Daycaps y tendencias que cambian la forma de beber

Los nuevos after offices: daycaps y otras movidas de happy hour conscientes

Pipi Yalour, Mona Gallosi, Flavia Arroyo y Santiago Angeletti analizan desde las barras cómo los jóvenes están cambiando su forma de beber, con menos alcohol y nuevas experiencias en materia de tragos.

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Lejos de las noches largas, los jóvenes buscan reescribir las reglas de la coctelería. Menos alcohol, más creatividad, ingredientes locales y un nuevo ritual que gana terreno a nivel global: los daycaps

Así se conoce a los cócteles que se toman a última hora de la tarde, como una forma de cerrar la jornada laboral sin “romperse la cabeza”. El happy hour vuelve a ocupar un lugar central, pero resignificado: ya no es la antesala de la noche, sino un encuentro consciente que se adapta a rutinas más saludables.

Este cambio ya se consolida en Europa y Estados Unidos. Según el Reporte de Tendencias de Coctelería Bacardí 2026, el consumo temprano está viviendo un resurgimiento cultural impulsado por los jóvenes de hasta 30 años, los centennials. 

Si bien el concepto aún no es masivo en la Argentina, lo que sí es un hecho es que la generación Z busca dejar atrás los excesos para reemplazarlos por nuevas experiencias que incluyan cristalería disruptiva, productos locales y hasta tragos con destilados sin alcohol.

Trago by Pipi Yalour.
Trago by Pipi Yalour.

Daycaps: lento desembarco en Buenos Aires

Aunque el consumo más temprano gana terreno a nivel global, en Buenos Aires el daycap todavía no logró consolidarse como ritual cotidiano. Para Pipi Yalour, bartender, investigadora y autora de Detrás de la barra, manual de coctelería, el cambio de hábitos va por otro lado.

“Hay mucha gente que consume alcohol en situaciones que no son las tradicionales. No es una juntada al atardecer ni un after office, sino mirando Netflix”, señaló.

En ese sentido, apuntó a un factor clave: la transformación del mundo laboral. “El happy hour funcionaba muy bien cuando la gente iba a la oficina y salía en un horario determinado. Ese ecosistema hoy está bastante desdibujado”, explicó. Jornadas flexibles, múltiples trabajos y menos rutinas compartidas hacen que este tipo de encuentros pierda fuerza.

Desde la experiencia diaria detrás de la barra, Mona Gallosi coincidió en que el consumo temprano ya no es tan espontáneo como antes. “Hoy la gente no está llegando más temprano al bar. Eso sucedía hace algunos años, pero ahora vuelve a salir más tarde”, afirmó. 

Según observa en su local Punto Mona, el movimiento diurno se trasladó más a las cafeterías que a los bares, mientras que el after office perdió protagonismo. “Es algo que tengo en mente volver a implementar, con propuestas como un 2×1, para generar un punto de encuentro donde la gente se divierta y la pase bien”, aclaró.

Para Flavia Arroyo, head bartender de Casa Cavia, el horario temprano sigue teniendo potencial, pero requiere planificación y un motivo concreto. “Las 19 siempre fue un horario de encuentro”, mencionó, aunque remarcó que en su caso funcionó a partir de una propuesta específica: “Blending Sessions fue algo particular porque lo gestionamos con reserva. La gente ya iba temprano por eso”. 

Mona Gallosi
Mona Gallosi.

Tomar mejor, no más

“Si miro los últimos diez años, el cambio es clarísimo”, aseguró Gallosi, con casi tres décadas detrás de la barra. “Hoy los jóvenes toman muchos aperitivos: bitters, fernet, Campari, Aperol, ya sea con gaseosa o en formato spritz. El gin tonic, que fue furor durante años, ya no ocupa el lugar que tenía antes, y ese espacio lo empiezan a tomar los vinos, sobre todo los tintos de verano”. 

Según explicó, el paladar de los veinteañeros se volvió más amplio y menos extremo: “Aceptan más los amargos, están muy vinculados al vino y, aunque los destilados siguen presentes – como en el Negroni -, no son lo que más consume hoy esa franja etaria. Aperitivos, vinos y cerveza son las tres líneas más pedidas”.

La tendencia también se refleja en los estilos y los ingredientes. “Se buscan bebidas complementarias: burbujas, gaseosas, jugos frescos y frutas”, señaló Gallosi, y aclaró que el interés ya no pasa por el dulzor, sino por la sensación en boca

“En un spritz aparecen la naranja, la soda, el espumante; en un tinto de verano, la fruta trozada o los jugos. Lo que más se valora hoy es la refrescancia”, contó. 

En ese contexto, los tragos de bajo contenido alcohólico y las opciones sin alcohol dejaron de ser una alternativa marginal para convertirse en parte central de las cartas. “Tomar fuerte y ‘romperse la cabeza’ ya no es la idea, sino disfrutar de la experiencia”, afirmó Gallosi.

“La graduación más baja permite tomar durante toda la noche sin embriagarse, mantener un estado más chill. No es que se consuma menos, sino que se consume distinto”. Para la bartender, este cambio también impactó en la creatividad detrás de la barra: “Hoy hay mocktails bien diseñados en todos los bares. Crear un trago sin alcohol equilibrado exige más precisión, y eso nos volvió más conscientes y más creativos. Es un cambio muy positivo”.

Flavia Arroyo
Flavia Arroyo.

Tragos sin alcohol, pero con identidad

En esa búsqueda por tomar mejor, Casa Cavia decidió ir un paso más allá y repensar la coctelería desde la ausencia de alcohol. El resultado es Prototipo Cero, un menú creado por la head bartender Flavia Arroyo que no plantea los mocktails como una “versión sin”, sino como una propuesta con técnica, identidad y profundidad. 

“Ya teníamos opciones sin alcohol, y muchas veces eran igual de elegidas que un cóctel tradicional. Ahí empecé a pensar que había algo más para explorar”, explicó sobre el origen del proyecto. Y agregó: “Cuando las bebidas cero empezaron a surgir, entendí que para nosotros iba a ser un antes y un después a la hora de pensar un cóctel”.

La clave estuvo en construir bebidas inspiradas en destilados clásicos, pero con ADN propio. “Lo más complejo fue lograr el equilibrio de las bebidas sin alcohol para después complejizar el cóctel”, reconoció. Gin, vodka, tequila, whisky y cognac fueron reinterpretados desde una mirada botánica, con capas aromáticas, estructura y un final en boca que no depende del alcohol. 

La respuesta del público confirmó que el camino era el correcto. “Increíblemente, las versiones cero salen a la par que las versiones con alcohol. Cuando contamos el menú, la gente se asombra porque encuentra muchas más opciones, prueba, le gusta y repite”, dijo Arroyo. 

Final Realista por Flavia Arroyo.
Final Realista by Flavia Arroyo.

Para la bartender, esta tendencia – muy fuerte entre los jóvenes – está ligada a una mayor conciencia sobre el consumo: “No pasa solo por manejar o no, sino por cómo queremos sentirnos”. 

Y se anima a proyectar: “Ojalá los tragos sin alcohol puedan reemplazar al happy hour cervecero. Hoy muchas elecciones combinan un cóctel con alcohol y uno sin. Los jóvenes se juntan para compartir el momento, y eso es lo que importa”.

Cuando el trago también cuenta un territorio

Para Santiago Angeletti, bartender de 878 y Bartender del Año 2025 tras consagrarse en la World Class Argentina, trabajar con producto local no es una moda sino una identidad construida en el tiempo. 

“Desde hace muchísimos años venimos dándole una impronta muy fuerte al producto nacional, a la conciencia sobre lo que usamos. Sentimos que eso es un plus que termina aportando a la experiencia”, explicó. 

En su barra, los ingredientes de estación, los pequeños productores y la rotación constante forman parte del relato: “Muchas veces nos llegan productos que duran dos o tres semanas y armamos algún especial. Respetamos mucho la historia que queremos contar detrás de cada trago”.

Santiago Angeletti
Santiago Angeletti.

Ese contexto se refleja en una carta que recorre barrios y símbolos de la ciudad de Buenos Aires, pero en una dinámica flexible. “Tenemos una sección que es la pizarra del bar, con tres cócteles que van cambiando cada dos o tres meses. Ahí nos permitimos jugar más, siempre con la intención de mostrar el producto nacional”, detalló. 

Cada decisión, desde un botánico hasta una fruta, busca anclar el cóctel en su entorno: “Queremos que se entienda qué historia hay detrás de ese sabor, de ese barrio, de ese aroma”.

El trabajo con destilados propios es otro de los sellos de 878 y una forma concreta de llevar esa “localogía” al vaso. “Fuimos uno de los primeros bares en promover el trabajo conjunto para tener nuestros propios destilados. Hoy el gin está en auge, pero nuestro whisky lo venimos haciendo desde el año 2020”, sostuvo. 

Además, la propuesta suma una mirada sustentable: “Los trabajamos a granel, no tiramos botellas, las recargamos y las reutilizamos. Eso reduce muchísimo el desperdicio”. En paralelo, el bar incorporó cócteles sin alcohol con la misma lógica creativa. “Se perdió el miedo a pedir algo sin alcohol. Hoy hay más conciencia y el cliente busca algo más que un trago rico: atención, cristalería, presentación y una experiencia que tenga sentido. Ahí es donde tenemos que estar los bares”, cerró Angeletti.

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