plantadas en su totalidad con Malbec, tiene un suelo pedregoso que da uvas de gran carácter y personalidad.
Dos años después ingresa al equipo como Head Winemaker el Ingeniero Agrónomo Pablo Cúneo, quien aporta una visión innovadora y fresca, reinterpretando el estilo de la casa y reforzando el carácter elegante que imprime a los vinos que elabora.
En 2021 nace la línea De Sangre, como resultado de una búsqueda de lotes especiales con expresiones únicas.