El 18 de agosto es el Día Internacional del Pinot Noir. Al parecer es una convocatoria realizada por la International Pinot Noir Celebration, algo así como un club de amantes del varietal. Real o mera invención (en tiempos de las postverdades, poco importa), la fecha nos permite dos cosas fundamentales: una, brindar a nuestra salud con un rico Pinot Noir (veremos luego cuáles), pero también recorrer algunas de las condiciones que han  hecho de este varietal uno de los más amados por los bebedores sutiles (y de los más odiados por los opulentos) del mundo.

Inclasificable para el paladar fan del Malbec o del Cabernet Sauvignon, un buen Pinot Noir es ligero y refrescante, una suerte de blanco disfrazado de tinto, con una paleta de sabores que va de la fruta ácida a la frutilla y de los hongos a la tierra y texturas que pasan de la seda a la tiza. Probarlos es siempre una aventura.

Ponete el cinturón que arrancamos.

“Es Pinó, negro”

El nombre de la variedad deriva de la forma del racimo que, apretado, semeja una piña de pino. De ahí que en francés se la llame “Pinot” y “Noir” por su color negro. Hay otros Pinot que no son negros, como el Gris. Dato extra y de color: en Argentina muchos la llaman “Pinot negro”, y así figura en el registro del INV. Menos mal que no usaron el nombre alemán: “Spätburgunder”, literalmente tardía de borgoña. Y hablando de Borgoña…

Pinot
Foto de Estafanía Paiva
Crédito de foto de interior, gracias a @stefyharwat

La meca Noir

El Pinot Noir tiene en la Borgoña su epicentro. En las colinas calcáreas que delimitan por el este el amplio valle del Río Saona, entre Dijon y Mâcon, se lo cultiva desde el siglo I antes de Cristo. Pero fue en el medioevo tardío (1395) cuando un edicto estableció que sólo se podían cultivar tres variedades en la región: Gamay, Chardonnay y Pinot Noir, cada una en lugares específicos. La tarea de los monjes para clasificarlos es el corazón del complejo y a la vez fascinante sistema de la Borgoña. Desde 2015 es patrimonio intangible de la humanidad y está dividida en unos 1200 micro terroir llamados climats.

El estilo Borgoña

Una de las especificidades de la región es que aloja el Cote de Nuits, una selección de climats destinados al Pinot Noir, donde destacan especialmente Vosne Romaneé, Vougeot y Chambolle Musigny. De ellos salen los vinos más caros y prestigiosos del mundo. Inclasificables al paladar local, los Borgoña son etéreos y con trazos de guinda, hongos y tierra, anclados en una frescura envuelta, paso ligero y paladar lleno de sabor.

Doble propósito

Comparada con otras tintas, el Pinot Noir da vinos de poco color, acidez elevada y suave perfume frutal. Por eso, además de usarse para vinos tranquilos, se la emplea para otros de base espumante. Champagne es otro de los epicentros mundiales del Noir, claro que con destino a burbujas. En el resto del planeta se la usa también de la misma manera.

La vuelta al mundo

Sin embargo, como muchas variedades francesas, el Pinot Noir es hoy una variedad cosmopolita: se la cultiva en todo el mundo, con algunos rincones particularmente enfocados en ella, como Central Otago en Nueva Zelanda; Oregon, Washington Estate y California en EE.UU.; la Cordillera de la Costa en Chile y las alturas de Valle de Uco y Patagonia en Argentina. El hilo conductor de estos lugares y la Borgoña es el frío. Y esa es una de las condiciones que pide el Pinot Noir: veranos moderados y cierta luminosidad.

Pinot Noir argentino

La variedad vive hoy una suerte de momentum en dos vertientes bien diferenciadas: Uco y Patagonia. Entre ambos lugares se completan las 2036 hectáreas cultivadas con perfiles bien diferentes. En Uco y en Neuquén la intensidad del sol marcan la pauta; en Chubut es el frío intenso, y en Río Negro los suelos arcillosos y fríos del lecho de río.

pinot noir
Pinot noir

¿Cuáles probar? 

En Patagonia norte, Saurus Select 2019, Malma La Papay 2019 y Fin del Mundo Reserva 2018 para Neuquén, a los que se suman en Río Negro Canale Old Vines 2018, Barda 2017 y el fuera de serie Bramare 2019. Mientras que de Chubut, Contra Corriente 2018 y Nant y Fall 2018 en Trevelin, y 45 Rugientes 2017 en Sarmiento.

De Valle de Uco, en la zona de Gualtallary destacan las joyitas Soeur et Frères Histoire d’A 2018 y Soeur et Frères La Savante 2018, seguidos de Rutini 2013, Catalpa 2018 y Proyecto Hermanas 2018. De San Pablo y Tunuyán en general, la dupla Salentein Reserva 2019 y Salentein Single Vineyard Los Jabalíes 2018; Trapiche Gran Medalla 2016, Cadus Signature Series 2018 y Artesano 2018 y los nuevos Ruca Malen Terroir Series 2019, Santa Julia Flores Negras 2019 y Mosquita Muerta 2019.

Más al sur, en San Carlos, Luigi Bosca Grand 2017 y Altocedro 2017, dos perlitas de La Consulta, junto con Trivento Black Edition 2017 elaborado en Paraje Altamira y Escorihuela Gascón Pequeñas Producciones 2018 de Pampa El Cepillo.

Joaquín Hidalgo
Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios nacionales, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros.