Antes de hablar de los nuevos vinos argentinos, pensemos: ¿qué hace fascinante al vino de Francia? Puede ser el terroir, las variedades, la comida. Pero entre muchas de esas cosas, lo que enciende la curiosidad y estimula la fascinación de los bebedores de vino galo es que resulta inagotable y diverso. El abanico va desde los tintos ligeros del Loire a potentes como los de Maridán o la Bandol, y se puede saltar de un blanco nervioso cual sacudón eléctrico como Sancerre a uno tan apacible y cordial como Graves.
Comparativamente, los vinos sudamericanos –y acá englobamos a las dos potencias locales, Chile y Argentina– no ofrecían esa diversidad de estilos. Por pecado de exportación, es decir, siguiendo lo que se vendía en mercados importantes como EE.UU. y hoy China, ofrecían fundamentalmente tintos concentrados y potentes, sean de Malbec, Cabernet Sauvignon, Carmenere, Cabernet Franc, Bonarda o Syrah.
A ese estilo california made se lo conoce como vinos del nuevo mundo, en contraposición a lo que describimos de Francia, por ejemplo. Después de haber catado unos 2500 vinos de ambos países en los últimos ocho meses, comprobé que ese concepto está cambiando rápido por tres factores. Te los comparto.

Nuevos vinos argentinos
Nuevos productores, bodegas y zonas productivas ofrecen sabores y estilos novedosos a los vinos del nuevo mundo.

Productores & bodegas

Esta flamante diversidad –expresada en vinos más delgados, frescos y sutiles–tiene a ambos lados de la cordillera de Los Andes tres motores bien definidos y a la vez entrelazados. El primero de ellos hay que buscarlo en un saludable movimiento de productores medianos y pequeños, cuya sed de sabores nuevos está renovando la oferta. En esta pléyade de sujetos con voluntad de diferenciación y paladares formados en otros universos, late el corazón de esta renovación. En Chile, por ejemplo, movimientos como MOVI –productores independientes y bien heterogéneos– engloba buena parte de este asunto: desde Garage Wine Co a P. S. García, Polkura y Lagar de Codehua, por mencionar algunos cuyos vinos son bien interesantes. A ellos habría que sumarle los VIGNO, productores de Carignan o los productores del sur, entre Itata y Bio Bio.
En Argentina el asunto es parecido, aunque están menos organizados. Productores como Alma Gemela, Lui Wines, Entrevero, Pala Corazón, Cara Sur, Amar y Vivir, Losance y Bira, por mencionar algunos, sumados a los ya conocidos hermanos Michelini, están inyectando nuevos estilos en la góndola.

Otras variedades

En segundo lugar, esos mismos pequeños productores, sumados a otros de escala mayor (los big players no se quedan atrás en este proceso), apelan a variedades no clásicas para reinventarse. Si Malbec y Cabernet Sauvignon destacan en Argentina y Chile, respectivamente, no es menos cierto que los estilos nuevos abrevan en otras uvas.
Hoy es posible beber desde Cinsault a País, desde Sangiovese a Mourverdre, Garnacha y Criollas de este lado de Los Andes. Estas uvas tintas, sumado a las Pinot Noir y Syrah exploradas en otras variantes, están abriendo el juego a nuevas paletas de sabores. Ya no sólo se trata de ciruela y mermeladas. También emergen guindas, tierra y hierbas en ese plan de renovación, con paladares sin peso o con paso de nube.

Nuevos horizontes

Por último, la exploración de áreas fuera del corazón productivo –Maipo y Colchagua en Chile, Primera Zona en Argentina– abren el juego a otras interpretaciones de los vinos. La altura en Argentina, la costa en Chile, el Sur profundo a ambos lados de la Cordillera y los lunares en el norte, desde el Jujuy a Valles Calchaquíes, de Huasco a Limarí y Elqui, abren esa brecha gustativa a partir de tintos potentes y hacia otros de diverso cuño.
Al mismo tiempo, la emergencia de terroirs específicos en Valle de Uco y Patagonia de este lado, y en la Cordillera de la Costa y en Itata en Chile, ofrecen un mosaico creciente de vinos ligeros, de frescura.
Si la brecha estilística entre un tinto ligero como Pinot Noir y el resto de los varietales era un salto gigante hace una década, hoy hay buena cantidad de vinos en el medio. Poner los labios en este nuevo y excitante terreno de vinos hace que este rincón del mundo ofrezca muchos diferentes matices a una sola categoría como “Vinos del nuevo mundo”. Y los consumidores comienzan a darse cuenta.

Joaquín Hidalgo
Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios nacionales, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros.