Pablo Ranea es un chef y sommelier mendocino que cuenta con una vasta trayectoria profesional: estudió gastronomía en la Escuela de Cocina del Gato Dumas; trabajó en grandes cadenas de hoteles en Estados Unidos y el Caribe, y lideró durante una década la cocina del emblemático restaurante Azafrán, en Mendoza Capital. Docente, sommelier (estudió en la Escuela Argentina de Sommeliers) y curioso profesional, en los últimos años unió sus tres pasiones: la cocina, el vino y los viajes.

Su agenda tiene planificados numerosos eventos, clases, cenas y degustaciones en distintas ciudades del planeta. Si Ranea no está dando clases de cocina en el Culinary Institute of America (Texas) o en el Institute of Culinary Education (NY), puede estar diseñando un menú para intervenir un restaurante en Lima o Hong Kong, o dando una capacitación acerca de vinos argentinos en los más destacados restaurantes, como Maido, Central o Chilcano.

Pablo RaneaPablo Ranea, promotor de la cultura enogastronómica argentina

A lo largo de tu carrera has visto crecer al vino argentino y a la cocina local. ¿Dónde estamos parados hoy?

Estamos viviendo un momento único de mucho reconocimiento en el que el mundo tiene los ojos puestos en el país. Como región vitivinícola, Argentina está atravesando un momento excepcional y entrando en su madurez. En los últimos años el país ha logrado posicionarse no sólo por sus viñedos y bodegas, sino también por el reconocimiento internacional que están obteniendo nuestros vinos. Todos los años reconocidos periodistas y críticos ubican a los vinos argentinos entre los mejores del mundo.

“Cuando viajo, la gente expresa su amor por el Malbec, pero también por el Cabernet Franc, el Torrontés y han probado otras variedades y estilos de vinos argentinos. Con la gastronomía pasa algo muy parecido. En los últimos años Argentina está recibiendo más reconocimiento internacional: son cada vez más los restaurantes nacionales que aparecen en la lista de los mejores del mundo, algo muy importante”, agrega Pablo Ranea.

Ofrecés asesoramiento, capacitaciones, pop ups dinners, wine dinners y más en diversas ciudades del mundo. ¿Qué te motiva de ser un chef nómade?

La retroalimentación, estar en permanente contacto con distintas culturas, aprender y compartir mis conocimientos.  

¿Sos como un flying winemaker aplicado a la cocina?

Se podría decir que soy un travel chef ya que me dedico a viajar llevando y comunicando la gastronomía argentina como estandarte. Parte de la experiencia que propongo es siempre comunicar el por qué y las historias detrás de cada receta y vino que presento; creo que esto es lo que la gente recuerda y disfruta más. El vino y la cocina es cultura, y es hermoso poder compartirla por todo el mundo.

Pablo Ranea¿Cómo son tus capacitaciones de vino argentino?

Trato de brindar la mayor cantidad de conocimiento sobre las distintas regiones de Argentina, características de los vinos y, sobre todo siendo chef y sommelier, busco destacar su aplicación en la gastronomía, un eje central de estos encuentros. En mis wine training tratamos de manejar un léxico en común que tenga que ver con el restaurante, la cocina y los vinos. Siempre analizamos los vinos desde su potencial en el maridaje. 

Sos Brand Ambassador de distintas bodegas. ¿Cómo es tu trabajo de embajador de estos vinos?

Me considero un chef ambassador ya que trabajo con vinos de Rutini, Susana Balbo, El Enemigo, Durigutti, Bianchi, Trivento, Nieto Senetiner y Penedo Borges, entre otras bodegas. Es un trabajo de hormiga en el que expongo los vinos en todas las actividades que realizo. A través de estas acciones, también comparto las etiquetas en degustaciones y clases sobre vinos argentinos para los estudiantes de los programas de Sommelier y cocina de las más destacadas escuelas como el Culinary Institute of America de San Antonio (CIA), o el Institute of Culinary Education en New York (ICE), entre otras. 

Pablo Ranea¿Cuáles son los próximos viajes? ¿Cómo te afectó la pandemia?

Como a todos, en una primera etapa tuve que cancelar viajes y fue difícil. Sin embargo, la pandemia me empujó a reinventarme y adaptarme: comencé a dar clases online de cocina y de vinos para gente de todo el mundo. Algo totalmente impensado en otro momento se fue dando de manera muy orgánica.

Ahora que se puede viajar, ya estuve en Estados Unidos; espero poder volver pronto a Perú, que quiero tanto; me gustaría seguir conociendo China; volver a Canadá y a República Dominicana, que son destinos que siempre elijo en mis tours gastronómicos. Deseo también visitar Israel y Medio Oriente, porque creo que hay muchísimo por aprender de esta región. 

¿Te considerás un gran comunicador?

Sí, definitivamente me siento un comunicador del vino, de la cocina y de la cultura argentina. Siempre que presento un vino o plato, trato de comunicar la historia, la evolución y las influencias, la gente que hay detrás de cada vino, las micro historias de cada receta. Me parece que estas son las cosas que la gente más recuerda, y lo que hace que cada encuentro sea percibido como un momento valioso.