mejores vinos rosados

¿Cuáles son los mejores rosados de cada región?

Elaboramos un pink map para que beber en verano siguiendo la brújula de tus viajes. ¿Qué vinos rosados elegir de cada región argentina?

Notas de vinos

En el mundo hay regiones especializadas en la elaboración de vinos rosados. Ahí está el Valle del Sap, en Eslovenia, cuyo Cviek es un clásico europeo, o los vin de pays, en Francia, cuyos rosados son la delicia del mundo especializado. Y eso, porque hacer un vino rosado implica algo más que tener buenas uvas. Implica, por sobre todas las cosas, tener una cultura de un vino aperitivo, que se bebe con algunas comidas ligeras o del mar, o bien con amigos, al caer la tarde, acompañando una picadita para amenizar.
Argentina no escapa a esa lógica. Y tiene algunas regiones vitícolas que se especializaron en conseguir algunos de los mejores rosados del país: de Malbec la mayoría de ellos, pero también de Bonarda, Merlot y de corte. El problema con los rosados argentinos es que todavía no le encontramos una situación de consumo que nos suene creíble. O casi, porque las cosas están cambiando.

Mientras que hace unos cinco años un consumidor que se preciara elegía sólo tintos potentes y de cuerpo, hoy los vinos ligeros son la elección trendy de bebedores formados.

Y esa tendencia, comienza a derramar hacia el gran consumo. Y ahí es cuando los rosados entran de nuevo en escena. Porque ofrecen un perfil expresivo, frutal y, sobre todo, refrescante, algo que empieza a ganar la mesa local, donde maridan a la perfección con una tabla de quesos y fiambres, con pizzas y empanadas, pero también con un bifecito de cuadril a la plancha y con papas fritas.

El truco con los rosados es beberlos fríos y jóvenes. Es decir, que si vas hoy a la góndola, debés comprar 2014 o 2013. Más lejos, pierden expresión y se vuelven sosos. Ahora bien, con esta data ya podés ponerle onda a las reuniones en tu jardín o terraza, salir de tapeo por ahí y beber rico o simplemente beber una copa refrescante cuando llegás del laburo. Para eso, agendate alguno de estos ocho rosados que listamos por región y estilo.

SALTA, PAÍS AGRESTE
Las alturas de los Valles Calchaquíes, en Salta, son el escenario ideal para los blancos aromáticos y los tintos potentes. Sin embargo, cada tanto emerge un rosado que la descose porque combina la intensidad de aromas y sabor. Esta temporada la clave está en:
Amalaya (2014, $75). Corte de Malbec, este ejemplar es uno de esos vinos salteños que explican por qué la región, siendo pequeña, tiene tanto predicamento. Con un color rojo cereza y una aromática intensa y frutal, que recuerda a las frutillas, el vino invita a beberlo al aire libre, mejor en el jardín y al caer la tarde. Su ataque ligeramente dulce, su buena frescura y el tacto suave, lo ponen como una fija para el día en que hagas un encuentro entre amigos y amigas, para picar unos quesos. Vas a quedar de diez, además de ofrecer tu mejor costado sensible.

MENDOZA, LUJÁN DE CUYO
En esta zona del norte de Mendoza es donde hay más bodegas. Unas pocas, sin embargo, están enfocadas en hacer buenos vinos blancos y rosados. Ubicada a unos mil metros sobre el nivel del mar, es el punto intermedio entre Salta y Patagonia, y si algo caracteriza a los vinos de esta región, son sus taninos finos. De aquí, rosados ricos, son dos:
Las Perdices (2013, $80). La familia Muñoz lleva muchos años en el negocio del vino, pero sólo una década embotellando sus propias marcas. Sus vinos destacan por estar logrados y por tener buena relación calidad precio. Este rosado de Malbec no es la excepción. De una aromática tímida, es frutado a la nariz, mientras que al paladar ofrece con cuerpo medio, lograda frescura y un final de boca muy grato y largo. Perfecto para acompañar unos panchos gourmet, con mostaza antigua y guacamole, cualquier mediodía de sol.
Melipal Rosé (2013, $80). Ubicados en Agrelo, el amplio valle al Sur del río Mendoza, bodega Melipal se hizo famosa por su rosado, que en catas a ciegas siempre desplegó algo más que cordialidad y paladar elegante. Así, esta añada, el vino ofrece también una aromática frutada intensa, con un paso chispeante por la boca, perfecto para acompañar, por ejemplo unas ricas pizzas a las piedra, mejoro todavía si llevan rúcula fresca y abundante oliva extra virgen.

MENDOZA, VALLE DE UCO
Al pie de la cordillera y en una franja que supera los mil metros de altura y trepa hasta los mil quinientos, en el Valle de Uco se produce una condición especial: los blancos conserva una elevada frescura, mientras que los tintos despliegan su impacto y concentración. Los rosados, por su parte, combinan con gracia la destello ácido del primero y la aromática de los segundos. De esta región, conviene probar:
Vuelá Pinot Gris (2014, $70). Hasta 2012, este vino era blanco, pero ahora ofrece un color rosado ligero, casi etéreo, que gusta. Y la razón es sencilla: el Pinot Gris es una uva rosada de poco color, por lo que en todo el mundo se lo elabora como un blanco. El primer Gris en virar al rosado de nuestro país fue este de la bodega Piedra Negra. Su principal atractivo está en la boca: suelto como el agua, sabroso y frutal como un jugo, destaca la acidez precisa que le suma nervio y realza su perfil gastronómico. Es un rosado ideal para aperitivos, en los que poner sobre la mesa unas aceitunas y no más que papas, palitos salados y dados de queso.
Domaine Bousquet (2014, $75). Originarios de Carcassonne, en el sudoeste de Francia, los Bousquet son productores de vino que tienen en su acervo el perfil delicado de los rosé de pays franceses. Por eso, lanzaron este vino a contrapelo del mercado local, con un llamativo color cobrizo, tipo piel de cebolla. Corte de Malbec y Cabernet et Franc, propone un vino chispeante y de alta calidad frutal, en donde lo más importante es el buen balance y la ligereza. Ideal para aperitivos, probalo con guacamole y nachos, el día que quieras darte un gusto. Será el favorito de las chicas.
Portillo Malbec Rosé (2014, $50). Bodega Salentein saca partido del terroir potente de Valle de Uco y cada año lanza al mercado este rosé, que propone a la intensidad y buen cuerpo (para un rosado) como el paradigma para bebedores argentinos que adoran a los tintos y que quieren darse un gusto fresco. De un color rojo cereza subido de tono, aromas frutales y vegetales de claridad e intensidad notables, este rosado de Malbec ofrece una boca con entrada dulces, paso fresco y voluminoso, que acompaña bien la cocina sencilla que practicás en tu casa, desde unos fideos con tuco a una pizza napolitana. Probalo.

SAN RAFAEL, SUR ROSÉ
Al sur de Mendoza, San Rafael ocupa una llanura expuesta a los vientos del sur que, por su ubicación, no debería ser una región productora de buenos rosados. Pero aquí se cumple la máxima que reza: donde hay buenos Chardonnay, se producen buenos rosados. Y así es, aunque no abundan.
Goyenechea Rosé (2014, $45). Una de las bodegas más lindas de Mendoza -supo ser todo un pueblo y hoy es un jardín en la mitad del desierto- Goyenechea lleva 140 años haciendo vinos en la región. Sin embargo, con el rosado la pegaron hace poco. E hicieron uno de corte femenino, ligero en color y alta expresión aromática, cuya etiqueta floreada no parece una opción para un hombre refinado. Sin embargo, dale una chance a su vino: es fragante, delicado y con pronunciado sabor frutal; tanto, que el día en que decidas almorzar unas tapas de asado frío o unos kepes en un restaurante árabe, verás lo versátil que resulta este rosado.

PATAGONIA, CIELOS ROSADOS
Cualquiera que haya visto un atardecer en la estepa patagónica recuerda ese momento en que el cielo vira al rosado y se incendian las nubes delgadas sobre el horizonte. Y los rosados de esta región toman ese mismo color, con el agregado de que aquí se producen también en burbujas (pero no solo). Las noches noches frescas de la región son la clave de estos vinos.
Rosa de los Vientos Rosé ($136) fue uno de los primeros rosados que buscaron posicionarse en la alta gama espumante. Elaborado por Familia Schroeder con Malbec, este vino destaca por su aromática frutal y expresiva, que recordará a cerezas y pan brioche. Al paladar, sin embargo, revela su potencia y carácter, con una burbuja fina y un largo sabor persistente, que lo convierten en número fijo para un aperitivo en el que acompañar con tostadas, queso crema y un lomito de salmón crudo cortado en tiras y tocado con eneldo. Es un lujo, si, pero para darse lujos sirve el vino.
Joaquín Hidalgo

Una versión de esta nota fue publicada en revista Playboy Octubre de 2014.

Autor

  • Joaquín Hidalgo

    Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta con formatos y habla sin rodeos de lo que le gusta y lo que no. Lleva más de veinte años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en medios nacionales, como La Nación y La Mañana de Neuquén. Desde 2019 es el crítico para Sudamérica de Vinous.com (EE.UU.).

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