El vino argentino no sería lo mismo sin quienes traducen la naturaleza en botellas. Ser enólogo o enóloga hoy ya no es solo tubos de ensayo y planillas de fermentación: también es comunicar, leer tendencias, lidiar con el consumo y, sobre todo, seguir soñando con vinos mejores.
Andrea Ferreyra lo sabe de sobra. Y lo confirma un dato íntimo que la desarma de orgullo: su hija le dijo que quiere estudiar Enología.
“Ahí me pregunté si sería responsable impulsarla… o irresponsable frenarla”, se ríe. La anécdota no es menor: la enología como oficio y como proyecto de vida cruza generaciones y encuentra en Ferreyra una mentora natural.
Primera enóloga de La Celia, lleva casi dos décadas al frente de una bodega pionera del Valle de Uco. Su historia está marcada por decisiones audaces, una enorme capacidad de adaptación y una convicción clara: la enología no se trata sólo de ciencia, sino también de cultura, sociedad y sensibilidad.
“Siempre me gustó la historia, la geografía y la química. La enología es transversal: tiene de todo un poco. Es biología, es economía, es comunicación. Es imposible reducirla a un laboratorio”, dice.
Herencia en primera persona
La noticia de la vocación de su hija la encontró en un momento de balance. “Hay más egresados que puestos, sí; pero hay entusiasmo, hay ganas. Me ilusiona ver gente de 16 años que elige este mundo”, cuenta.
Para Andrea, el legado no es repetir fórmulas, sino abrir caminos: estudiar mejor los viñedos, integrar ciencia y humanidades, y abrazar la comunicación con autenticidad.
El rol del enólogo hoy
“Es tiempo de parar, mirar y repensar: no podemos seguir haciendo las cosas como hace 30 años”, advierte.
Ferreyra ve una profesión que se amplió del tanque al territorio, de la bodega al consumidor. Y reivindica salir a contar lo que se hace: “No somos rockstars; somos trabajadores. Pero el consumidor valora escuchar la historia de primera mano”.
Entre tendencias y esencia
En tiempos de modas veloces, su brújula es el lugar. “Podés perseguir tendencias, pero nunca olvidarte de la esencia. Estoy en una zona que produce Malbec. Me encanta experimentar con Pinot Noir o Cabernet Franc, pero sin perder el ADN del terroir”, afirma.
El oficio que sorprende
La enología le regaló escenas impensadas —masterclass en el Institute of Masters of Wine, galas en Londres, viajes a Japón— y también rituales sencillos: una copa mientras cocina o mientras lee, conversaciones que nacen de una botella y ese presente continuo del Pinot Noir, su debilidad declarada.
Celebrar a los enólogos, celebrar al vino argentino
En el Día del Enólogo, que se conmemora el 7 de septiembre en Argentina, celebrar a Andrea Ferreyra es reconocer a una generación que rompió moldes y a la próxima que ya toca a la puerta.
De la madre a la hija, del viñedo a la copa, su mirada integral resume lo que necesita el vino argentino: precisión, identidad y una humanidad que no se negocia.