Bajo sus altos gorros blancos, los chefs profesionales no solo tienen pelo mal teñido, calvicies incipientes o un ratón que les da instrucciones como en “Ratatouille”: también tienen la formación, la experiencia, el talento y las habilidades ganadas con años de esfuerzo y durísimo trabajo.

Por otro lado, el cocinero casero promedio no siempre usa gorro ni sombrero y, a falta de estudios, se basa en la intuición, la instrucción de un libro de cocina, lo que ha absorbido viendo todo tipo de programas, improvisando y esperando lo mejor. ¿Pero esto sale siempre bien? Hmmm. 

errores en la cocina

Y no. Hay montañas o verdaderos tsunamis de errores en la cocina, fallas y metidas de pata comunes en todos los aficionados y en todos los hogares que se cometen con total libertad, alegría e inconsciencia. Porque, admitámoslo, uno cocina en su casa no solo con el entusiasmo que le despiertan los cocineros de la tele y las ganas de hacer lo que hacen, sino también con la tranquilidad –y por qué no, la impunidad- de que nadie va a venir a criticar sus pedestres equivocaciones, a no ser que viva con un/una chef, o que finalmente haya logrado incendiar el edificio al cocinar unas crepes suzette y el consorcio no esté muy feliz que digamos. 

errores en la cocina

Todos nos mandamos macanas de todo tipo y factor al imitar a Donato, Dolli o Gordon Ramsay: agarramos una sartén caliente con un repasador húmedo y nos quemamos hasta el occipucio, confundimos el azúcar sin etiquetar con la sal y arruinamos el goulasch, echamos las futuras papas noisette en aceite todavía frío y nos salen horribles… Invitados quedan todos entonces a repasar esta docena de errores en la cocina, torpezas, macanas, pifias, desatinos y metidas de gamba hasta el cuadril típicas que los aficionados suelen perpetrar al imitar a los chefs de la pantalla chica, con la esperanza de que los iluminen para sacarles las castañas del fuego y tener –con algo de criterio– la sartén por el mango.

Errores en la cocina típicos

  1. No leer la receta hasta el final. Antes de comenzar a cocinar, asegurate de a) tener todos los ingredientes, b) estudiar cada paso y prever los tiempos y c) descifrar instrucciones que puedan resultar confusas. De esta manera, no te vas a encontrar mirando la receta con consternación cuando las palabras “marinar toda la noche” o “enfriar al menos cuatro horas” aparezcan en el mismo momento en que tus hijos gritan: “¿Qué hay para cenar?”
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  2. Hacer todo al voleo, al tun tun y a la buena de Dios. Debe haber otros sinónimos, pero lo que queremos decir es que a medida que te sientas más a gusto en la cocina aprenderás a manejar el multitasking; por ejemplo, podrás picar ajo y perejil mientras dorás cebolla, hervís agua en una olla y calentás manteca en una sartén. El secreto para lograrlo y evitar catástrofes, escenas de histeria y ataques de pánico es simple: tené todos los ingredientes preparados y listos para empezar a cocinar. Los franceses llaman a esto mis en place, es decir todo en su lugar. 
  3. Orden, progreso… y limpieza. Un error común es no limpiar ni mantener ordenada la superficie de trabajo mientras se cocina, creando desorden, caos y posibles accidentes. Muchos platos tienen tiempos prolongados de cocción, que podés utilizar para limpiar y organizar todo el despelote que dejaste sepultando lo que hasta hace cinco minutos llamabas “mi cocina”. 
  4. Usar herramientas liliputienses. En la tele se ven lindas, pero recordemos que es todo un show y como tal tiene sus trucos. ¿Alguna vez intentaste mezclar masa en un bol demasiado pequeño? ¿Transferir una cazuela a una fuente para hornear muy chica? ¿Cortar un kilo de espinacas en una tablita minúscula? ¿Usar un cuchillo de mesa para desmantelar un zapallo? El tamaño acá sí importa (en otras áreas quizá también, pero esta es una nota gastronómica, che). Cuanto más grandes los utensilios, generalmente mejor para cocinar: implica menos desorden, menos desbordes y en general, más seguridad.
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  5. Hacinamiento de la sartén. No recargues de ingredientes tu wok o sartén. Si estás friendo o salteando, debe haber espacio para que la humedad de la comida pueda escaparse. De lo contrario simplemente se cocerá al vapor y no se dorará y tu chop suey casero será digno de la TV, sí… pero como película de terror. 
  6. Falta de inteligencia. No, no hablamos de helados en la frente: nos referimos a la inteligencia estratégica, es decir a recopilar data e información para planear un uso adecuado de los recursos en las eventuales operaciones que se desarrollen. No te quedes con lo poco que viste fugazmente en un programa de tele. Hay toneladas de buenos libros, videos y websites (¡Vinómanos, sin ir más lejos!) que te pueden dar valiosos datos del plato que querés y ayudar a mejorarlo. 
  7. Escasez de paciencia. La paciencia no solo es una virtud oriental sino también un ingrediente clave en la cocina. Recordá que los chefs de la tele tienen muchas cosas previamente picadas, hervidas, cocidas, asadas, para no perder tiempo, pero en tu casa nadie te corre ni te cierra el banco. No esperar lo suficiente antes de voltear la comida (ya sea en una sartén o en la parrilla) es un pecado común. Respetá los tiempos: no se puede cocinar algo más rápido subiendo el fuego; si te apresurás, la comida terminará quemada por fuera y cruda por dentro y no se la va a comer ni el muerto de hambre de tu perro.

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  8. No precalentar el horno. Mucha gente pasada de buenas intenciones y falta de sentido común considera al precalentamiento del horno como una sugerencia más que como un requisito. ¡Pero no! Realmente puede afectar la textura y la apariencia de la comida; no precalentar puede producir pizzas planas, duras e incomibles y bizcochuelos densos o cocidos de manera desigual, entre otras calamidades. 
  9. Poco control de la sazón. Mientras cocinás, procurá ajustar continuamente la sazón (nivel de sal) según sea necesario. Mucho cocinero novato o improvisado puede no darse cuenta de que es posible salar el agua hirviendo en vez de rociar luego la comida una vez cocida; esto va para pasta, arroz, broccoli, trigo burgol, lo que sea. Salás un poco y comprobás, salás luego otro poco y comprobás hasta llegar al nivel deseado. Si salaste demasiado la sopa, salsa o lo que fuere, no pierdas la calma ni cometas seppuku con el pelapapas: siempre puede picar y agregar más ingredientes para equilibrar los sabores. La acidez también es un aspecto muy pasado por alto del condimento: muchísimos platos se iluminan con un poco de jugo de limón o vinagre. 
  10. Abundancia de distracciones. Por favor, prego, please, s’il vous plait: concentrate en lo que estás haciendo. No contestes tus mails, tu whatsapp, tus redes sociales; no ayudes a tus hijos con los deberes; no te pongas a ver el noticiero ni a Pamela Villar calificando a Ileana Calabró. Ponete las pilas: cuando te distraés, los piñones se achicharran, la manteca se ennegrece, el caramelo se endurece, el pollo se seca, la comida se arruina, la casa se quema, los bomberos llegan y terminás en Crónica  echándole la culpa del incendio a la sociedad o a esas voces que escuchás en tu cabeza. 
  11. No te apures con el aceite. Otro error usual es no dejar que el aceite se caliente lo suficiente antes de freír algo. La comida absorbe el aceite y arruina por completo el sabor, ya que no está debidamente caliente. Y a la inversa, también es común tener el aceite demasiado caliente y quemar el empanado. 

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  12. Consideraciones generales: Tené todos tus frascos bien etiquetados, así no te confundís la sal con el azúcar ni el coco rallado con la nitroglicerina; si no tenés guantes de cocina, usá repasadores siempre secos para agarrar las asaderas o mangos calientes (si están mojados vas a tener la quemadura del siglo); no uses JAMÁS la misma tabla para cortar carnes y verduras a fin de evitar la contaminación cruzada; afilá todo: no hay nada más peligroso que un cuchillo mal afilado, que puede resbalarse y herirte; trabajá con tranquilidad. Ariel Rodríguez Palacios tiene años de experiencia para picar cebolla a la velocidad de la luz, pero vos muy probablemente no así que despacito y por las piedras, que los dedos no crecen de vuelta una vez cortados.

Finalmente, y como le dijeron al Hombre Araña, con grandes poderes vienen grandes responsabilidades: divertite cocinando, pero siempre con cuidado y con información previa. Y te bancamos con todos los errores en la cocina.