La sustentabilidad como forma de cuidar el planeta, nuestro único hogar, es algo con lo que nadie podría estar en desacuerdo. Sin embargo, comprender los alcances de una idea tan amplia es a veces complejo. Por eso, lo más simple para hablar de sustentabilidad es ir al mundo de los ejemplos. Y en materia de sustentabilidad de viñedos hay uno que resulta perfecto: el Programa de Nutrición de la Vid, que lleva adelante bodega Trivento.
En septiembre de 2015, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) presentó una serie de metas para garantizar la supervivencia de nuestro planeta y de la gran masa de seres vivos que lo habita (mos): sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) apuntan a erradicar la pobreza, proteger el ambiente y llevar adelante una agenda internacional sustentable. En ese sentido, muchas ramas de la industria comenzaron a adoptar nuevos hábitos de producción y de consumo que permitirían, idealmente de acá a 2030, alcanzar algunas de esas metas. La vitivinicultura no se queda afuera: hoy, uno de sus primeros desafíos es lograr la sustentabilidad de los viñedos.
Raíces profundas
Bodega Trivento, la casa mendocina de capitales chilenos que tiene fincas en los principales oasis de la provincia, decidió tomar parte en la iniciativa global. Con su propio proyecto local apuesta a mejorar el método productivo en función de generar un menor impacto en el entorno natural, tanto por la salud de las plantas como para conseguir una mayor eficiencia en el aprovechamiento del suelo.
Su programa Nutrición de la Vid, cuyo nombre técnico es Vine Nutrition Program (VNP), es el resultado de un arduo trabajo de investigación, desarrollo e innovación, con la inserción de nuevas tecnologías y la colaboración del INTA, entre otros aliados. Busca principalmente entregar a cada planta los nutrientes necesarios, teniendo en cuenta las características del suelo, el clima, el destino y otros factores
“Lo que nos interesa –explica Cristian Linares, gerente agrícola de la bodega– es que nuestros viñedos sean capaces de producir uvas de calidad y con rendimientos adecuados de manera sostenida a través del tiempo”. Y agrega “el Vine Nutrition Program consta de tres partes: el estudio de nutrientes inorgánicos, el estudio de nutrientes orgánicos y el estudio de microorganismos del suelo. Las tres se retroalimentan y se potencian. La aplicación de nutrientes orgánicos en el suelo ayuda a mejorar las condiciones del suelo y al soporte de los microorganismos y los microorganismos ayudan a la vid a mejorar la eficiencia de absorción de los nutrientes inorgánicos. Funciona como un círculo virtuoso cuyo objetivo es lograr que las viñas tengan una vida útil más larga y no se sobreexploten los suelos”.
El VPN no es el primer baile para Trivento: la bodega se está reformulando hacia un esquema más amigable con el ambiente desde 2013, y en febrero de 2018 se convirtió en la primera en integrarse al Consejo Empresario Argentino para el Desarrollo Sostenible (CEADS) y a la Red Argentina del Pacto Global de Naciones Unidas.
Los tres objetivos comprometidos por la compañía son los referidos a ODS 4 – Educación de calidad, ODS 6 – Agua limpia y saneamiento y ODS 13 – Acción por el clima. En el futuro, Trivento irá por más objetivos. Si para muestras basta un botón, Concha y Toro tiene comprometidos 12 de los 17 objetivos propuestas por la ONU.
