Las primeras uvas Criolla que hubo en el Valle Calchaquí, en Salta, fueron traídas por misioneros católicos para elaborar vinos de misa, a principios del siglo XIX. Les preocupaba producir en cantidad, y por eso intercalaron variedades tintas y blancas sin mucho orden, aunque en un lugar estratégico: eligieron un sitio único, sobre el lecho de antiguos ríos, con suelos aluvionales y ricos en materia orgánica y minerales.

Pero lo maravilloso no es solo el pasado de ese terroir, sino el presente: los viñedos de bodega Colomé cuentan hoy con muchas de aquellas viñas en sus plantas originales.

Precisamente, del viñedo de Santa Jacoba provienen las uvas con las que se elaboran los Colomé 1831 Oldest Vines, una de las etiquetas más icónicas de la bodega. Sus ingenieros agrónomos utilizan en este viñedo Pre-Phylloxera, un método de poda equilibrado y un sistema de riego que busca darle mayor amplitud y profundidad de humedad al suelo. La distancia entre las hileras también es inusual ya que alcanza los tres metros, lo cual hace que las vides estén más expuestas al sol.

Como consecuencia, las uvas tienen una piel más gruesa que luego definirá un color rotundo en la copa y brindará taninos redondos e integrados.

Pero además esa separación permite el paso seguro de las 400 ovejas que recorren el lugar. Estos animales mantienen el verdeo corto, ayudan a desmalezar y aportan el abono natural que contribuye al balance de la naturaleza y las prácticas sustentables.

“La ubicación de este viñedo es única: está rodeado por un bosque, algunas laderas altas y la bodega. Ese entorno lo protege y forma un ecosistema que hizo posible que estas plantas de más de 190 años hayan evolucionado hasta dar uvas de altísima calidad, que son la base de un vino muy complejo y con mucha estructura”, define Andrés Höy, Gerente de Finca Colomé.

Junto con Thibaut Delmotte, Gerente de Enología, Höy camina el viñedo periódicamente y ambos tratan cada planta de forma individual. “Eso nos brinda estabilidad y un equilibrio natural que se refleja en la uva. Acompañamos a la naturaleza, identificamos la necesidad de cada planta y generamos las condiciones óptimas para su desarrollo”, detalló.

“La cosecha es manual y quienes la realizan se entrenaron durante años para identificar cada cepa que habita en ese caos maravilloso y prolífico. Solo las mejores uvas Malbec y Cabernet Sauvignon serán parte de los Colomé 1831 Oldest Vines luego de una exhaustiva selección, y el resto será destinado a enriquecer otros vinos de la bodega”, subrayó el Gerente de Finca Colomé.

viñedos de bodega Colomé
Andrés Höy.

Los viñedos de bodega Colomé

La bodega, nacida a partir de las vides de Malbec y Cabernet traídas de Francia por Ascensión Isasmendi, es una de las más antiguas de Argentina que aún sigue produciendo.

De espíritu pionero y decididos a unir el vino y el arte, Donald y Úrsula Hess realizaron un viaje por el Nuevo Mundo que los llevó a enamorarse de Colomé y en 2001 se hicieron cargo de lo que era un diamante en bruto.

Lo que serían la finca y los viñedos de bodega Colomé estaban muy deteriorados y requerían muchas ganas de trabajar, determinación y un poco de locura. Tenían todo.

¿Cómo pretendían cultivar una tierra donde no había agua? Nadie creía en el éxito de esa empresa. Pero después de mucho excavar, ante la mirada sorprendida de los que lo rodeaban, el agua apareció.

Hoy, en ese terroir crecen los viñedos de El Arenal, que deparan algunos de los mejores vinos de altura extrema del mundo.

Donald y Úrsula aún recuerdan que, al principio, para hablar con sus hijas, debían manejar una hora hasta Molinos, el pueblo más cercano, donde el carnicero local tenía el único teléfono del lugar en funcionamiento. Tampoco había calefacción y dependían de los generadores para tener electricidad, pero la salvaje belleza del lugar los conquistó.

En 2003 lanzaron su primer vino, un Malbec, elaborado en los antiguos tanques de concreto de Bodega Colomé; luego construyeron un nuevo establecimiento que combina la tradición artesanal de la zona con modernas tecnologías. También crearon la estancia de 9 habitaciones que hoy disfrutan los huéspedes y los visitantes que se acercan a conocer este distante y maravilloso rincón del mundo.

viñedos de bodega ColoméPerseverancia que da frutos

Los históricos viñedos prefiloxéricos y de gran altitud de Santa Jacoba, El Orno, El Porvenir, Palo Marcado y San José, plantados en una superficie de 15 hectáreas, han resistido majestuosamente el paso del tiempo y han hecho de este terruño su hogar.

“Estamos asombrados de su resistencia y perseverancia y de la increíble calidad de la fruta que todavía nos ofrecen. Para rendirles todo nuestro respeto, hemos creado la línea Colomé 1831, con un Malbec puro y, más recientemente, un Cabernet Sauvignon puro”, subrayan Larissa y Christoph Ehrbar, actual generación de dueños de la bodega, e hija y yerno de Úrsula Hess.

Las uvas que dan origen a ambos vinos provienen de vides con raíces profundas, tras años de haber buscado lo que necesitaban. “No hacemos ninguna intervención más allá del riego, el abono y su poda anual, pero recorremos el viñedo frecuentemente para acompañar su ciclo. Caminarlo y probar las uvas es crucial para detectar las mejores plantas y encontrar el punto justo de madurez para la cosecha”, explica el winemaker Delmotte.

Los casi bicentenarios viñedos de bodega Colomé se unen al uso de la mejor tecnología para conseguir el resultado perfecto. Se consigue con una fermentación tradicional, muy suave, ya que las uvas son muy equilibradas y no requieren una gran extracción. En el caso del Malbec, la crianza es de 18 meses en barrica de roble de primer y segundo uso, y para el Cabernet Sauvignon se acorta a 12 meses.

“El Malbec -dice Delmotte- posee un perfil aromático típico de Colomé: mucha fruta negra combinada con fruta roja como moras, ciruelas, un poco de cereza y frambuesa, y mucha especia donde destaca la sutileza de la pimienta. El 1831 tiene una nariz compleja, con un toque floral y una agradable frescura. El color es clásico del Alto Valle, muy profundo, con matices violetas, casi negro”.

El enólogo considera que esta etiqueta tiene una muy buena frescura natural gracias a una planta tan antigua que brinda una uva muy equilibrada. “El suelo arcilloso y aluvional aporta un gran volumen en boca que combinado con la frescura da como resultado un vino equilibrado, de larga persistencia y muy buena estructura tánica. Este Malbec es ideal para acompañar carnes asadas o un estofado, un plato con presencia”, recomienda.

En el caso del Cabernet Sauvignon, al ser viñedos viejos se logra un vino de muy buen color que vira hacia el rubí.

“En nariz, de entrada domina el especiado, y luego predominan la albahaca y el tomillo con la pimienta bien clásica de Colomé. Después aparece la fruta negra que equilibra y se combina con el tostado de la barrica, un poquito más marcado que en el Malbec. En boca, tiene un lindo principio, bien frutado, muy buena acidez, y es más ligero. Es un vino con una capacidad de guarda que podría llegar a los 20 años, e ideal para acompañar carnes más bien fuertes como un cabrito y guisos poderosos, como un locro”, propone.

viñedos de bodega ColoméMáximos, en altura y calidad

Fueron aquellas viñas viejas, entre otros atributos únicos de Finca Colomé, las que en 2001 fascinaron a los padres de Larissa y los motivaron a despertar a Finca Colomé de su letargo.

Desde entonces, han seguido desarrollando ese mágico lugar. Añadieron 55 hectáreas de viñedos y construyeron un museo de arte y una iglesia para la comunidad local de Colomé.

En un aventurado viaje de tres horas en 4×4 desde Finca Colomé, en otra zona del Valle Calchaquí, también crearon el que en ese momento fue el viñedo más alto del mundo.

En la actualidad, Altura Máxima produce uno de los vinos Malbec mejor valorados de Argentina, junto con excepcionales Pinot Noir y Sauvignon Blanc.

“Es una gran alegría, un honor y una responsabilidad continuar con la visión de mis padres. Junto con nuestro equipo de profesionales de toda la vida, seguimos produciendo con pasión y de forma sostenible vinos excepcionales de altura, con la ilusión de transmitirlo algún día a la siguiente generación”, sostiene Larissa.

Los viñedos de bodega Colomé son tan pródigos que van de la copa al plato. “Tenemos uvas con las que hacemos exquisitos arropes, pero además uno de los postres más reconocidos de nuestra carta es un Nougat de vino al Malbec, delicia de nuestros visitantes. Hacemos una cocina evocativa, que habla no solo gracias a nuestro terroir único sino también a las recetas transmitidas de generación en generación a nuestros chefs”, destaca Patricia Courtois, Consultant Chef de la bodega.

Así, la historia de Colomé y sus uvas se cuenta en cada uno de los vinos que reflejan la riqueza de los Valles Calchaquíes y la generosidad de la tierra. Y todavía les queda resto para deslumbrar más allá de las botellas.