La cerveza acompaña al ser humano desde hace miles de años. En la Argentina, por sus características fundacionales e influencias culturales, ha estado de una u otra manera siempre presente, aunque fue recién a partir de que empezamos a transitar el último milenio que empezó a vivir su renacimiento.
Pero particularmente, en los últimos diez años, el sector cervecero nacional e independiente inició un proceso de gran transformación que configuró las bases de su identidad. Para comprender cómo llegamos hasta acá y cuál es el horizonte que está mirando el sector vamos a recorrer algunos hitos de esta espumosa historia.
La Revolución Cervecera
En primer lugar, no es posible entender el origen y expansión de la cerveza argentina independiente si no miramos hacia el norte, a Estados Unidos. En los ´80 en USA se dio un fenómeno cultural que hoy conocemos como la Revolución Cervecera. Fue la época de oro de la birra artesanal.
Este movimiento fue impulsado por un grupo de elaboradores descontentos con la calidad de las cervezas de entonces, que estaban monopolizadas por tres grandes compañías.

Motivados por la búsqueda de nuevos sabores y estilos, empezaron a producir sus cervezas de manera casera y a compartirlas con colegas y amigos. La movida se propagó a la velocidad de la luz: la Revolución Cervecera llegó a todos los rincones del país y empezaron a surgir las primeras cervecerías artesanales.
En la actualidad, algunas de aquellas cervecerías pioneras no solo siguen vigentes, sino que además son líderes del mercado estadounidense, como Anchor, Sierra Nevada, New Belgium o Sam Adams, por mencionar solo a las más representativas.
La experiencia argenta
El segundo hito lo podemos ubicar a principios de la década de 1990, cuando la onda expansiva del fenómeno cervecero que se estaba dando en el norte llegó a la Argentina.
Aquí, la dinámica del movimiento fue similar a la de Estados Unidos, aunque se dio a otra velocidad y con ciertas particularidades. La escasez de insumos, la falta de equipamiento y la dificultad de acceso a la información sobre técnicas y procesos de elaboración marcaron fuertemente el origen cervecero local.
Para Sebastián Groppa, Secretario de la Cámara de Cervecerías Artesanales de Argentina (CCAA), este fenómeno se expandió rápidamente porque “muchos comprendieron que hacer cerveza en su casa, de calidad aceptable, era algo posible”. La cerveza empezó a unir a la gente, en torno a ella muchos empezaron a juntarse para aprender, cocinar y compartir.
Mientras los cerveceros iban descubriendo y explorando este nuevo mundo, existía un público ávido de experiencias nuevas y con buen poder adquisitivo. Por entonces, pero lejos de los actuales estándares de calidad, empezaron a aparecer las primeras cervecerías como El Bolsón, Blest y Antares.
“Los cerveceros descubrieron que era económicamente rentable hacer lo que les gustaba”, dice Groppa. Aquellos que durante los 90s empezaron a hacer sus primeras cocciones en sus casas o entre amigos, hoy están al frente de las cervecerías más populares del país.
El boom de la cerveza artesanal
Muchos años tendrían que pasar todavía para llegar a la explosión de la segunda mitad de los 2000. En el medio, la Revolución Cervecera local siguió consolidándose y expandiéndose. Una nueva cultura cervecera empezaba a tomar forma.
El movimiento craft beer local se convirtió en un símbolo de comunidad, creatividad e innovación. La cerveza ya no solo era “rubia” o, como mucho, roja o negra. La frontera cultural se amplió y los paladares se iban sintiendo cada vez más atraídos por las novedades.
Se amplió enormemente la variedad de estilos y la expansión de internet permitió el acceso y la circulación de nueva información.
Así llegamos al tercer hito de nuestra historia cervecera: el “boom de la cervecería artesanal”, entre 2008 y 2010. Las cervecerías, la mayoría sin infraestructura adecuada, surgieron como hongos después de la lluvia.
En paralelo, aparecen los primeros bares especializados y se crea “Somos cerveceros”, asociación que agrupa a los birreros caseros de Argentina y que es referente en Latinoamérica.
“Durante estos primeros años la rentabilidad era extraordinaria y la demanda alta y creciente, pero la capacidad productiva no alcanzaba a satisfacerla”, dice Groppa, y explica que “las barreras de ingreso para el negocio eran inexistentes, prácticamente no había fábricas habilitadas y el negocio se desarrolló en la informalidad”.
La profesionalización del sector
Fue inevitable empezar a pensar en organizarse. Para la cervecería independiente argentina este punto de inflexión llegó a mediados de la década de 2010. Podemos señalar a este momento como el cuarto hito de nuestra Revolución Cervecera.
Para entonces el panorama cervecero había cambiado mucho. Había acceso a insumos y materias primas nuevas y de mejor calidad, se podía importar equipamiento y tecnología, los cerveceros iban a estudiar, trabajar y capacitarse a otros países. También en el ámbito local las cosas evolucionaban con la aparición de nuevos proveedores.
Todo iba viento en popa hasta que llegó la gran devaluación del 2018. Un año antes había sido creada la CCAA, protagonista destacada al conducir el proceso de acomodarse a lo que vendría.
Y para colmo de males enseguida se desató la pandemia de Covid19. El cierre de bares y las restricciones laborales y de circulación les hizo perder a las cervecerías alrededor del 95% de sus canales de venta. El cóctel de variables adversas era letal.
Además, el negocio de la cerveza está montado en un 90% sobre insumos importados y su consolidación se fue dando con costos altísimos. Muchas quedaron en el camino.
Dice Groppa sobre esos años: “La profesionalización del sector se hizo imprescindible porque no era posible competir si no había un modelo de negocio bien definido. Éramos pymes que necesitábamos sobrevivir y sobre las que pesaba la exigencia de hacer un producto cada vez mejor”.
Jugadores chicos, pero valiosos
El mercado cervecero en Argentina está monopolizado por dos corporaciones: AB InBev y CCU. Ambas controlan más del 96% del mercado. Del otro lado hay unas 2500 cervecerías independientes. David contra Goliat. Sin embargo, el impacto de éstas últimas en la industria es altamente positivo.
Las cervecerías independientes son pymes. Tienen, en promedio, entre 5 y 10 empleados y generan en total alrededor de 50 millones de litros mensuales. Además, están muy vinculadas a las comunidades de los barrios y ciudades donde se encuentran y son dinamizadoras de las economías locales.
Hoy, luego de los duros golpes de los últimos años, el sector está más consolidado y profesionalizado, y se va acomodando entre dos modelos de negocio: ultra volumen y ultra nicho.
En el modelo del ultra volumen se alinean las cervecerías que tienen una capacidad de producción de entre 150.000 a 2.000.000 de litros mensuales. El grueso de las ventas de estas empresas va por el canal de los bares y cervecerías multimarcas, y su forma de crecimiento y expansión se da a través de las franquicias o de la producción para terceros. En esta categoría entran Peñón del Águila, Hormiga Negra, Antares, Rabieta y Ortúzar, entre otras.
Por el lado del modelo del ultra nicho nos encontramos con cervecerías cuya producción puede oscilar entre los 1000 y los 20.000 litros mensuales. Este grupo tiene más flexibilidad en cuanto a la creación de estilos y variedades y el uso de materias primas e ingredientes menos habituales.
Son cervecerías que también venden la experiencia del brewpub y del taproom y entre las que podemos mencionar a Strange, Astor, Lumpen, Juguetes Perdidos, Klooster, Mur o Salmón (ganadora de la Copa Argentina de Cervezas 2023), entre muchas otras.
Sin embargo, la gran mayoría de las cervecerías argentinas se ubica en una línea promedio de producción, de entre 20.000 y 70.000 litros mensuales. Y todas, tanto la que elabora 1.000 litros como la que produce 2.000.000, pueden alcanzar el mismo estándar de calidad en el producto final. Según Groppa, hoy el sector está en “una curva ascendente y transita una etapa de un crecimiento más lógica y natural”.
Los desafíos: cartas, supermercados y exportación
La Cámara de Cervecerías Artesanales de Argentina lleva adelante varios ejes de trabajo para seguir con el proceso de consolidación del sector. Uno de ellos está vinculado a la gastronomía, un sector donde la cervecería independiente aún no consiguió penetrar. En este sentido, se trabaja fuerte en capacitación, experimentación culinaria y experiencias de maridaje para ir metiendo a la cerveza en las cartas de los restaurantes.
Otro eje tiene que ver con llegar a los puntos de venta masivos como los supermercados donde, paulatinamente, es posible ver cada vez más variedades de cervezas independientes.
La exportación es otro de los ítems que se vienen trabajando en conjunto con el Estado argentino. La CCAA ya ha participado, con el apoyo de Cancillería y la Agencia Nacional de Inversiones, en ferias y misiones comerciales a países de Latinoamérica, Europa y Asia. “Es un camino largo y complejo que lleva su tiempo, pero queremos hacerlo y estamos trabajando para eso, estamos activos”, dijo Groppa.
El otro eje importante que lleva adelante la Cámara es el Festival CervezAR, un evento colectivo que tiene como objetivo hablarle al sector y al público consumidor. Este año, la segunda edición se realizará del 15 al 17 de septiembre en La Rural, en Buenos Aires.
Groppa reconoce que durante mucho tiempo la industria funcionó como una secta que se hablaba a sí misma y a los birreros más fanáticos. Hoy el objetivo de la CCAA es seguir expandiendo la cultura cervecera y para eso tiene que abrirse, mostrarse, contar de qué se trata la Revolución.
En la actualidad, la cultura cervecera está en todos los rincones del país. En prácticamente todas las ciudades hay alguien que hace cerveza y conoce de estilos. Cada provincia tiene sus fiestas y festivales, copas, congresos, cocciones colectivas, catas y degustaciones, asociaciones cerveceras.
“Hoy entendimos que, si queremos expandir la movida, la cultura y el orgullo que sentimos por lo que hacemos, hay que hablarle al público general”, dice Groppa, que también es el organizador general del evento que promete convertirse en la gran cita anual de la movida cervecera argentina.