Jóvenes Winemaker

Jóvenes, talentosos y disruptivos: 4 enólogos y enólogas que impulsan la nueva era del vino argentino

Conforman una camada profesional que busca nuevas maneras de comunicar el terroir local. Del desafío de crear vinos sin alcohol a implementar prácticas sustentables y llevar adelante las renovaciones de bodegas.

Vinos

Vinos

En la Argentina del vino, una nueva generación empieza a marcar el futuro. Son enólogos y enólogas menores de 35 años que ya acumulan premios, proyectos disruptivos e investigaciones con potencial. Con una sensibilidad distinta y una visión renovada sobre lo que el país puede ofrecer al mundo, reescriben el presente de la industria.

Agustín Silva, Belén Rodríguez, Agustina Hanna y Paloma Bignone son, entre otros, abanderados de este nuevo tiempo. Y asumen sus desafíos con orgullo: desde lanzar un espumante sin alcohol en una bodega emblemática como Catena Zapata, hasta la implementación de técnicas sustentables en La Linda, pasando por la renovación completa del porfolio de Ruca Malen y la creación de uno de los mejores Cabernet Franc con Bodega Séptima.

¿Qué une a estos jóvenes? Que crecieron sabiendo que su futuro estaría en el vino, por visitas escolares que los marcaron o por herencias familiares de bisabuelos que elaboraban sus propias botellas. 

Forman parte de una camada que está cambiando la manera de expresar el terroir argentino y que entiende que el vino no solo nace en el viñedo, sino también en la emoción que transmite.

Paloma Bignone, Winemaker del año

Desde muy chica, Paloma Bignone sintió que en su vínculo con el vino había algo especial. Tenía apenas 10 años cuando una salida escolar a una bodega la fascinó para siempre: “Los aromas tan particulares, la sensación artesanal del proceso, ese ambiente casi mágico… Algo me dijo que ese universo iba a acompañarme toda la vida”. 

Su conexión con la naturaleza hizo que primero se inclinara por la agronomía y luego encontrara en la enología “la forma más auténtica de unir esas pasiones”.

Su camino profesional estuvo marcado por figuras clave. Entre ellas, una mentora que le abrió las puertas al oficio: Clara Roby. “Me dio mis primeras oportunidades laborales y me enseñó no solo enología, sino la actitud y la sensibilidad que requiere esta profesión”, destacó. 

La carrera la llevó por distintas bodegas y hasta por Nueva Zelanda, una experiencia que amplió su mirada y consolidó su estilo. Luego llegó el desafío que terminó de definir su presente: Séptima. 

Para Paloma, la bodega representa mucho más que un trabajo. “Es el lugar que me permitió crecer, aportar mi impronta y desarrollar mi estilo”, explicó. También valora la coherencia del proyecto: “La consistencia, el prestigio, el fuerte compromiso con la sostenibilidad, la calidad y la transparencia fueron claves para mí”.

Ese esfuerzo tuvo una recompensa inesperada. Cuando su nombre se escuchó en los Premios Winemakers como “Winemaker del Año”, no lo podía creer. “Fue muy emocionante. Siento orgullo, no solo por mi trabajo, sino por todo el equipo, por Paula Borgo, directora enológica, y por Alejandro Livellara, ingeniero agrónomo”, aseguró. 

El reconocimiento llegó por un Cabernet Franc de Los Chacayes que, según describió, “tiene un perfil diferente, bien especiado y mentolado, capaz de destacar sobre el resto y transmitir de manera precisa el carácter del terruño”.

Hoy la motiva el futuro del vino argentino. “Estamos en un momento de enorme diversidad y evolución: más regiones, más estilos, más formas de interpretar nuestros terruños”, resaltó. 

Vinos sin alcohol en Catena Zapata, el desafío de Agustín Silva

La relación de Agustín Silva con el vino empezó mucho antes de estudiar enología. “Mis bisabuelos elaboraban vino de manera artesanal para toda la familia. Siempre tuve claro mi interés por este mundo, por eso estudié en el Liceo Agrícola y Enológico, donde confirmé que mi vocación era crear productos que la gente disfrute”, recordó.

Su primer acercamiento real a la elaboración fue en la secundaria, con un espumante con método champenoise. Participó en varias vendimias y tuvo un referente clave: “Mi tío, Leonardo Quercetti, me ayudó a comprender que la enología no se trata solo de hacer vino”.

Esa visión amplia fue fundamental para su desembarco en el Catena Institute of Wine. “Llegué por mi experiencia previa en destilados y vermouth, con el enfoque de elaborar Vermut Vincenzo y destilar el brandy que lanzaremos en 2026, McDermott Brandy VSOP”, explicó. 

Su recorrido le dio dominio en destilación y trabajo con botánicos, herramientas esenciales para la creación de ROSAE (obtenido por destilación al vacío a baja temperatura) y de Blonde y Brunette. Para el enólogo, estar ahí es un privilegio: “Es como trabajar en la NASA de la investigación en vinos”.

El proyecto inició por un deseo muy concreto dentro de la familia Catena. “Surgió hace varios años, cuando Elena Maza, la madre de Laura Catena, le dijo que quería tomar un vino rico, pero sin alcohol”, recordó.

Y amplió: “El desafío fue obtener un jugo de uva con bajo contenido de azúcar a partir de una cosecha muy temprana, en la primera semana de enero”.

Luego vino el trabajo sensorial: “Identificar hierbas y especias -poleo, manzanilla, canela, eucalipto- capaces de aportar sensaciones vínicas y alcohólicas, como la entrada dulce, el final amargo típico del alcohol, y ciertas percepciones táctiles, como el calor”.

“Es un mercado en crecimiento, muy consolidado en Europa y Estados Unidos, donde ya contamos con toda nuestra línea de Domaine EdeM. También hubo buena recepción en restaurantes y vinotecas del país”, señaló sobre esta tendencia que está en plena expansión. 

Sin embargo, el trabajo continúa: “Se trata de bebidas funcionales, pensadas para consumidores de vino en momentos en los que no pueden beber, no para reemplazar al vino argentino. Por eso, el mayor desafío fue desarrollar un producto sin alcohol y con bajas calorías que resultara atractivo para paladares acostumbrados a los vinos tradicionales”. 

“En el Catena Institute contamos con un equipo a escala que reproduce el proceso de desalcoholización que utilizamos en ROSAE. Con este sistema estamos desalcoholizando todos los varietales de interés para evaluar el potencial de cada uno”, cerró Agustín.

Belén Rodríguez, enóloga de La Linda: respetar y reinterpretar los vinos

Belén Rodríguez llegó a la bodega Luigi Bosca tras enviar un CV, aunque su mamá había trabajado allí antes de que ella naciera. Tras varios años en el área de desarrollo e investigación (“Me enamoró la combinación de ciencia, naturaleza y creación”), se sumó al proyecto de La Linda justo cuando buscaba renovarse. 

“Fue un desafío enorme, pero también una oportunidad hermosa para crecer”, contó. Su misión era modernizar los vinos sin perder su esencia, “un equilibrio delicado entre respetar y reinterpretar”.

Había descubierto el vino de chica, y la conexión fue inmediata. Siempre fue fanática de la ciencia y “encontrar en el colegio un proceso donde todo eso cobraba vida de manera tan concreta fue revelador”. 

Ahora es la enóloga de La Linda, la línea joven de Luigi Bosca, donde también encontró a sus grandes mentores: “Marcelo Suárez y Pablo Cúneo marcaron profundamente mi manera de entender y vivir la enología”. 

Marcelo fue quien le abrió las puertas al universo de la elaboración y quién sembró en ella “la seguridad de que había elegido el camino correcto”, mientras que Pablo la ayudó a encontrar su “propia voz”.

En septiembre la IWC la premió con una medalla de oro por La Linda Malbec 2024. “No sólo valida el trabajo técnico que hacemos en cada botella, sino que también refleja el esfuerzo y la pasión de todo el equipo. Fue un momento de orgullo y motivación. Me recordó que cuidar cada detalle, experimentar y aprender constantemente tiene un impacto real y que nuestro trabajo puede destacarse a nivel internacional”, contó.

Para esta joven enóloga la sustentabilidad atraviesa todas sus decisiones. “Tenemos curiosidad para experimentar, cuestionar procesos y buscar nuevas formas de expresar el terroir, siempre con un enfoque del cuidado de la tierra y cercano al origen de cada vino”, afirmó.

De allí la certificación vegana de La Linda y la búsqueda constante de procesos más responsables: “Hay una conciencia muy fuerte sobre el impacto ambiental y social de nuestro trabajo, y el deseo de dejar una huella positiva”.

Agustina Hanna, de la renovación de una bodega histórica a ser “Enóloga revelación”

“Los vinos cuentan historias, y esas historias son las que hacen que cada bodega y cada etiqueta sea diferente. Es lo que les da vida y alma”, aseguró Agustina Hanna, la responsable de una de las transformaciones más profundas de la industria: Ruca Malen, un proyecto con más de 25 años, la eligió para liderar una nueva etapa y renovar por completo su bodega. 

Y si los vinos cuentan historias, Agustina decidió que esa narrativa debía estar explícita en la copa. Así nació Capítulos, una línea pensada como un viaje. “La idea es recrear el caminito vínico. El Capítulo 1 es el primer paso, con vinos fáciles de entender y de tomar. A medida que vamos avanzando, se hace más complejo, con diversidad de varietales, de terruños y de técnicas”, explicó.

La renovación que lidera no pasó desapercibida. En mayo fue distinguida como “Enóloga Revelación” en los premios Winexplorers 2025. Más allá del premio, este proyecto marcó su vida laboral: “Es muy especial, el primer proyecto que me toca liderar, donde pude formar un equipo, definir cada detalle del proceso y acompañar cada vino desde su origen hasta la copa”.

Su vínculo con el vino había nacido a los 9 años, en una salida escolar que la marcó para siempre. “Esa visita me despertó las ganas de trabajar en el vino. Lo que sentí va más allá de las palabras, era como si ese mundo nuevo ya fuera parte mía”, marcó. 

Años después, esa sensación volvería en su primera vendimia, en 2010: “Cuando tuve las uvas en mis manos entendí que esto era lo que quería hacer toda mi vida”.

Hoy, Hanna reafirma el deseo de crear vinos únicos: “Busco que transmitan emoción y disfrute. Que sean etiquetas frescas, vibrantes y delicadas al mismo tiempo. Que transmitan energía y la pureza de la variedad y del origen de cada uno”.

El futuro del vino argentino, según la nueva generación de enólogos

Para esta nueva camada de enólogos el futuro del vino argentino se construye desde múltiples frentes. “Tenemos la responsabilidad de mantener el Malbec como estandarte de la Argentina, pero al mismo tiempo puede mostrar otros varietales que se expresan de manera excepcional en nuestro suelo”, dijo Silva. 

Bignone cree que el recambio generacional no solo aporta nuevos nombres, sino también una manera distinta de mirar el vino. “Esta nueva generación tiene una mirada fresca y muy curiosa. Crecimos con información, tecnología y mayor intercambio con otras regiones del mundo, y eso nos da una perspectiva distinta”, señaló. Ese acceso se traduce en vinos más honestos, menos intervenidos y con una búsqueda profunda de identidad.

Rodríguez, por su parte, aporta otra pieza clave del panorama: una mirada más libre, colaborativa y consciente. “Esta nueva camada trae una búsqueda constante por la autenticidad, por vinos más transparentes, más ligados al origen y menos intervenidos”, expresó. 

Para ella, la transformación también pasa por comunicar el vino de manera cercana y accesible, sin perder rigor técnico, y por trabajar con una fuerte conciencia ambiental y social.

Hanna suma una clave generacional: la cercanía. Considera que esta etapa exige comunicar de manera más directa, comprender a un consumidor cambiante y seguir profundizando en la diversidad del país. 

“Todavía hay mucho por mostrar; estamos en un momento fabuloso, pero es apenas parte de un camino que tiene muchísimo por delante”, sostuvo la enóloga.

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