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De 2010 a esta parte, los winemakers argentinos han demostrado una notable destreza para la elaboración de vinos blancos. No significa que antes no la tuviesen, solo que el foco en los tintos dejaba poco lugar a los blancos. Y ahora que lo ponen entre sus principales preocupaciones, toda una revolución en Chardonnay copa la góndola local: después de dos décadas de estilos recargados, una tercera oleada estilística, ligera y de paso lineal, se cría en los terroir más fríos.

1990 y después

El primer gran cambio que experimentó el Chardonnay en el país fue a principios de 1990 cuando Nicolás Catena importó las primeras barricas de roble por recomendación del enólogo estadounidense Paul Hobbs. Entonces aparecen los primeros blancos intensos donde la enología importaba más que el varietal y el origen. Vinos profundos y exuberantes, con un perfil tostado que los acercaba a los por entonces exitosos Chard de Napa Valley (California). Angélica Zapata Chardonnay fue el primero de una serie de blancos en esa línea, fundador de la alta gama.

Más tarde, a medida que las bodegas incorporaban sus propias barricas y descubrían la elaboración en roble, el modelo se replicaba daba lugar a una segunda oleada con vinos voluminosos y grasos, con impronta especiada y un tostado alto donde la fermentación en roble y la crianza eran atributos en alza que los consumidores celebraban. Los íconos de entonces eran Lindaflor de Monteviejo, Bramare de Viña Cobos y Los Nobles de Luigi Bosca. Tres que se convirtieron en la elite de los Chardonnay locales.

Revolución moderna

Pero a partir de 2010 las bodegas comenzaron a explorar los viñedos de altura en Mendoza, en particular los de Tupungato en Valle de Uco. La idea, explorar zonas frías buscando la frescura que hizo famosa a Chablis, Francia, un estilo más delgado y fresco. Para muchos Gualtallary se convirtió en la meca. Un paraje ubicado entre los 1350 y 1600 metros de altura con suelos heterogéneos, pedregosos y profundos, donde el carbonato de calcio cubre la superficie de las piedras y define un carácter mineral a los vinos. Aquí, por ejemplo, se elaboran los dos vinos blancos argentinos más costosos del mercado con uvas del viñedo Adrianna de Catena Zapata (White Bones, $2200 y White Stones, $1450), pero también hay muchos otros ejemplos más amables al bolsillo.
Mientras tanto, Los Arboles, San Pablo y Chacayes en Tunuyán, también Valle de Uco, se suman a la partida. Y en la costa, los primeros vinos de Chapadmalal, Mar del Plata, marcan un rumbo oceánico para buscar frescura, que no tardará en ofrecer nuevos jugadores, principalmente en Viedma.

EvolucionChardoFinal
Pero el origen parece ser solo una explicación para este nuevo estilo ya que los enólogos destacan las cosechas más tempranas y menos manipulación sobre los vinos, en especial un menor uso del roble. Hoy el volumen y el sabor lo define el trabajo sobre lías en lugar de la crianza. De este modo el Chardonnay argentino parece haber encontrado un perfil propio que promete convertir el oleaje en tsunami. Conozcamos cuáles son los Chardonnay que reescriben la historia de los blancos argentinos.

Acordeón Chardonnay (2015, $138). Finca Ferrer es la bodega mendocina del grupo enológico catalán Freixenet. Presentes en el país desde 2003 con viñedos en Gualtallary, Valle de Uco, cuentan con etiquetas de buena relación precio calidad como Viento Sur y Acordeón. El punto favorable de este blanco es que permite a cualquier ciudadano de a pie descubrir el sabor del terroir del momento para Chardonnay. Buena tipicidad y expresión, frutal y mineral con paladar vibrante y fresco.

Andeluna 1300 Chardonnay (2016, $165). Con la enología de Manuel González y asesoramiento de Hans Vinding Diers, Andeluna elabora vinos tensos con uvas de Gualtallary. El Chardonnay es un diferencial de la bodega ya que ofrece un perfil de plena expresión varietal. Es amarillo verdoso con tonos dorados. Entre sus aromas se destacan los frutos blancos frescos, el durazno blanco y la flor de naranjo. En boca es fresco y crocante y sabroso. Un vino de notable relación precio-calidad.

Durigutti Clásico Chardonnay (2016, $220). En los últimos años Pablo Durigutti decidió ampliar su línea de clásicos. Para este primer Chardonnay de la bodega apuesta a un viñedo de Gualtallary cuyas uvas fermenta en roble francés para luego criar por 4 meses en barricas usadas. El resultado es un vino expresivo, con tonos de lima, naranja amarga y frutos tropicales frescos. Aborda el paladar con buen caudal y luego fluye untuoso y fresco. Final largo de regusto frutal. Un Chardonnay para quienes quieren amoldar su paladar a las versiones más frescas del mercado.

ChardoTip #1. De las casi 180.000 hectáreas que el Chardonnay cubre a nivel mundial Francia posee la mitad mientras que Estados Unidos es el segundo mayor productor.

Chakana Estate Selection Chardonnay (2014, $225). Desde hace unos años la apuesta de Chakana es por el cultivo y producción orgánica. Este Chardonnay proviene de un viñedo de Altamira, Valle de Uco, en camino de obtener su certificación final. Mientras que el 15% del vino madura 10 meses en barrica el resto lo hace en huevos de hormigón y quizás esto explica la nitidez de los aromas de manzana, cítricos y tropicales. Paladar graso y tenso, sabroso y prolongado. Muy original.

Zaha Chardonnay (2014, $350). Con uvas de Los Árboles, Valle de Uco, Alejandro Sejanovich logra este blanco en sintonía con sus hermanos tintos donde la clave es la expresión de origen. Sin maloláctica ni paso por barrica resulta original por su aromática sutil y elegante, mientras que en boca es amplio y fresco. Un blanco que a la armonía elemental para diferenciarse.

Numina Chardonnay (2015, $380). Con uvas originarias del viñedo La Pampa (Los Arboles, Tunuyán) a 1300 metros de altura a los pies de la Cordillera, José Galante crea este Chardonnay de color amarillo verdoso con tonos dorados y aromática compleja que en primer plano despliega notas frutales y de flores frescas junto a dejos de miel y vainilla. En boca es refrescante, con buen volumen y untuosidad. Es largo y sabroso con perfil sobrio y elegante.

Revolver Chardonnay (2015, $400). Este vino es la vedette del proyecto independiente de Leo Erazo, enólogo de Alto Las Hormigas. Con uvas de Tupungato, Erazo logra un vino exótico para el mercado local que sorprende con dos caras. Del mismo modo que seduce con un fluir sutil impacta con su mineralidad y frescura filosa. Un vino para cazadores de rarezas y paladares entrenados.

ChardoTip #2. Desde 1976, año en que los vinos californianos vapulearon a los de Francia en el Juicio de París, se desató una rivalidad estilística entre ambos países. Los franceses son expresivos con perfil mineral, cítrico, tropical, tenso y vibrante. Por su parte, en California se destacan con aromas de frutos maduros, almendras y avellanas y paladar voluminoso.

Lagarde Sister´s Selection Chardonnay (2015, $480). Las hermanas Sofía y Lucila Pescarmona decidieron lanzar al mercado la Sister´s Selection que en esta primer entrega cuenta con este Chardonnay de Tupungato elegido por Lucila. Sin paso por barricas resulta muy fresco y lineal con acidez elevada y exquisita expresión varietal muy frutal. Un vino para descubrir la expresión más pura del varietal y el potencial de Tupungato para lograr blancos tensos.

Escorihuela Gascón Pequeñas Producciones (2015, $520). Blanco elegante y complejo que desde su cosecha 2013 se presenta cada vez más ligero y sutil, algo que el paladar agradece. Elaborado con uvas de Tupungato, Valle de Uco, resulta expresivo con aromas melosos, herbales, de flor de tilo y azahar. Al paladar ingresa con buen caudal y nervio, acidez vibrante que realza el perfil frutal y estira el sabor hacia un final prolongado. Un blanco para lucirse.

Bramare Los Arbolitos Chardonnay (2015, $725). Si bien Paul Hobbs construyó el prestigio de Viña Cobos de la mano de antiguos viñedos de Luján de Cuyo, en los últimos años también apuesta a climas más fríos como el de Chacayes (Tunuyán, Valle de Uco) a 1100 metros de altura. A diferencia de sus otros Chardonnay este resulta más delgado y fresco, fluye vivaz y armonioso mientras que en nariz desarrolla una aromática primaria de perfil frutal.

Alejandro Iglesias
Es sommelier y un consumado buscador de tesoros. Capaz de degustar cientos de vinos y de recordar del primero al último con la precisión y la agudeza de un entomólogo, conoce como nadie esos rincones del mercado a los que todos quieren llegar. Por eso elige los vinos del Club Bonvivir. Por eso escribe en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) sobre sus hallazgos o bien en importantes medios nacionales como Clase Ejecutiva, o internacionales como Decanter.