A cualquier bebedor de vinos de paladar y mente curiosa una gran ausencia tiene que llamarle la atención: si la principal corriente inmigratoria que llegó a la Argentina desde Europa fue la italiana, ¿por qué en el país casi no se produce ni consumen vinos de variedades de uvas italianas?

Buena pregunta. También corre para las uvas españolas, con excepción del Tempranillo, que ha tenido cierto predicamento en la góndola a fuerza de algunos productores. Pero alguna explicación debería haber para que no veamos variedades de uvas italianas como Lambrusco, Sangiovese o Nebbiolo, por mencionar algunas de las más famosas. 

En rigor algunas llegaron a tener buena cantidad de hectáreas plantadas. Sin embargo, fueron menguando a favor de las variedades francesas, que perfilaron el gusto del mercado frutado en detrimento de las más ácidas italianas. 

variedades de uvas italianas
Un viñedo en La Toscana.

Pero algo empieza a cambiar, al menos sutilmente. Sin ir más lejos, hace pocas semanas se presentó un vino que las reivindica –se llama El Que Ríe Último Ríe Mejor 2019, un blend de base Cordisco, lanzado por la Liga de Enólogos– que se suma al trabajo de otras casas, como Bira Wines, Krontiras, Caelum y Durigutti Winemakers.

Variedades de uvas italianas

Cuando uno observa el mapa de Italia, al igual que en Francia, cada región productora tiene una uva que la distingue. El asunto es que son muchas las variedades de uvas italianas, algunas completas desconocidas fuera de Italia, y ninguna ganó real reconocimiento salvo en los restaurantes tanos. Las más famosas son:

Ancellotta. Es una de las que viene en franco ascenso, por su doble propósito como uva colorante y aromática. Originalmente empleada en cortes en Emilia–Romagna y así importada a la Argentina, últimamente las bodegas locales la embotellan como varietal, tal y como hacen Las Perdices Ala Colorada 2018, Textual 2018, Pexel 2019 y Mad Bird Malbec-Ancellotta 2019. Plantadas hay 2032 hectáreas en el país (1730 en Mendoza), cuando en 2002 sólo había 13.

Sangiovese. No es la única variedad de la Toscana, donde reina a sus anchas, pero sí la más famosa como componente de los vinos de Chianti, a los que le da estructura y perfume de guinda. Se sabe que es el cruzamiento de dos variedades antiguas –Ciliegiolo y la Calabrese Montenuovo– y está muy cultivada en la región de la Emilia-Romagna. En Argentina está plantada fundamentalmente en Mendoza, donde a la fecha hay 1410 hectáreas. Algunos buenos vinos para probarla son Escorihuela Gascón Sangiovese 2017 y Binotto 2018, que la llevan al 80%.

Nebbiolo. Los tintos de mayor alcurnia en el Piamonte son los Barolos y los Barbarescos, elaborados con Nebbiolo. Está considerada como una de las grandes uvas del mundo aunque, por su notable acidez y carácter bien tánico, se la emplea en vinos de largas guardas que envejecen y mejoran como los violines, que afinan su tono con los años. Una Barolo de diez años es joven, para que tengamos una idea. En nuestro país hay poca, pero hay. Está plantada en Rivadavia, San Rafael y San Juan. Suma 30 hectáreas a la fecha. Viña Alicia Colección de Familia 2015 y Bianchi Los Stradivarius 2010 se ofrecen como varietales. El Catena Institute of Wine, por su parte, embotella la variedad con fines de investigación bajo el nombre de Catenamics.

variedades de uvas italianas
Nebbiolo. Está considerada como una de las grandes uvas del mundo aunque, por su notable acidez y carácter bien tánico, se la emplea en vinos de largas guardas que envejecen y mejoran con los años.

Lambrusco. Los mayores de 50 años quizás recuerden el Lambrusco de Bodega Tittarelli que se vendía como pan caliente en décadas pasadas. Pero a la fecha, lo único que queda de esta uva italiana clásica, empleada por los vinos homónimos ligeramente frizzantes (con espuma), son unas 46 hectáreas de Lambrusco Maestri y 8 de Lambrusco Grasparosso. Bodega Pumalek es la única que los sigue trabajando como tal, mientras que en La Liga de Enólogos Blend de Tintas 2020 lo emplean como componente.

Fiano. Es una blanca típica de la Campania, donde desde 2003 está protegida con la denominación Fiano di Avellino, y de Sicilia. Da blancos grasos y de fina expresión aromática. En el país hay cultivadas 5 hectáreas y se la emplea en cortes de blancas. Como varietal, lo embotella Caelum Reserva Fiano, cuya última vendimia que probamos fue la 2016. 

Aglianico. Otra de las clásicas variedades italianas más famosas, a menudo comparada con la Nebbiolo pero del sur de Italia, particularmente en Campania. Da vinos fragantes y de estructura tánica. En Argentina hay 50 hectáreas, casi todas en San Juan. Krontiras la embotella para su línea Doña Silvina 2018 con su viñedo de Maipú, Mendoza.

Cordisco. Famosa en Italia como Montepulciano, esta uva toma el nombre de la región homónima, y para no ser confundida en el mundo usa el apelativo Cordisco. En el país hay 81 hectáreas y está haciendo cada vez más ruido. De aromas frutales, buena acidez y taninos finos y con agarre, Proyecto Las Compuertas Cordisco 2019 es una joyita para descubrirla.

Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios nacionales, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros.