Bosque, de noche. Estrellas y árboles de fondo. Música de suspenso. Un grupo de jóvenes rodea una fogata y cuenta historias de terror. Sobre el calor del fuego, unas ramas sostienen galletitas que aprisionan algo blanco y de consistencia dudosa. No sabés qué es pero tenés ganas de probarlo.

Son gomosos, pero no son chicles. Vienen de varios colores, aunque no son caramelos. Se deshacen en la boca, pero son tamaño mini, no como los interminables copos de nieve. Y se suelen derretir para acompañar algunas comidas, sin ser chocolate. ¿La respuesta a este acertijo? El foráneo malvavisco. ¿La noticia? Tiene DNI argento.

Demos un mordisco a Gam! malvaviscos. 

gam! malvaviscos

Sí, la famosa golosina de las películas extranjeras es bastante diferente del gusto tradicional argentino. Sin embargo, se instaló en los kioskos locales a principios de los 2000 gracias a Gam! malvaviscos! y convive con nosotros hace dos décadas. ¿Quiénes son estos visionarios que nos abrieron el paladar a un nuevo mundo azucarado?

Gam! malvaviscos: endulzar tiempos amargos

Gam! malvaviscos nació como una importadora de alimentos en 1999. Actualmente está en el Top 3 de este rubro, compitiendo con La Dolce SRL e Importadora Sudamericana, pero se distingue porque además produce sus propios dulces. 

La familia Estévez, fundadora de la empresa, tuvo olfato para detectar una oportunidad: a los argentinos les faltaba una golosina gomosa y empezaron a importar malvaviscos desde Brasil. 

Pero el 2015 marcó un antes y un después para la compañía. Sus dueños decidieron producir en el país. Abrieron una planta en Pilar y se convirtieron en los primeros fabricantes de malvaviscos argentinos. 

gam! malvaviscos

 

La producción local no trajo mayores problemas, porque la materia prima del malvavisco es bastante accesible en el país: azúcar, gelatina y clara de huevo. Aun así, requirió de casi un año encontrar la fórmula exacta para que no se pegoteen. 

Su línea de malvaviscos Buffys es la más extensa en presentaciones, colores y sabores: chiquitos y blancos, tricolores, con forma de corazón, rellenos, extra grandes, de fresa, chocolate, limón y hasta combinados. 

Durante el apogeo del malvavisco en Argentina, entre 2017 y 2018, no solo los kioskos los vendían. Todas las cadenas de supermercados tenían este dulce y las casas de cotillón empezaron a sumarlos a sus góndolas, para decorar tortas y armar Candy bares. Incluso hace poco Gam! subió a sus redes sociales algunas recetas para recrear con su línea Buffys. 

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“El mercado de malvaviscos fue tan grande que se interesó hasta Arcor”, dice Horacio Grassia, Key Account Manager de Gam!. Durante esos dos años fue el boom de estas golosinas en el país: “De ser los únicos importadores, pasamos a ser cinco marcas que trabajábamos malvaviscos. Nosotros no dábamos abasto con la producción nacional, por lo que a la vez importábamos”, explica Grassia.  

El éxito del malvavisco entre los argentinos fue gracias a los más chiquitos: “Prácticamente no hay publicidad de este producto. Su alcance tiene mucho que ver con la penetración cultural, la Navidad, Halloween. ¿Cómo no van a consumirlos si aparecen en cada película y cada dibujito que ven?”, reflexiona el ejecutivo. Y para comprobar este punto, basta con reparar en el detalle de que algunos de estos dulces de Gam! tienen imágenes de Hello Kitty y de Los Simpsons. 

Algunas variedades no tuvieron tanto éxito como para permanecer en el mercado. Por ejemplo, unos malvaviscos de forma cuadrada y con sabor a chocolate.  “Los lanzamos como una edición limitada en su momento y así quedó”, explica Grassia. 

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Cambios de hábitos

Hoy Gam! es líder como importadora de golosinas en Argentina y una de las pocas que sigue produciendo malvaviscos. Después del éxito de 2017 y 2018, las ventas bajaron por varias razones. El precio del dólar volvió poco rentable la importación y más tarde por la cuarentena los números cayeron. 

A su vez, hace cuatro años, cualquier variedad de malvaviscos Buffys costaba cerca de $25 la bolsita de 200 gramos en un comercio mayorista. Actualmente, el mismo envase ronda los $170. O sea, casi siete veces más.  

Pero hay un cuarto motivo: el cambio de hábito en el consumo de golosinas. Según Grassia, no solo bajó la cantidad de dulces que se comen sino que también se modificó la vía de comercialización. “Antes la principal boca de venta de golosinas eran los kioskos pero, por la pandemia y de la crisis económica, esos locales se están transformando en golotecas”.

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Estos puntos de venta suelen vender golosinas sueltas, en mayores cantidades. “La gente tiene la percepción de que compra más barato (y de hecho, es así) y quien vende a granel tiene más ganancia porque coloca más volumen”, explica Grassia. Y en la elección de caramelos al peso, los malvaviscos quedan relegados ante otros que son más variados o más gustosos. 

Otro cambio de hábito importante es la tendencia al consumo más saludable. “Muchos productos que importamos tienen el semáforo de salubridad en el empaque, según la cantidad de azúcar. Acá todavía no está implementada la Ley de etiquetado pero hay claramente una movida en ese sentido”, anticipa. Los efectos del consumo saludable y las demás razones que llevaron a la merma se dejan ver: en el 2020 se vendió sólo la mitad de la producción de malvaviscos disponible.

Un catálogo particular en Gam! malvaviscos

Pero además de resistir con sus productos importados, Gam! produce golosinas bastante particulares para el gusto local. A su caballito de batalla, los malvaviscos Buffys, le suma desde su planta de Pilar las Kroomy, que son mini bandejitas de crema de avellanas que se come a cucharadas y vienen en distintas combinaciones de sabores: chocolate con leche, frutilla o chocolate blanco. 

Originalmente también se importaban de Brasil, pero ahora forman parte del staff de productos locales, por su gran demanda. “Es bastante más saludable que el malvavisco. Está hecha con leche y es nuestro segundo producto más vendido a nivel nacional”, describe el Key Account Manager.

Mag Jr. es otra de sus golosinas de elaboración y marca propia: una línea de caramelos “acilíquidos”, de varios colores y sabores, con la particularidad de ser interactivos. Su envoltorio juega con la idea del universo espacial: es una cápsula con forma de nave y sus dulces son una especie de gusanos mutantes que hay que mojar en el líquido ácido antes de comerlos. “En los productos interactivos, la golosina no es lo más importante”, admite Grassia. En este caso, después de comer el caramelo, el envase sirve, por ejemplo, para hacer formas en la arena. 

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Algunas otras rarezas de esta empresa local son los sticks de caramelo masticables y los chicles Agogó en bolitas duras y coloridas, muy vistos también en las típicas películas estadounidenses.

Pero no todo es azúcar pura: también hay una línea chocolatosa que es importada desde Turquía y tiene formas muy peculiares. Elvan, por ejemplo, tiene bombones con forma de abejitas, vaquitas de San Antonio, pelotas de fútbol y animales marinos. 

Están rellenos con compound, “un compuesto chocolatoso que resiste más a los cambios de temperatura que el propio chocolate”, según explica Grassia. También traen desde Turquía conos de galletita Minicco con crema de maní o nuez, y huevos de chocolate con sorpresas.

Para este año, Gam! malvaviscos tiene en carpeta el proyecto de lanzar alfajores.