San Telmo, barrio donde las calles conservan sus adoquines y suena un tango a la vuelta de cada esquina. Hogar del Casco histórico de Buenos Aires, el mercado de antigüedades y bares centenarios.
Pero a veces las apariencias engañan. Con una fachada solemne, San Telmo germinó en los últimos años nuevas propuestas gastronómicas que hoy florecen en paseos gourmet.
Lugares en San Telmo para comer que podés descubrir
Al calor de sus edificios antiguos y de techos altos, el histórico barrio nos invita a probar las tendencias gastro del momento y desde Vinómanos te presentamos 10 opciones que tenés que conocer.
Mercado de San Telmo: de lo vintage a lo moderno
Hasta hace pocos años, el Mercado de San Telmo era conocido por vender objetos antiguos, como esas copas rococó que dejó tu abuela y prendas que hoy pegaron la vuelta y son el último grito de la moda.
Con el comienzo de la pandemia, la venta de objetos con historia se complicó y decidieron dar más espacio a propuestas gastronómicas. Así fue como nació Vórtice, un local de pastas caseras con gustos innovadores.
“Nos ofrecieron el local más antiguo de todos, el primer bar que existió en el mercado. Por eso se llama Vórtice, siempre fue el más codiciado. Por más vueltas que des siempre terminás ahí, la barra te llama a sentarte”, cuenta Valeria Ramírez, una de las dueñas.
Junto con Augusto Oviedo creó una propuesta que combina el clásico del domingo con un toque original. “No es cualquier pasta, todos los platos tienen algo distinto”, dice Valeria. “Todo el trabajo es artesanal, como si lo hiciera tu mamá en tu casa”, agrega, y la disposición del local permite ver a los cocineros trabajando.
Parte de sus hits son los fetuccini de chocolate, hechos con esencia de cacao amargo. Suelen salir con la salsa de la casa, que tiene panceta, puerro, vino blanco y crema.
Otro de sus caballitos de batalla son los sorrentinos de zanahoria hechos al horno, con queso mascarpone y naranja.
Para cuando vuelva el calor tendrán picadas y ensaladas, como la tropical que lleva manzana verde, jamón crudo, queso azul, lechuga y tomate cherry. Ideal para acompañar con un trago.
Charcutería con historia y con futuro
Si de embutidos viene tu antojo, te recomendamos que pases por Puesto Nro. 53. Este local nació en 2019, cuando Francisca y su esposo Joaquín se enteraron que había un espacio disponible en el Mercado.
“Decidimos mantener la estética original. Reciclamos los mármoles que habían sacado de otros locales, las rejas, todo lo que encontramos que era propio lo reutilizamos para conservar la historia”, cuenta Francisca.
Esta pareja había tenido experiencias trabajando en frigoríficos, carnicerías y hasta en una verdulería en el Mercado Central, pero nunca en un local gastronómico. Ambos se criaron en el campo y sus conocimientos les permitieron hacer sus propios embutidos en el subsuelo del Mercado. Ahora mudaron la planta a Capilla del Señor.
Bresaola, chistorra, pepperoni, butifarra y carne de búfalo son algunos nombres que suenan entre los fiambres de Puesto 53. “Sin saborizantes, sin conservantes, sin colorantes y libre de gluten”, describe.
Tienen una “carta escueta”: entradas de fiambres, provoleta, conservas que hacen según las verduras de temporada y pan casero, como ciabatta y focaccia.
Su plato estelar es la milanesa de lomo parrillera, “idea de mi marido”, dice Francisca y detalla: “Muy sabrosa, la cocina vuelta y vuelta a la parrilla”. También podés optar por otros cortes de carne asada, con ensaladas o verduras grilladas.
Música y muzza vegana
Si estás buscando alguna alternativa con acento europeo, no dudes en pasar por Regina.
Con una fuerte inspiración de la cocina italiana, este local destaca por sus pizzas de masa madre, como la de burrata, tomates secos y rúcula. Otra variedad que sale mucho es la de portobellos con muzza y parmesano.
También te podés pedir una buena bruschetta sobre pan de focaccia, con distintos toppings, aunque el más pedido es boconccino con pesto.
Además, los miércoles y jueves tienen promociones 2×1 en sus platos de pastas y pizzas, junto con el happy hour en vermut, y todas las semanas organizan propuestas artísticas para acompañar la cena con un poco de música.
“Nos adaptamos a todas las personas”, aseguran en Regina y por eso podés pedir cualquiera de las pizzas con mozzarella vegana.
Amor por Colombia
A pocos metros de la entrada al Mercado, pero del lado de afuera, nos encontramos con otro espacio que nos invita a probar nuevos sabores. “Estación Colombia nace de la nostalgia”, dice Leo López Aguilar, un colombiano que lleva 15 años en Argentina y, junto a Maria Tebaldi, fundó este espacio que ayuda a recordar las raíces.
Tuvo su origen en “la necesidad de los colombianos de tener nuestra tierra cerca”, dice Leo y suma también a los “argentinos que conocieron la comida colombiana en sus viajes y quedaron enamorados”.
La propuesta es al paso, perfecta para quien está recorriendo San Telmo y quiere hacer una parada rápida y deliciosa.
Los fines de semana cuentan con platos especiales, como el Ajiaco, una sopa con arvejas, choclo, pollo y algunas cosas más. Otra opción que sale algunos domingos es la bandeja paisa, “la más pedida”, con frijoles, arroz blanco, chorizo, huevo frito, plátano maduro y palta.
Boulevard Caseros: todo queda en familia
A pocos metros del Parque Lezama, sobre la avenida Caseros, el boulevard se convirtió en un polo gastronómico que comprende desde bodegones históricos hasta espacios con propuestas novedosas, cartas veggies y cafés de especialidad.
Vina, un bar de vinos y platitos, nació al calor de la cuarentena. Con algunas ideas en el menú y pocas etiquetas en la carta, Sofia Maglione y su primo Octavio Sicoli se lanzaron a la aventura.
“Laburamos lo que nos permitía la pandemia. En un momento tuvimos que cerrar y hacer take away. Fue bastante duro pero los vecinos nos bancaron”, destaca Sofía.
El menú consiste en un tapeo atravesado por la cocina española, argentina y peruana, pero con la centralidad puesta en la bebida. “La idea es que vengas a tomar vino y que puedas comer algo rico para acompañar”, dice.
Tienen catas a ciegas donde Sofía, que es sommelier, acompaña a los comensales a descubrir siete etiquetas de vino con los ojos vendados, junto a una picada.
La carta va cambiando según la temporada, pero los platos estrella siempre sobreviven, como la fainá con rueda de salchicha parrillera, vegetales asados y chimichurri. O los buñuelos de zanahoria y jamón crudo con romesco.
Sofía y Octavio eligieron San Telmo para embarcarse en el mundo gastro porque es un lugar que les resulta familiar: “Mi mamá es del barrio, mi abuela vive acá, tengo tíos también en la zona”, cuentan.
Otro motivo los arraiga: “Cada local tiene su personalidad, pero somos una gran familia. Nos ayudamos entre todos”.
Café, pastelería y actividades
Bulevar, o “bule”, como le dice su fundadora, también nació a prueba y error. “Queríamos hacer algo distinto, cambiar los laburos en los que estábamos con mi pareja Franco Marianetti. Yo soy pastelera, él diseñador industrial”, cuenta Agustina Benítez.
Se cruzaron con el local en alquiler en una de sus vueltas por el barrio donde viven y no lo dudaron. “Es una joyita, está en una de las cuadras más lindas de Buenos Aires”, admiten, como también reconocen que arrancaron “de cero, sin proyecto” y en cinco meses lo convirtieron en lo que es hoy.
Actualmente Bulevar tiene café de especialidad y una pastelería única. “Voy a cafés y veo siempre los mismos roles de canela, cookies. Nosotros buscamos el diferencial con nuestra pastelería propia, que no revendemos a nadie”, explica Agustina.
Un muffin de chocolate con mermelada de ciruelas y frosting de chocolate semiamargo y queso, un brownie con frambuesas con mantequilla de maní y maní, o palmeritas bañadas con chocolate blanco y polvo de hibiscus son algunas de las opciones que podés encontrar en Bule.
“Organizamos una vez al mes distintas actividades: ferias de diseño, indumentaria, diseño gráfico, escultura, cerámica, ciclos de cine… Vamos viendo qué cosas nos gusta hacer, qué nos moviliza”, agrega.
Sabores mayas
En 2021, los amigos Diego y Claudia empezaron a pensar en un local de comida mexicana llamado Virgen, inspirados por la experiencia de 25 años que él tenía en el sector gastronómico.
Para ponerlo en marcha, recurrieron a la ayuda de los hijos de cada uno, Octavio y Juan Cruz, y hoy lo viven como “un sueño que pudimos materializar” en familia.
El menú ofrece recetas típicas de la cultura mexicana reversionadas y cócteles de autor inspirados en sabores mayas, que hacen juego con la decoración del espacio, repleto de imágenes alusivas a Centroamérica, con colores vibrantes y luces de neón.
Virgen se destaca por una gran variedad de guacamoles, donde la palta se encuentra con ingredientes como sandía, mango, higos, chicharrones y langostinos, según tu gusto.
Los platos más solicitados son el guacamole servido con provoleta y flambeado en tequila; el taco de asada, hecho con ojo de bife braseado y cebolla morada encurtida; y la quesadilla de birria con carne de res desmenuzada, cocida con chiles secos y queso fundido.
También sale mucho el tiradito de salmón ahumado, con hojas de palta, jugo de naranja, pimientos, ananá y cebolla morada.
Casco Histórico: donde reside la memoria
El área fundacional y más antigua de la ciudad de Buenos Aires reúne edificios históricos, como el Cabildo y la Casa Rosada, más oficinas y locales gastronómicos donde los turistas se encuentran con los trabajadores porteños.
Este es el caso de Punto Café, donde “hay públicos de todo tipo de origen y pensamiento, y eso me resulta increíble. Es muy integrador”, dice Javier Schulze.
Este lugar nació de las cenizas. Fue un proyecto que inició como sucursal de otra marca y se vio frenado por la pandemia, en marzo de 2020. “Tuvimos que reformular un montón de cosas y terminó siendo lo que es hoy”, cuenta su creador.
Si bien las circunstancias modificaron el flujo de público en la zona, algunas cosas estaban claras para Javier: “Quería que fuera un espacio de encuentro, más allá de la propuesta gastronómica, un lugar donde recibir gente y cambiar el día de las personas. Siempre me gustó ser anfitrión y que mis visitantes estén lo más cómodos posible”.
Esta impronta se refleja en la carta, la ambientación y la música que suena en Punto Café. Una esquina amplia, con mucha vidriera que permite la entrada de luz natural durante gran parte del día, junto a un árbol enorme. No hay televisores con malas noticias, sino una biblioteca llena de libros.
El menú gira en torno al café, y las opciones cambian según la estación del año. Por ejemplo, este invierno van a contar con un café picante, con miel de jalapeños casera y cacao, llamado Red Hot Chilli Capu. Una infusión con mucho rock.
Si sos más del reggae, podés probar el Maní Chao, un capuccino especiado con jarabe de manteca de maní, cardamomo y un touch de naranja.
En épocas de calor, los sabores son más livianos y festivos, como el Cold Brew #7: Chiruzo, que lleva agua de higuera macerada en café y coco en rama.
En comidas apuntan al público de oficina, con sánguches, tartas y ensaladas. Berenjenas al escabeche, pastrón y queso azul con peras son algunos ingredientes que priman en sus propuestas.
Los cuchillos del abuelo
Si lo que estás buscando es sentarte a comer rico y sin apuro por San Telmo, te recomendamos que pases por Alfonso. Este pequeño local de frente verde parece de Palermo, pero se encuentra a pocas cuadras de Plaza de Mayo.
Su carta combina tradición con osadía, como el risotto que ofrecen al almuerzo, con base de quinoa, calabaza, queso azul y kale crocante.
Los viernes en Alfonso hay parrilla y podés optar por los clásicos, como la tira de asado con chori y papas, o jugártela con una porción de calamar con mostaza en pickle.
Igual que su menú, el nombre de este espacio nace de la unión de dos generaciones. “Alfonso era mi abuelo materno. Nunca llegué a conocerlo, pero al pensar en él mi mente se traslada a Venado Tuerto. Pienso en el camión de la leña, los asados de los domingos, la reunión familiar, la sobremesa con el café”, comparte Federico.
Las hierbas que se usan en la cocina son orgánicas, cosechadas a mano, y las carnes previamente cocinadas al vacío por ocho horas, a 65°, para terminarlas en la parrilla.
Federico se trajo desde Venado los antiguos cuchillos de su abuelo, que antes permanecían en el cajón de la cocina sin uso. “Ahora, después de ser afilados, son herramientas fundamentales”, agrega.
Tres locales, tres propuestas
En San Telmo todo tiene una historia detrás y Nica no es la excepción. Nació de un proyecto de Emilia Colacelli, junto a su pareja Pablo, y actualmente tienen tres locales en puntos estratégicos del barrio.
“Le pusimos Nica en homenaje a Nicanor Olivera, el pueblo donde mis abuelos se instalaron cuando venían de Italia, cerca de Lobería”, cuenta ella.
Cada local tiene una impronta diferente: el que está en la calle Bolívar al 300 ofrece un menú del día, pensando en un público oficinista. Por ejemplo, te podés encontrar con un tostado de hongos salteados con queso, espinaca y un toque de crema tahini.
“Yo antes trabajaba cerca y me parecía que no había nada por la zona para ir a tomar algo con un amigo. Fue esa la idea con el primer local”, cuenta Emilia. El objetivo se completa con una propuesta casera, fresca y de calidad.
El segundo local apareció en la misma calle, pero al 900, que los fines de semana se llena de turistas y vecinos que eligen recorrer Buenos Aires y conocer su historia.
“Es una propuesta complementaria, más de ocio”, indica su dueña, que eligió para este espacio un brunch que cambia todos los meses. Entre otras opciones, te podés encontrar con canolis de pistacho, rolls de canela o tostadas francesas con frutas, miel, granola y mascarpone.
Y el tercer local tiene sede en el Buenos Aires Museo, a metros de Plaza de Mayo, donde podés tomar un café de Fuego Tostadores con un pretzel salado en la terraza, mientras disfrutas de la vista diferente de la ciudad.