Bares con café de especialidad y vino

Dos tendencias al precio de una: 4 bares porteños con café de especialidad y buenos vinos

A los que viven sin reloj, los que desayunan al mediodía y los que creen que siempre es momento ideal para un happy hour, Buenos Aires les resuelve la locación.

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Las cafeterías de especialidad y los bares de vinos brotan en Buenos Aires como margaritas en un jardín bien regado. ¿Y qué pasa si los combinamos? No, en el mismo vaso no. Pero sí en el mismo lugar. 

¡Funciona!

Café y vino, pastelería y tapas, avocado toasts y hummus de remolacha se ofrecen en un mismo espacio donde ya no importa qué hora es. Podés juntarte a hacer ‘chin chin’ entre un flat white y una copa de Malbec. Si te estás preguntando dónde, acá te contamos.

Las chicas del vino: para ir a conectar

Paola y Agustina son tía y sobrina, un vínculo poco habitual dentro del rubro gastronómico, donde suelen predominar los grupos de amigos, las parejas y la relación padre-hijo. 

Pero además de familia son chef y sommelier, respectivamente. Y juntas crearon Las chicas del vino, un lugar donde buscan “potenciar la pasión por la gastronomía”, dice Agustina.

“La propuesta es muy amplia: conviven vinoteca, cafetería, pastelería y wine bar en un mismo espacio”, explica quien se encarga de la parte bebidas, tanto el café como el vino. Por su parte, Paola desarrolla la cocina y pastelería.

El local, que está sobre Avenida Gaona 2844, donde Flores y Caballito se encuentran, abre todos los días y cada mes publican en sus redes sociales su agenda de eventos temáticos, que van desde café y tarot, taller de cerámica, vino y make up, hasta filosofía y tatuajes. 

“Además de las propuestas para los eventos, que son super originales, lo que más nos representa es la linda energía que tiene nuestro espacio: la gente entra, se queda, charla, se conecta”, destaca Agustina. Cuenta que muchas veces entre distintas mesas se arman conversaciones o incluso ellas mismas terminan sentándose a tomar algo con los clientes. 

Para la selección de vinos, Agustina opta por las bodegas boutique. Siempre comparten un vino destacado de la semana, como por ejemplo el Turbio Garnacha sin filtrar, el Urqo Palo Santo Malbec, o el Huarpe Riglos Taymente Bonarda.

“Me parece esencial comunicarlo desde la experiencia y según lo que cada persona esté buscando. La confianza en la recomendación es clave para mí: es lo que hace que alguien se anime a descubrir nuevas etiquetas”, expresa.

En la carta cafetera tienen las opciones ya conocidas (espresso, flat white, capuchino, latte), pero también aparecen algunas sorpresas, como un latte syrup, con caramelo, vainilla, pistacho y avellanas, y opciones frescas para el verano, como el affogato.

Para comer, la carta mezcla pastelería y tapeo. “Entre las opciones dulces, lo que más sale es una mini cake de pistacho que hace Pao. Y salado, las empanadas de pulled pork”, señala Agustina. Los clientes también sugieren las bruschettas con jamón crudo y las cookies. 

Al Border de CABA

Border es uno de los cafés de especialidad madrugadores de la ciudad. De lunes a domingo, desde las 8 podés pasar a disfrutar un espresso para arrancar el día. Siguen de corrido hasta la noche, lo que da la posibilidad de almorzar con amigos o cerrar la jornada con un vinito.

Como su nombre lo indica, está en el “borde” de la ciudad, a pocas cuadras de la Avenida General Paz, en un barrio que para los fundadores de Border tiene mucho significado.

“Devoto siempre estuvo en nuestro mapa personal. Desde chicos lo recorrimos, lo vivimos y lo elegimos, hasta que terminó convirtiéndose en nuestro lugar. Hoy es uno de los pocos barrios residenciales que mantiene su esencia, y queríamos que Border respirara esa misma identidad”, dicen sus creadores.

Versatilidad es la palabra clave para describir este espacio, que busca satisfacer todo tipo de antojos, desde dulces para acompañar el café, hasta platos elaborados para una comida abundante, pasando por sándwiches y tapas (incluso sin gluten) que combinan perfecto con un vermut. 

A la tarde, uno de los favoritos es el fosforito relleno con brie, espinaca y cebolla caramelizada, y otro el sandwich de chipa con jamón y queso, que va muy bien con un flat white o un latte, que tienen sus versiones en frío también. 

Para la noche, las picadas y los sándwiches Focaccero y Asadito se llevan el protagonismo. Son ideales para acompañar una copa de vino o un trago al aire libre: el Focaccero lleva mortadela, provolone y pesto, y el Asadito, pastrón con pepinos y alioli.

La carta de vinos está pensada para acompañar las tablas y tapas. “Trabajamos con etiquetas que priorizan la frescura y la identidad local, con opciones de bodegas pequeñas y un vino natural que se volvió un infaltable en verano”, dicen, destacando el Santa Julia El Zorrito Naranjo.

Ágape, bien de barrio

Este espacio surgió de la unión de un novio ingeniero industrial y una novia experta en finanzas que hace cinco años empezaron a salir y a disfrutar de la gastronomía. Lo que se inició como un hobby se convirtió en cursos de barista y tours por bodegas de distintas regiones, hasta llegar a crear una receta casera de vermut. 

Producto del amor y la curiosidad nació Ágape, un café en Villa Crespo donde Guadalupe y Diego todos los días ponen el cuerpo. Su esfuerzo es retribuido por los vecinos. Basta sentarse cinco minutos a una mesa de esta esquina en Padilla y Acevedo para notarlo.

“Artesanal” y “autodidactas” son dos palabras que describen a la perfección la impronta de este lugar. Ágape abrió en septiembre de 2024 y desde entonces no cambian el café elegido, un blend de Brasil y Colombia. 

“Este es un barrio muy tradicional, no es Palermo, es Villa Crespo”, dice Guadalupe. Por eso, en la carta ofrecen Flat White y Latte, pero también un cortado en jarrito o café con leche. A la hora de la merienda tienen varias opciones de pequeños productores que fueron conociendo. 

Por ejemplo, las medialunas -uno de los productos más elogiados del local-, las cookies y otras facturas las elabora una chica de San Isidro. Otra estrella de la tarde son los macarons que prepara una vecina. 

El chipá de boniato es uno de sus grandes éxitos, junto con el scon de queso azul, jamón crudo y ciboulette. Para beber, tienen varias etiquetas de vermut artesanal de distintas regiones del país, entre las que destaca Fulano, el que elaboran ellos mismos. Está hecho a base de vino mendocino con maceración de canela, pimienta de Jamaica, caléndula y bayas de enebro, entre otros botánicos.

Además de su propio brebaje, ofrecen vermuts hechos en Tandil, Mendoza, Entre Ríos, Mar del Plata, Bariloche, Córdoba y hasta en el barrio de Boedo. 

Guadalupe y Diego se jactan de ser el único lugar de Buenos Aires donde se consiguen algunas de estas botellas, y todos los meses proponen una degustación con una selección de cinco etiquetas, donde incluso suelen tener opciones fuera de carta y la presencia de algún productor para hablar de su bebida. 

“Hay gente que se acerca y nos trae su vermut. Tenemos más de 35 etiquetas de todo el país. Probamos todo y sin darnos cuenta nos fuimos haciendo especialistas”, dicen. Para acompañar, tienen tapas, pinchos y sandwiches con los que en la vereda se prolonga la tardecita hasta la medianoche. 

DOC: la receta de las etiquetas disruptivas

Doc Bar de Vinos fue fundado en 2019 por dos amigos: Gonzalo Álvarez, conocido en redes sociales como @panzallena.ba, y Javier Solans, con la idea de ser “bar de vinos disruptivos”. Por eso proponen etiquetas de Salta, La Rioja, Río Negro, Jujuy y Mendoza, obvio. 

Para acompañar, hay picadas, sándwiches, ensaladas, empanadas y “platos de cuchara”. Y para la tarde -o para darle un cierre dulce a la comida-, ofrecen tortas y un gran mostrador con pastelería, donde por supuesto no falta el pistacho, la gran tendencia de esta temporada, junto con un rico café de especialidad.

Autor

  • Vera Lauckner

    Licenciada en Comunicación Social de la UBA. Periodista de política, moda, tendencias y algo más. Co-fundadora del portal digital Miniteando. En su tiempo libre, teatro, cine y farándula. Prácticamente adicta al mate.

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