Es la hora del gin argentino. Es cierto que el boom del gin ya fue, el furor de la novedad pasó. Pero pasó para bien: hoy está consolidado y se trata de uno de los destilados más consumidos a nivel mundial. Y no solo eso, también de los más elaborados. Es que, a diferencia de otras bebidas espirituosas que requieren barricas, exigen denominaciones de origen y otras cuestiones, para desarrollar un gin basta con tener un alambique, unos botánicos -entre ellos el infaltable enebro-, alcohol y listo.

Eso hace que la cantidad de etiquetas disponibles a nivel internacional sea abrumadora, tanto que hasta haya bares especializados solo en esta bebida. Pero este spirit todavía conserva una arista novedosa en la Argentina: el incremento de marcas nacionales.

“Según mis cálculos, en este momento estamos superando las 100 etiquetas porque quizás una marca hace cuatro o cinco diferentes. Hay más de 50 destiladores artesanales, entre ellos los que hacen su propio gin y no lo venden”, cuenta Matías Jurisich, bartender, destilador y creador de la web Viva El Gin, un compendio de todos los gins albicelestes del mercado.

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Gin La Elisa se produce en San Nicolás de los Arroyos y tiene a la lavanda como botánico estrella. Es de perfil cítrico y floral.

El primer gin de producción nacional tuvo como protagonista al reconocido bartender argentino Tato Giovannoni, quien en 2013 lanzó “Príncipe de los Apósteles”, de perfil herbáceo, elaborado en base a yerba mate, pomelo rosado, eucalipto, menta y peperina.

Tato supo abrir la canilla y después un montón de marcas salieron a la cancha. Una de las que lo secundó fue Sur, creada por Franco D’Angelo y El Negro Pizzorno, que, como indica su nombre, lleva botánicos de esa zona del país, como el enebro salvaje patagónico, que se cosecha a mano al pie de la Cordillera. “Es el alma de nuestro gin, aporta aromas delicados y elegantes, muy distintos a los del enebro tradicional”, cuenta D’Angelo.

Ahora acaban de lanzar una etiqueta pandémica, “Naranja de barrio”, que tiene como protagonista a las naranjas amargas. Para sus creadores, “es un regreso a la infancia. La inspiración surgió de nuestras tardes jugando en la calle, de los aromas que vivimos. En todos los barrios hay un árbol de naranjas amargas”, explican. Por supuesto, es ideal para Negronis o para un gin tonic que lleve como garnish una piel de esa fruta.

Mendoza, ¿también cuna del gin?

Hoy se produce gin en casi todo el mapa argentino, pero algunos lugares se destacan. Buenos Aires aporta la mayor cantidad de etiquetas, lo cual no sorprende ya que allí se concentran los alambiques y los habitantes. Pero otros sitios sí llaman la atención, como Mendoza, donde se encuentran marcas como Hilbing, Terrier, Kunuk y Argentina Wild Gin.

¿Es casualidad que la tierra del vino también pueda convertirse en la cuna del gin local? Según Jurisich, tiene su lógica: “Se trata de una provincia con tradición en elaborar bebidas, cuentan con facilidades para hacerlo: desde personal capacitado hasta las dos empresas que proveen de botellas a todo el país”, cuenta este bartender rosarino, quien también dicta un curso online para aprender a destilar gin.

Jorge Crotta, uno de los creadores de Argentina Wild Gin, coincide en algunos aspectos: “La industria del vino que está tan establecida en la zona que eso hace que haya más gente dispuesta a experimentar con bebidas en general. Y no hay nada mejor para una industria incipiente que la diversidad y los que se animan a hacer nuevas cosas”.

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Los creadores de Argentina Wild Gin, en Mendoza, valoran la experiencia de los hacedores de vino para hacer gin de calidad.

La pionera fue Hilbing Franke Distillery, destilería que se estableció en Luján de Cuyo allá por el año 2000. Giovanonni los eligió para el lanzamiento de Apósteles, pero luego tomaron caminos diferentes y en 2016, Rolando Hilbing, Master Distiller de la casa, lanzó su propio gin, el primero del mundo que lleva uvas pasas de Malbec entre sus botánicos. Este año, en plena pandemia, presentaron un London Dry, de estilo más tradicional que tiene botánicos de todo territorio argentino: enebro patagónico, coriandro de la Pampa Húmeda y cítricos del Litoral.

El año pasado, los hermanos Roby lanzaron al mercado Kunuk 5973. Comenzaron a destilar en 2017, en su casa materna, ubicada en el centro de Chacras de Coria, que estaba deshabitada. Al principio hicieron calvados (un destilado de la sidra), luego brandys y finalmente decidieron ir por el gin. “Elegimos enfocarnos en el gin porque te permite muchas opciones, podés imprimirle diferentes sabores. Desde un principio quisimos que tenga personalidad mendocina y por eso lleva aguaribay, que es un árbol autóctono. Usamos las hojas y también el fruto, que en gastronomía se conoce como pimienta rosa”, explica Federico Roby, uno de los creadores. Además, utilizan aceituna verde, manzana y pasas de uva, todos botánicos made in Mendoza.

El coronavirus fue el empujoncito que les faltaba a Federico Colombo y a Crotta para lanzar su gin. Ambos vienen del mundo del vino, pero desde hace tiempo querían tener este destilado con su firma. “Veníamos probando diferentes mezclas y tipos de maceración, pero no nos poníamos de acuerdo. La pandemia nos encontró a los dos con tiempo para definirlo y lo lanzamos”, cuenta Crotta.
El toque mendocino lo aporta la manzanilla (la provincia es una de las principales productoras a nivel mundial) y el agua, un factor fundamental: “En nuestro caso proviene de una surgente; en cualquier destilado, el agua es clave para cortar el alcohol que sale del alambique”, explica.

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Nacional versus importado

Como pasa con todo producto nuevo, al gin nacional le costó posicionarse en el mercado y salir a pelearle a marcas internacionales con decenas de años, incluso siglos, de trayectoria. Pero cada vez pasa menos.

“Es difícil para las marcas nacionales competir con los acuerdos que las grandes marcas internacionales tienen en algunos bares. De todas formas, cada vez más bartenders apuestan a la oferta local para enriquecer sus cartas. Nos encanta que Sur esté en las barras, pero, de todos modos, nuestra idea no es que se convierta en un gin de gran volumen”, explica D’Angelo.

Los gins locales cuentan con medallero propio. Son varias las etiquetas que ganaron premios en certámenes internacionales, lo que suele funcionar como un aval para el consumidor.

Kunuk, por ejemplo, acababa de coronarse como el mejor gin argentino en la New York International Spirits Competition; Hilbing obtuvo medallas en el concurso Destillata.

En 2018, Sur fue el primer gin argentino en conseguir una medalla en el International Wine and Spirits Competition (IWSC) y la enumeración de reconocimientos a sus pares albicelestes podría continuar.

Juan Ignacio Cebrelli, creador junto a tres amigos del gin La Elisa, cuenta: “Al empezar, en 2018, sentía que estábamos muy lejos de un gin importado. Hoy, ya metidos en el tema, vemos que el público apuesta a mucho a lo nacional. Los consumidores de todas las edades apoyan a los productos locales”.

Este gin viene de San Nicolás de los Arroyos y tiene a la lavanda como botánico estrella. Es de perfil cítrico y floral.

En cuanto a los precios, todavía la diferencia entre nacionales e importados no es tan amplia. Cebrelli explica el motivo: “La mayoría de los insumos que se utilizan en la destilación están atados al valor del dólar y a las importaciones. Además, cada vez es más difícil conseguir botellas, corchos y botánicos”.

Aunque la mayoría de las marcas trabaja con botánicos locales para imprimirle a la bebida ADN argentino, hay otras que utilizan enebro importado, como Terrier. Y si se quiere salir de lo común, es necesario recurrir a botellas y tapones que vienen del exterior. Estos factores hacen que los albicelestes sean más baratos, pero no demasiado.

Diez años atrás, pedir un gin tonic 100% argento en una barra era imposible. Hoy, gracias a la explosión de gins y tónicas nacionales, cualquier turista puede ir a un bar y saborear un poco de la Argentina en una copa balón con mucho hielo.

María Paula Bandera
Periodista especializada en gastronomía y lifestyle con más de diez años de trayectoria. Publica en medios nacionales e internacionales, Elle, Ohlalá, La Nación, Forbes Argentina; Bleu&Blanc (México), iN (Chile) y Escala (México), entre otros. En 2015, fue finalista del Premio Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) a la Excelencia Periodística, en la categoría “Crónica”. Colabora regularmente con Clarín, Brando y Apertura. Su especialidad es el “trabajo de campo” para saber qué se agita las cocteleras porteñas. Si la buscan, la encuentran en las barras.