¿Alguna vez se te ocurrió caer a la heladería de tu barrio con tu propio envase? ¿Pensaste en rechazar el pote de telgopor que probablemente termine en la basura o, con un poco de suerte, en un tacho de reciclables e ir con tu bowl?
Quizás la primera vez que lo hagas del otro lado del mostrador pongan cara de confusión, pero a la segunda o tercera compra en la que lleves tu propio recipiente ya te van a reconocer con una sonrisa y hasta quizás consigas un apodo gracioso.
Algo así fue lo que le pasó a La loca del taper, también conocida como Dafna Nudelman, una influencer del bien que intenta llevar una vida sustentable, generando la menor cantidad de residuos posibles.
Probablemente tener una vida Zero Waste -o sea, sin crear basura a cada paso que damos- sea imposible y bastante incompatible con la rutina urbana, pero hay algunas costumbres que podemos modificar para no empeorar el estado del planeta. Por ejemplo, reemplazar algunos de nuestros descartables.
Las heladerías, panaderías, restaurantes, dietéticas, almacenes y los locales de comida por peso son algunos lugares que sin dudas recibirán nuestros envases. Pero ser más amigable con el ambiente no es el único beneficio que vamos a encontrar: acá te contamos 5 razones por las que deberías incorporar esta práctica.
Las mejores razones para llevar envases herméticos
- 1. Generamos menos residuos
- 2. Te llevás la comida cuando sobra
- 3. Te resuelve el almuerzo en el laburo (o donde sea)
- 4. Te ayuda a ahorrar
- 5. Vas a liderar movidas
Cada vez que nos acercamos a algún local a comprar comida, ya sea para comer en el momento o cocinar más tarde, nos vamos a encontrar con plásticos de un solo uso: una bandejita, una bolsa o un paquete sellado. Los alimentos en Buenos Aires se venden envueltos en este material que dura poco en nuestras manos y mucho en la basura.
Ya hace rato en la ciudad casi no se entregan bolsas plásticas con las compras y como consecuencia nos vimos obligados a salir con opciones de tela o meter las cosas en la mochila, cartera, riñonera o -si sos medio cuelgue- hacer malabares para llevarlas en la mano.
Siempre podemos dar un paso más y acá es donde entra la propuesta de Dafna: “Como consumidores, podemos tomar decisiones más responsables al elegir rechazar opciones que consideremos que no estén alineadas con la mentalidad de reducir la cantidad de residuos”, dice.
Igualmente, ella reconoce que es importante contextualizar estas acciones dentro de nuestras propias vidas para que no se vuelvan una sobrecarga. Además, también es necesario que existan “políticas que se encarguen de regular los materiales, los diseños y los envases que circulan”, agrega.
¿A dónde puedo llevar mi envase?
En realidad, a todos lados. Este es el momento para dejar que la imaginación fluya y no permitir que la vergüenza por hacer algo fuera de la norma nos domine.
Como dijimos antes, Dafna se ganó el apodo cuando cayó a la heladería de su barrio con uno de estos recipientes, dispuesta a que le sirvieran ahí el helado. Incluso, hace algunos años, un par de heladerías se coparon con esta idea y ofrecían 10% de descuento si llevabas tu propio envase.
Otra buena opción son las panaderías: en vez de seguir juntando bandejas de cartón y papeles de envoltorios, te llevás el bowl para trasladar las medialunas. Al tener cierre hermético, no vas a tener drama con que se humedezcan los panificados.
Este mes se cumplen tres años desde que apareció en Argentina el primer supermercado que busca eliminar todos los plásticos de su circuito, llamado Cero Market.
Ana Pierre y Juan José Bartolomé, los fundadores, sentían que “los consumidores responsables son cada vez más” y querían mejorar sus condiciones de compra. Es decir, instalar un lugar donde los clientes pudieran encontrar todo lo que buscaban y además evitar generar residuos.
En Cero Market podés encontrar productos de higiene personal, cereales, decoración, limpieza, galletitas, frutos secos, especias, dulces y hasta venden unos frascos de vidrio con las cantidades justas para cocinar galletitas, woks, chipas, hamburguesas vegetarianas, risotto, panqueques, budines y más.
Actualmente tienen locales en los barrios porteños de Belgrano y Recoleta; en Monte Grande, provincia de Buenos Aires; y en las ciudades de Rosario y Salta.
Otras buenas alternativas para ir con tus recipientes son las verdulerías y las dietéticas, dos lugares que desbordan de bolsas de plástico innecesarias.
En tiempos donde los bodegones se han vuelto el nuevo boom y los platos abundantes te esperan a la vuelta de cada esquina, es bastante usual que no logres terminar lo que te sirven.
Esa milanesa napolitana con papas fritas estaba increíble, pero no te entra un bocado más. Y todavía queda media tortilla de papa. ¿Vas a dejarla? Claro que no. Sacás el envase de la mochila y llamás al mozo para que te guarde las sobras.
Y si te da vergüenza pedirle al mesero, podés pasarlo vos mismo al contenedor, como esta chica.
Listo, ya tenés la próxima comida resuelta.
Samurai de Ensaladas es conocida en redes sociales por mostrar sus recetas veganas y sencillas, de esas que te solucionan la comida en dos minutos. Pero además es militante del envase propio.
Hace ya varios años popularizó el hashtag #Orgullo, donde ella y sus seguidores comparten imágenes de la comida que llevan al trabajo o cualquier otro lugar donde pasen el día.
“Mi propuesta pasa por comer lo que quieras en el momento que quieras. Me llevo al laburo el envase. Si vas a estar muchas horas fuera de casa, te da libertad y autonomía”, dice Samu.
Y si tenés una rutina ajetreada, podés comer en la oficina, en el bondi, en la plaza, sentado en la puerta de un edificio, en el subte o hasta caminando. Todo depende de la practicidad o no de lo que hayas elegido para poner dentro del contenedor.
Su tip como defensora orgullosa de estos accesorios es que hagas una buena inversión: comprá en varios tamaños, elegí los que te gusten para que no te dé vergüenza mostrarlos y lo más importante: ¡fijate que cierren bien!
Ah, no te olvides de llevar cubiertos.
¿Qué comidas son aptas envase portátil?
Si el recipiente es bueno, cualquier comida podría adaptarse al traslado. Pero para evitar algunos riesgos, siempre es mejor no llevar líquidos. Quizás la sopa es mejor tomarla en casa.
Si el plato es muy aceitoso, puede llegar a generar algunos derrames. Por eso también siempre es una buena opción envolver el bowl en un repasador, o elegir otro menú.
Y si querés hacerla extra fácil, mejor recurrir a comidas que no requieran cubiertos, como sandwiches, muffins, bastoncitos de verdura, pizza o empanadas. O sino algún salteado o ensalada, con los pedacitos ya cortados, para que solo uses el tenedor.
Salir a comprar el almuerzo (o cena), o pedir por delivery cinco veces por semana puede volverse un presupuesto importante. Y muchas veces terminamos comiendo mal o poco variado.
¿Cómo se resuelve esto? Con un envase propio.
“Cada uno gasta en lo que puede y quiere, pero creo que podría extenderse la práctica de cocinar un poco más a la noche y llevártelo al día siguiente, porque la relación costo-beneficio es conveniente. Entiendo que da fiaca cocinar, yo no hago meal prep, pero sí una porción extra para llevarme”, dice Samurai.
Si cocinar no es para vos, siempre podés recurrir a los locales de comida por peso, que son bastante más económicos que sentarse en un restaurante y permiten elegir las cantidades que quieras de cada cosa.
Por ejemplo, Pranzo tiene locales en Palermo y Puerto Madero, donde podés encontrar platos variados, saludables y muy tentadores: guiso de lentejas, verduras asadas, pizza, focaccia, pastas, bombas de papa, ensaladas y mucho más.
No hace falta decir que en Pranzo, como en cualquier otro lugar de comida por peso, podés llevar tu propio envase para cargarlo con tu almuerzo.
Por llevar un bowl personal a un local gastronómico no te vas a convertir en pionero de la movida medioambiental, pero hay que reconocer que todavía es una práctica poco incorporada.
Así que es muy probable que en los lugares donde apliques esta técnica del ahorro (de dinero y de residuos), la gente empiece a recordarte.
Si sos de los que siempre quiso volverse habitué del café del barrio y que los mozos ya sepan qué vas a pedir cuando llegás, probablemente de esta manera estés un poco más cerca de ser memorizado en un mar de caras.
Podés comer lo que querés, más sano y variado, sin hacer filas, sin esperar al delivery, gastando menos y sin sumar un daño más al planeta. Negocio redondo como una pizza.