Héctor y Pablo Durigutti son dos winemakers mendocinos que desde 2002 impulsan su propia bodega familiar, Durigutti Family Winemakers, en Las Compuertas, Luján de Cuyo.

Desde entonces, sus etiquetas se consolidaron en el ámbito local e internacional mientras ellos se convertían en consultores de diversas bodegas, llevaron adelante vendimias en diversas partes del mundo y hasta se animaron a producir vinos en Galicia, España, con bodega propia.

Sin embargo, los Duri son oriundos de Rivadavia, bastión histórico de la vitivinicultura del Este mendocino hasta que Luján de Cuyo y el Valle de Uco se impusieron como las principales zonas vitivinícolas de la provincia.

La vuelta a los orígenes. Hacía años que Héctor y Pablo querían revitalizar y reivindicar aquellos viñedos del Este donde jugaban de niños. Les llevó tiempo darse cuenta cómo hasta que en 2018 sorprendieron con Cara Sucia Cereza 2018, un vino fresco elaborado con una de las cepas más utilizadas durante el siglo XX en los vinos de mesa.

“Rescatamos parrales antiguos de fincas familiares y de productores que conocemos en el Este para elaborar variedades diferentes y enfocarnos en un estilo de vinos frescos, fáciles de beber. Nuestro objetivo es que el vino vuela a estar en la mesa de todos los argentinos pero también cautivar nuevos consumidores” cuenta Héctor Durigutti.

En apenas cuatro meses de aquel tinto de Cereza se sumaría Cara Sucia Cepas Tradicionales 2018, una co-fermentación de Bonarda, Syrah, Sangiovese, Cardinale, Beiquiñol, Barbera y Buonamico del mismo y antiguo viñedo. Así nacía un vino que combinaba tradición y un estilo contemporáneo.

Lo nuevo de Cara Sucia. El interés que despertó entre sus seguidores generaron estos dos primeros vinos de Rivadavia entusiasmó a los Durigutti a pensar nuevas propuestas con las uvas de aquellas viñas que los vieron crecer.

“Queremos acercar a más gente la historia de los viñedos de Rivadavia con vinos simples y ricos para disfrutar en lo cotidiano. Por eso elaboramos dos nuevos Cara Sucia que sabrán disfrutar los paladares de siempre y los más jóvenes”, explica Pablo Durigutti. “La idea es que cada uno los beba como prefiera, en copa, en vaso, solo o con hielo. Son vinos ideales para todo el año y en especial para el verano”.

La primera novedad es Cara Sucia Blanco Legítimo 2019 ($350), una co-fermentación de Palomino, Pedro Ximénez, Ugniblanc, Chenin, Moscatel Amarillo y Sauvignonese provenientes del mismo y antiguo viñedo de Rivadavia.

 

Mientras que la edición especial de Cara Sucia Sangiovese 2019 ($350) es un tributo a Tullio Mattioni, familiar de los Durigutti que en los años 40’ plantó las estacas de sangiovese que trajo desde Italia para dar vida al viñedo con el que hoy elaboran los vinos Cara Sucia. Por aquellos años, Don Tullio embotellaba y comercializaba en damajuana sus vinos abordo del Federal 47’, camión que puede observarse en la las etiquetas de la línea.

Todos los vinos de Cara Sucia son elaborados con mínima intervención en huevos de hormigón y con levaduras nativas. Una apuesta por la expresión más pura del origen y la identidad de una región histórica de la vitivinicultura nacional.