Ruca Malen nació en 1998 en plena revolución vitivinícola argentina. Con los mercados internacionales como foco, esta bodega de Luján de Cuyo desarrolló un portfolio compacto de vinos tradicionales que a partir de 2017 decidieron ampliar con propuestas contemporáneas e innovadoras.

Noelia Torres, la winemaker que estuvo al frente de la elaboración de los vinos más exclusivos de Mendoza por más de un década, fue convocada para el gran proyecto de Ruca Malen.

¿Cómo arranca tu historia en el mundo del vino?

Entre los recuerdos más lindos de mi infancia están los días que pasábamos con mis primas jugando en la champañera de mi tío. Así fueron mis primeros años hasta que ya podíamos ayudarlo e ir aprendiendo. Me crié entre los aromas de esa bodega y ya desde chica sabía que me iba a dedicar a hacer vinos. De hecho, todo el mundo se imaginaba que terminaría haciendo espumosos.

Pero tus comienzos profesionales fueron elaborando los tintos más exclusivos de Argentina…

Sí. Entré en Viña Cobos en 2002 como pasante en laboratorio mientras terminaba mis estudios y me quedé 15 años. Ahí aprendí muchísimo junto a Paul Hobbs, Andrea Marchiori y Luis Barraud. Hice de todo, arranqué desde abajo y llegué a liderar completamente una bodega internacionalmente reconocida.

¿Y cómo pasaste del laboratorio a controlar cada tanque y barrica?

Soy muy obsesiva y el equipo de Viña Cobos era igual. Solo así podés elaborar vinos de calidad. Sin dudas vieron eso en mi forma de trabajar y me dieron una oportunidad. Cada día que pasaba era una chance más de seguir aprendiendo y perfeccionar lo que sabía. Y así se fueron dando las cosas hasta que un día, finalmente, estaba a cargo de todo.

Y estar a cargo, ¿qué tan difícil resultó?

Para ser sincera, no me costó. Para mí lo más importante es hacer las cosas bien, lo mejor posible, y para que las cosas salgan como quiero soy capaz de mover cielo y tierra. Cuando sos así y tu equipo te ve transpirar a la par de ellos, te respetan y eso hace que las cosas sucedan.

Noelia Torres
Ya desde chica sabía que me iba a dedicar a hacer vinos, dice Noelia Torres
¿Y qué te llevó a cambiar de bodega?

Varias cosas. Por un lado venía con un ritmo muy intenso de viajes y giras comerciales al exterior. Mi hijo era chico y el alma maternal me decía que debía estar más tiempo con él. Además la propuesta de Ruca Malen era súper tentadora, desafiante, y me sentía muy identificada con los valores de la bodega, de espíritu inquieto y en búsqueda constante de propuestas distintas. Se me propuso dirigir la bodega con la oportunidad de trabajar con libertad y desarrollar mis propias ideas. Esto me permitía probarme a mí misma cuánto había aprendido realmente. Así que en diciembre de 2017 arranqué en Ruca Malen.

¿Y fue grande el cambio?

Sí, en Ruca Malen además de elaborar los vinos soy la cara de la bodega, una responsabilidad muy grande. Si bien eso no me asustó, yo siempre tuve una forma de ser muy libre hacia adentro de las bodegas; hoy además tengo que ocuparme de llevar los vinos a la gente, explicarles qué buscamos y qué queremos ofrecerles. Reflejar en cada instancia nuestra exploración del terroir mendocino con propuestas de calidad.

¿Y te divertía la idea de ser la embajadora de la bodega?

Al principio no, tengo que ser sincera. Nunca fui de buscar visibilidad porque para mí los protagonistas deben ser los vinos. Soy bastante introvertida. Pero empecé a aprender mucho de la gente y a disfrutar de la experiencia. Comunicando el vino a mi manera, tratando de hacérselo fácil a los consumidores y escuchando lo que ellos opinan de mis etiquetas e incluso prestando atención a lo que les gustaría beber para incorporarlo en futuras creaciones. Hoy me divierte mucho hacerlo, incluso mostrar el detrás de escena en las redes. Encontré mi espacio para comunicar todas las propuestas originales que elaboramos.

¿Y qué querés ofrecerle al seguidor de Ruca Malen?

Vinos con identidad. Me interesa que en cada botella se exprese el varietal de acuerdo al terroir que elegimos, animándome a romper los límites de lo tradicional. Siempre poniendo cuidado en la elegancia, el equilibrio y que se trate de vinos frescos y fáciles de beber. Quienes conocían los vinos de la bodega notan esta evolución y les gusta. Eso es un buen parámetro y, a la vez, despertamos el interés de nuevos consumidores, más jóvenes y con un paladar más moderno. Eso es genial. Hoy mi norte es hacer vinos modernos que reflejen la trayectoria de la bodega.

Cuando se trata de una bodega establecida, ¿cómo se encara un cambio?

En primer lugar me sumé a la bodega con el objetivo de asumir un nuevo desafío, manteniendo siempre el respeto al consumidor e introduciendo los cambios de manera gradual. Además de que no quise perder el espíritu inquieto e innovador de los fundadores de Ruca Malen, sumando mi impronta personal. El valor de la bodega es la pieza clave que me movió a explorar nuevos caminos. Hoy estamos elaborando vinos con un perfil más fresco y frutal, pero que siguen reflejando la trayectoria de la bodega.

Ruca Malen
En Ruca Malen ofrecen a quien quiera probarlos vinos con identidad.
¿Cuáles son los vinos que más disfrutás hacer en Ruca Malen?

Soy fanática del Malbec y lo elaboro en todas sus formas y orígenes. Disfruto mucho con la línea Ruca Malen Terroir Series, que nace de la búsqueda de terroirs con un extraordinario potencial para elaborar vinos únicos. Una serie de ejemplares que reflejan la mejor expresión varietal de los microterroirs de Valle de Uco y Luján de Cuyo, al pie de la Cordillera de los Andes. Vinos intensos y complejos, en especial el Terroir Series Pinot Noir, una uva que aprendí a elaborar con Paul Hobbs, el rey del Pinot en California.

Por otro lado, me encanta la línea Kinien Lote Único que nace de la selección del mejor lote del año dentro de las microrregiones de Valle de Uco, proveniente de parcelas cuidadosamente seleccionadas de viñedos únicos y que considero que representa a la perfección los desarrollos actuales de la bodega.

También disfruto mucho de hacer vinos de corte, es cuando como enóloga me siento más desafiada. Es el caso del Kinien de Don Raúl Corte Único que fue nombrado en honor al visionario del vino argentino, Raúl de la Mota, quien produjo el primer corte en 2005. Este blend también nace a partir de parcelas cuidadosamente seleccionadas de viñedos únicos y de la degustación y selección de las barricas de Malbec, Cabernet Sauvignon y Petit Verdot, provenientes de cosechas excepcionales.

La bodega en Luján de Cuyo
La bodega en Luján de Cuyo
Y terminaste elaborando burbujas…

Sí, era otro pendiente que tenía y llegar a Ruca Malen me dio la oportunidad de cumplirlo. Tenemos tres diferentes etiquetas, un Extra Brut de Pinot Noir, Chardonnay y Semillón, un Cuvée Prestige, 75% Pinot Noir y 25% Chardonnay, y el Millesime, 55% Chardonnay y 45% Pinot Noir. Me ocupo de cada uno de ellos y es algo que me fascina desde chica.

Tuviste oportunidades de trabajar en USA o Europa. ¿No se te ocurrió seguir tu carrera en el exterior?

Trabajé con Hobbs en California y en su proyecto de Cahors (Francia) pero jamás cambiaría Mendoza por nada en el mundo. Amo mi lugar, su gente y mis afectos. No me mueven de acá. La dicha de trabajar en esta provincia no tiene precio, ver todos los días la montaña es incomparable. Además hacer vino en Mendoza es una maravilla gracias a su gente. Acá la vitivinicultura evoluciona a partir de las relaciones que tenemos entre los enólogos, agrónomos y todos los que hacemos vino. Nos ayudamos mucho. La amistad es un factor clave de la industria del vino argentino que quizás no lo vemos hasta que nos lo hacen notar en el exterior o los que llegan de cualquier parte del mundo para trabajar acá.

Armaste un equipo enológico integrado por mujeres. ¿Casualidad?

Como dije antes, soy súper obsesiva y exigente y me gusta trabajar con gente igual. Cuando llegué a la bodega ya estaba Julia Ledesma, que trabaja conmigo en enología, y Jimena Castañeda, a cargo de los viñedos. Somos un equipo súper responsable que se articula muy bien pero no somos las únicas. Con nosotras trabajan colaboradores que son los encargados de llevar adelante las tareas diarias en viñedo y bodega,y sin ellos no podríamos lograr los vinos con la calidad que nos proponemos.

A mí me importa el cariño que la gente pone en lo que hace, el desempeño y el compromiso. Esos valores son los que quiero en el equipo más allá de que sean mujeres u hombres. Actualmente junto al equipo nos encargamos de preservar toda la experiencia que la bodega ya ha cosechado, manteniendo la calidad y estilo elegante de siempre, pero con nuestra impronta en cada elaboración. No fue intencional que el equipo sea de mujeres, pero celebro que cada vez sean más las que participen en la elaboración de los vinos en la bodega.