vajilla vintage

Vajilla vintage: traer los días de infancia a la mesa

Para comprar o para alquilar, la vajilla del pasado es tendencia. Lo que antes era exclusividad de coleccionistas y mercados de antigüedades ocupa cada vez más lugar en las redes sociales y en tiendas virtuales.

Gastronomía

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La combinación de nostalgia, sustentabilidad y diseño son la base del llamado “lujo emocional”, una vuelta al pasado con estilo y un plus de conciencia ambiental que puso de nuevo sobre la mesa la vajilla vintage.

En producciones audiovisuales super exitosas como Bridgerton o The Crown, pero también en videoclips, la estética retro se combina con el futuro y el presente. 

En Chemtrails Over the Country Club, de Lana del Rey, un grupo de amigas tiene un ágape muy al estilo década del ´60, con sus vasos y manteles de la época. En I Bet You Think About Me, Taylor Swift asiste a una boda con mesas muy bien servidas con cristalería del siglo XX. 

Mientras tanto, en producciones fotográficas, en salones de fiestas e, incluso, en hogares particulares, cada vez más personas quieren recuperar la vajilla vintage de la infancia, para ponerla en uso o para viajar en el tiempo. El fervor es tal que en el país ya hay expertos en el tema que dictan cursos sobre “Historia de la vajilla».

Vinómanos consultó a profesionales de la decoración y el interiorismo, espió en sus cristaleros (donde se lucen estas joyitas de todos los tiempos) y las acompañó a tender la mesa.

Objetos antiguos, historias nuevas

Daniela Berdun es la responsable de 2 Gardenias Bazar Antiguo, “un espacio dedicado a la reutilización de vajilla, cristalería y objetos”. El local está ubicado en la localidad bonaerense de Boulogne, y tanto allí como en su canal de ventas online tienen clientes que los siguen desde hace años. 

La propuesta siempre fue la misma: elegir objetos que puedan volver a una casa y formar parte de nuevas historias”, define. Lo que cambió es la cantidad de fans.

En relación a sus clientes, Berdun explica que hay “desde jóvenes que están armando su primer departamento hasta quienes heredaron piezas familiares y buscan completar el juego”.

Pero ella notó un dato revelador. “Hoy también compran vajilla antigua quienes valoran especialmente la calidad después de haber comprobado que lo moderno no tiene las mismas terminaciones y detalles que lo vintage. Eso se ve mucho, por ejemplo, en la cristalería”, afirma la emprendedora. 

La lupa que los coleccionistas (y ahora también los que no lo son) posan sobre cada centímetro de las piezas suele enfocarse hacia un elemento clave que denota calidad: el sello del fabricante.

En el dorso de platos, tazas y fuentes, se puede descubrir si el origen es británico, alemán o francés (en su mayoría, anteriores a 1950), o nacional, origen desde el que se lucen marcas como Festival, Tsuji o Lozadur.

Para entender cómo sobreviven estas delicadas joyitas al paso del tiempo, Berdun revela que fuera del local, en un galpón construido con materiales reciclados, ella y Walter Servente, su pareja, dedican gran cantidad de tiempo a limpiar con cuidado, reparar y fotografiar cada objeto de 2 Gardenias Bazar Antiguo antes de subirlo a la tienda online o exhibirlo en la física.

La vajilla, elemento del interiorismo

Antonella Elberg es arquitecta, jefa de Interiorismo del Grupo 8066 ,y define su trabajo como la interpretación de nuevas formas de habitar para convertirlas en espacios. 

Para la experta, la tendencia hacia la vajilla vintage “aporta una dimensión sensorial y emocional que hoy es muy valorada en el diseño de interiores”. 

Elberg analiza la preferencia creciente por estos objetos: “No es solo una decisión estética, sino también una forma de construir identidad en la mesa y en el espacio. Son piezas que tienen peso, textura, historia, y eso se percibe en la experiencia final de uso”, dice.

Por otra parte, hace una lectura del contexto cultural de este fanatismo. Para ella, se trata de “una reacción frente a la estandarización, una búsqueda más profunda. Durante muchos años predominó lo uniforme, lo industrial, lo producido en masa. En este caso, además, está el ritual de la mesa: recuperar momentos y darles valor”.

Armar kits personales

Dolores Braga Menendez es food stylist, estudió cocina y trabajó en restaurantes y hoteles en Sydney y en Buenos Aires. Sobre quienes se inclinan hacia la vajilla vintage, la especialista cree que son principalmente mujeres y familias que “disfrutan recibir en casa, aunque el público es cada vez más amplio”. 

Al respecto, subraya que ahora este estilo es muy elegido por emprendedores gastronómicos y organizadores de eventos. “Son personas detallistas a las que les gusta contar una historia con objetos. Y hoy se puede comprar vajilla de segunda mano -opina- a precios amables”, algo que potencia la movida.

Elberg alude a por qué cada vez más personas, incluida ella, se apasionan con esta opción. Desde su mirada profesional, explica que son objetos que “tienen algo que los hace únicos. No son en absoluto neutros, sino que suman carácter y ayudan a construir una mesa con más identidad. Muchas veces terminan siendo el punto de partida para pensar todo el conjunto”.

No hace falta buscar sets perfectos. De hecho, lo más interesante -asegura- suele estar en mezclar: combinar distintos kits y animarse a lograr algo propio, cuidando siempre el equilibrio. La idea es sumar carácter sin sobrecargar, para que la mesa se sienta natural”.

Dolores Braga Menendez.

Copas de plata

Las piezas más demandadas suelen ser las decoradas con flores. ¿Pero hay algún objeto que sea considerado como una “figurita difícil”? 

Braga Menéndez observa que “se buscan mucho las bandejas de plata con los bordes adornados, las copitas de plata, los platos de loza inglesa, las fuentes de porcelana con filetes dorados y los cubiertos antiguos”. 

La experta apuesta por la creatividad, y por no dejar para mañana: “Desde mi trabajo como food stylist y como directora de arte, insisto con la idea de mezclar estilos en producciones de fotos y de usar la famosa vajilla de la abuela, que de lo contrario siempre queda guardada para un momento adecuado que no llega nunca”

Elberg agrega que “más que un único objeto, hay algunos tipos de piezas que suelen destacarse. Por ejemplo, las copas de vidrio tallado o de colores aportan mucho carácter en la mesa y ayudan a romper con lo clásico”.

Justamente el uso hace especial a los elementos. “Cada pieza resalta aún más cuando tiene detalles, bordes trabajados o pequeñas imperfecciones que la hace única”, cuenta la arquitecta.

Si bien siempre hubo una comunidad que valoró la vajilla vintage, ahora la ecuación tiene otros componentes. Por un lado, la situación social lleva a más personas a desprenderse de objetos familiares. En la vereda de enfrente, los esperan quienes gustan del diseño, los que impulsan la economía circular y los que se dan el permiso de recrear recuerdos.

Y en un mercado particular, donde los productos usados pueden ser más baratos que similares a estrenar o muchísimo más caros, los caminos se cruzan: todos estamos invitados a tomar el té, abrazando postales de infancia.

Autor

  • Periodista, copywriter, community manager, creadora de contenidos, fotógrafa y docente. Profesional de la comunicación orientada al mundo digital. Autora de blogs sobre emprendimientos y música.

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