Estos son los mejores enólogos argentinos destacados en el Informe Malbec 2020:

  • Sebastián Zuccardi
  • Hans Vinding Diers
  • Alejandro Sejanovich
  • Matías Riccitelli
  • Andrés Vignoni
  • Gonzalo Carrasco
  • Juan Pablo Murgia

El año pasado inauguramos este pequeño hall of fame donde ponderamos más a las personas que a los vinos que elaboran. El camino para elegir los mejores enólogos argentinos es bastante sencillo: aquellos enólogos o productores que, con las catas terminadas y el reporte en proceso de redacción, decantan por sus méritos. Si Alejandro Vigil en 2019 resaltó entre los más taquilleros, este año con cuatro vinos TOP50 no puede menos que recibir de nuevo esta mención. Sin embargo, otros productores también emergen en escena con brillo propio.

Mejores enólogos argentinos

Cuatro estrellas bajo los spots

Mejores enólogos argentinos

Sebastián Zuccardi y la gravitación de las ideas

En la vida hay pocos momentos en los que se conjugan el empuje y la capacidad de hacer con una reflexión que guíe esos movimientos. Si usáramos un diccionario inverso a esas epifanías deberíamos llamarlas madurez. Ningún término más justo para describir el trabajo que hace hoy Sebastián Zuccardi, director técnico de la familia y de un equipo de profesionales enfocados en expandir las fronteras del vino hacia nuevos territorios. Y con territorios no sólo hablamos de terroir, sino también de estilos y formas de elaborar.

Cuando en 2014 apareció el primer Concreto se delineaba una nueva frontera para Zuccardi. Se trataba de un vino de lugar –Paraje Altamira–, de una interpretación técnica –elaboración en hormigón, sin madera–, y de un camino definido por una frase muchas veces escuchada pero pocas veces ejecutada. “Hacer menos es hacer más”, decía Zuccardi, pero para conseguir ese nirvana hay que entender en profundidad. Esa brújula termina de cuajar en la cosecha 2018, cuatro años más tarde y con dos cosechas complejas como la 15 y la 16 en el medio, en una praxis.

Son pocos, muy pocos, los productores que elaboran razonando sobre su hacer. Si hay una símil que describa el efecto producido por esa praxis es la del sistema solar: cada vino embotellado sigue una órbita en relación al corazón del sistema, una suerte de gravedad que ajusta cada movimiento y cuya maravillosa precisión nos quita el aliento. Así, entre los TOP50 de este año, los planetas mayores son Concreto 2018, la materialización de una tesis; Aluvional Paraje Altamira 2016, la concreción de un ideario sobre un lugar y sus interpretaciones; y Finca Piedra Infinita 2017, el colofón de ambos circunscritos a un concepto tan propio y potente como el de Finca.

El resto, desde Polígonos y Zuccardi Q, por mencionar solo dos niveles de precio, exploran los mismas filones en mercados más competitivos. Sospechamos, y con fundamentos, que en los próximos años las fronteras del sistema Zuccardi se expandirán en nuevas direcciones. La sola idea nos produce sed.

mejores enólogos argentinos

Hans Vinding Diers: el camino de la vida

Se define como un hombre del mundo. Nació en Sudáfrica, hijo de padre danés y madre inglesa. Formado en Burdeos con una familia de alcurnia vínica –Peter Sisseck, fundador de Pingus en Ribera del Duero, es su primo–, Hans Vinding Diers es un vikingo de peluche: tipo bueno y de risa contagiosa, detrás de sus anteojos de marco grueso se esconde una mirada curiosa y chispeante que sabe sacar lo mejor de las uvas. Es la misma mirada que aplica para su Noemia Malbec 2018, el vino que nos voló la cabeza este 2020.

Aunque ciudadano del mundo, Hans está a punto de cumplir 20 vendimias en Patagonia (será con la 2021) y tiene más cosechas que años de vida: es lo que le sucede a un enólogo que trabajó los dos hemisferios del globo desde 1998. En esas carambolas de la viña, llegó a Río Negro como asesor de Canale (“Creía que venía a Mendoza y cuando llegué me di cuenta de que no había montañas”, nos dijo una vez) y se afincó en el Alto Valle para hacer su bautismo argentino. Primero como golondrina enológica, luego echando raíces en 2004 con la compra de la chacra de 1932 que dio vida a Noemia y, al cabo de las vueltas, en 2016 se quedaría a vivir para siempre entre bardas, con su esposa e hijo.

Por eso, quienes seguimos en las catas a este Malbec fuera de serie nos damos cuenta de que resulta la parábola perfecta: mejoró y ganó mucho, muchísimo, cuando la vida se afincó en la chacra, cuando el manejo orgánico y prácticamente natural pudo ser un trabajo tan primoroso como el de una jardinería dedicada. Serán esos mismos ojos curiosos, será que como vikingo se le da bien la exploración de nuevos horizontes… Cualquiera sea el caso, Hans Vinding Diers tiene sobrada cancha local para sentirse a sus anchas en el Malbec.

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Colo Sejanovich: la energía sin fin

A Alejandro Sejanovich no lo conoce casi nadie. Como suele pasar en la vida, lo que te nombra es un detalle que se convierte en tu firma: el Colo Sejanovich es el famoso. Motivos para serlo no le faltan.

Dueño de una energía infatigable –sólo lo hemos visto a media máquina cuando se apuna por Humahuaca–, el Colo tiene tantos kilómetros en su haber como curiosidad por explorar el mundo del Malbec. Con criterio propio elabora uvas de Uspallata en un estilo singular, produce vinos en el Cafayate caliente como si fuera una zona fría, y embotella tantas parcelas en el Valle de Uco que estamos seguro de que la obsesión por encontrar un sabor diferente y deslumbrante es el motor de sus búsquedas.

Citemos tres vinos del TOP50 para dar testimonio: Zaha Malbec 2017, una interpretación fina de Paraje Altamira que subraya el carácter de frescura; Teho Grand Cru Les Parquerettes Malbec 2016, una fracción de suelos limosos en La Consulta que propone la interacción del tanino y la frescura como eje; y FEDE Malbec 2015, que elabora junto a Matías Prieto con uvas de Alto Agrelo, que destaca por un tono mild en una región que va por la intensidad y el cuerpo. Tres tintos categoría caño, cada una a su manera, con un fino sello de agua que es la marca del Colo: vinos que no aprietan ni tienen durezas, que dan más ganas de beber aun cuando te plantean preguntas.

En nuestra opinión, más allá de los kilómetros y la capacidad interpretativa, lo que distingue a Colo Sejanovich de muchos productores de su generación es que embotella solo los vinos que le gusta beber. No es poco mérito. Con uno más que es el que termina de darle la buena fama que más le gustaría tener a Alejandro: el don de gente. Y damos buena fe de ello.

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Matías Riccitelli: creatividad como norte

Riccitelli es un apellido con aroma de vino. Por eso, cuando Matías continuó los pasos de Jorge –su padre– a nadie sorprendió el notable talento del hijo. En pocos años, sin embargo, esta astilla de tal palo ha demostrado capacidad fina y destreza en varios terrenos del quehacer vínico. Por poner dos ejemplos bien distantes: las exhibió en la creación de marcas, con nombres como República del Malbec, Tinto de la Casa y Kunfú, y también en la precisa formulación estilística que va de un Malbec clásico a un eléctrico modernizante. 

Matías nació en Cafayate en 1980, cuando Jorge Riccitelli era enólogo en Etchart. Entre 2004 y 2009 realizó vendimias en Europa, Oceanía y América del Norte, siendo el enólogo al frente de Fabre Montmayou. Cumplida esa etapa, emprendió el camino propio. Y en poco tiempo empezó a embotellar tintos y blancos que sorprenden y lo llevaron a ser uno de los protagonistas creativos de nuestro medio: primero con Riccitelli Vineyard Selection (hoy llamado Viejas viñas de pie franco) y The Apple Doesn’t Fall Apart From the Tree (que se traduciría no literalmente como “De tal palo tal astilla”), para no redundar en los que brillan con luz propia en nuestro TOP50 como República del Malbec 2018, Tinto de la Casa Malbec 2019 y Riccitelli Old Vines Patagonia Malbec 2018.

Desde 2013 elabora en la bodega familiar ubicada en Las Compuertas, Luján de Cuyo, donde en vendimia lo podés encontrar subido a una pileta haciendo un pisoneo.

Tres sub 40 a los que seguir

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Andrés Vignoni: la precisión al poder

Andrés “Mono” Vignoni, como se lo conoce en el mundillo, es un tipo enfocado. Al frente de Viña Cobos desde la vendimia 2015, bajo la meticulosa dirección de Paul Hobbs ha sabido darle su impronta a la bodega de Luján de Cuyo. Lo hizo tanto en la precisión que exige la casa para sus Malbec de crianza –donde el trabajo fino con la madera ha dado grandes resultados–, como en la cualidad creciente de algunas innovaciones, entre las que mencionamos el fantástico Pinot Noir de Río Negro que lanzó este año en la línea Bramare.

Nacido en 1988, empezó como enólogo con Mauricio Lorca en 2009 y, a la fecha, lleva realizadas 20 vendimias, entre Argentina, Nueva Zelanda, Italia, EE.UU., Francia y España. Los que lo hemos tratado sabemos de su elevado nivel de exigencia. Muy en la escuela de Hobbsiana, mira el detalle como si fuera el todo sin perder de vista el todo que hace a una botella de detalles. Para saber de qué hablamos, servite una copa de y brindá con el Mono. 

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Gonzalo Carrasco: pureza de un estilo

Es el nombre a retener. Trabaja en Terrazas de Los Andes desde 2011 pero, como en todas las corporaciones, es menos un rostro visible de un equipo que unas manos ejecutoras. Hasta ahora, al menos. Porque desde este diciembre de 2020 es Head Winemaker de la casa, un muy merecido reconocimiento. Buena parte de lo que probamos este año y que nos dejó boquiabiertos son ajustes que fue haciendo junto con el equipo de Terrazas para llegar a vinos pulidos, elegantes. Si para muestra basta un botón, en este muestrario hay tres: Terrazas de los Andes Single Parcel Licán (Los Chacayes), Single Parcel El Espinillo (Gualtallary) y Single Parcel Los Castaños (Paraje Altamira). Cada uno es un exponente de lugar, de enología bien pensada y de atención al detalle.

Tan apasionado de la bici de montaña como piñón fijo de la viña, te lo vas a cruzar bajando los cerros, trepado a las barricas o grabando un video sobre terroir, altímetro en mano, y con mirada atenta a la cámara. Dentro de unos años acordate de esto que te dijimos hoy, porque hay Carrasco para rato.

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Juan Pablo Murgia: con la brújula orgánica

Entre los sub 40, Juan Pablo Murgia es casi un veterano: con una carrera meteórica, hace dos años saltó de Bodega Vistalba a Argento, hoy Grupo Avinea, el conglomerado de bodegas del empresario Alejandro Bulgheroni. Tiene la responsabilidad de llevar adelante la estrategia y elaboración de los muchos y muy diferentes vinos que produce con la asesoría de Alberto Antonini: Otronia en Chubut, Argento y Cruz de Piedra en Mendoza. 

Pero si hablamos de estrategia no fue en vano. Avinea quiere convertirse en el principal productor de vinos orgánicos del país, por lo que, contrariamente a lo que se piensa, el trabajo de Murgia como director técnico de este concierto está enfocado a fortalecer la fertilidad de los suelos. 

Entre tanto, nos regaló algunos vinos de una deslumbrante relación calidad-precio, como Argento Malbec, y otros de singular expresión de terroir, como Argento Single Vineyard Paraje Altamira & Agrelo.