Lo nórdico fue boom, pero usar el tiempo pasado no es justo ya que todavía resuenan algunos estruendos del estallido que le puso calor y color a esas frías regiones de Europa.
Empezó con la decoración y el diseño de muebles, siguió con la novela negra de la mano de Stieg Larsson y una decena de escritores, y hasta logró divulgar una filosofía de vida: el hygge.
Pero los nórdicos también tienen su influencia en el mundo de las bebidas alcohólicas. A ellos pertenece el reinado del aquavit, un destilado a base de cereales o papa cuya principal materia prima botánica es la alcaravea. ¿La qué? ¡Seguí leyendo!

¿Cómo es el sabor?
“Es un destilado de papas o granos de cereal parecido al vodka, pero la gran diferencia es la utilización de semillas de alcaravea, que le da un sabor picante y un aroma anisado”, explica Diego Zelaya, creador de la carta de cócteles de Desarmadero y Jefe de barra de Orilla Buenos Aires.

Digestiva, antiséptica, diurética y tonificante. Esas son las propiedades que se le adjudican a esta planta, también conocida como comino de campo. Tiene pequeñas flores blancas, pero con fines medicinales se usan las semillas, las hojas y las raíces. Es nativa de Europa, el oeste de Asia y algunas regiones del norte de África.

Aunque siempre la columna vertebral es la alcaravea, cada país le da su propio toque al aquavit con diferentes botánicos. Por eso se perciben sutilezas entre uno de Noruega y otro de Dinamarca, por ejemplo.
El danés “es casi transparente porque emplean barricas bastante usadas para impregnar muy poco al producto final con aromas de la madera”, indica Camila Lapido, sommelier y bartender de Alo’s.
Los suecos suelen tener notas más mentoladas, algo rarísimo de encontrar en los noruegos. Sin embargo, al carecer de denominación de origen, y gracias al auge de lo craft, hoy el aquavit se elabora en una gran cantidad de países fuera de los nórdicos.
Algunas de las marcas más famosas son Løiten y Linie (Noruega); Aalborg (Dinamarca); O.P. Anderson (Suecia) y Brennivín (Islandia).

Se lo ama, o no
Al dejar de lado los nombres propios se advierten puntos en común. “Tiene un carácter bien marcado, con aromas que recuerdan al coriandro y al comino, combinado con otras especias como eneldo, hinojo, cardamomo y cáscaras de cítricos, dependiendo de su lugar de origen, su historia y de cada productor”, amplía Lapido.
Queda claro que, aunque en un punto el origen de su producción lo emparente con el vodka, está lejos de ser una bebida neutra. Se trata más bien de un spirit divisor de aguas. 

“Digamos que no tiene un sabor popular. Con los anisados sucede eso: o se los ama o no se los tolera”, señala Gon Cabado, bartender y creador de la propuesta coctelera de Gran Caffe by Vergnano.
Esa misma característica hace que sea un poco complicado utilizarlo en cócteles, ya que su presencia es bastante invasiva. En ese caso, su uso se recomienda en monodosis, como un modificador.
Román Mailhos, bartender de White Bar del Hotel Madero, invita a hacer una excepción. Asegura que se puede utilizar para reversionar el clásico Negroni. Mantiene la proporción de tres partes iguales de gin, Campari y vermouth rosso, pero reemplaza el gin por el aquavit.
Himkok, un reputado bar de Oslo ganador de múltiples premios, cuenta con su propia destilería, donde elaboran aquavit y gin. Ellos sugieren beberlo combinado con tónica. El Aquatonic lleva 40 ml de aquavit, 140 ml de agua tónica y una rodaja de lima o pomelo como garnish.

¿Cómo se bebe?
Los escandinavos guardan sus botellas de aquavit en la heladera y suelen beberlo a modo de digestivo después de una comida copiosa, propósito con el que nació originalmente, allá por el siglo XVI.

“Se puede ingerir solo, en chupitos, pero también es un gran compañero de la cerveza”, cuenta Mailhos. Las birras preferidas para este maridaje son aquellas con cuerpo, tipo Porter o Stout.
Cuando se lo bebe solo o con una pieza grande de hielo, como si fuera un whisky, las notas de la bebida se destacan más.

Como es de esperar, los aquavits más elegidos para este tipo de consumo son los que tienen añejamiento. Uno de ellos es Gild Non Plus Ultra, que pasa 12 años en barrica.
Claro que también se puede llenar los vasos con este destilado cuando se trata de comer. “En ese caso, lo sugiero para platos con gran contenido graso”, recomienda Lapido.
En Argentina es muy difícil conseguir botellas, casi un hallazgo. Es por eso que lo poquísimo que se puede ver en las barras locales llega en valijas.
Una manera de probarlo es visitar el restaurant del Club Sueco, donde suelen ofrecerlo.

María Paula Bandera
Periodista especializada en gastronomía y lifestyle con más de diez años de trayectoria. Publica en medios nacionales e internacionales, Elle, Ohlalá, La Nación, Forbes Argentina; Bleu&Blanc (México), iN (Chile) y Escala (México), entre otros. En 2015, fue finalista del Premio Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) a la Excelencia Periodística, en la categoría “Crónica”. Colabora regularmente con Clarín, Brando y Apertura. Su especialidad es el “trabajo de campo” para saber qué se agita las cocteleras porteñas. Si la buscan, la encuentran en las barras.