El vino argentino está a la caza de oportunidades que renueven su sabor. Y en materia de blancos, hay un puñado de variedades que ofrecen un costado nuevo. Detrás del Semillón y el Riesling –que llevan años plantadas en nuestro medio– hay un grupito de blancas que buscan su lugar. Entre ellas, el Albariño destaca por su rareza.

Hoy es la apuesta fuerte de algunas bodegas en Uruguay y unas pocas a nivel local. Pero si su nombre con reminiscencias gallegas es atractivo y fonéticamente cercano –mucho más que, pongamos, el Gewürztraminer–, la razón por la que el Albariño gusta hay que buscarla en el tipo de vino que da: de una acidez elevada, en climas como el nuestro además gana volumen, de forma que ofrece un blanco de perfil fresco, pero al mismo tiempo paso untuoso y carnoso. Nada que ver con los blancos que le dieron fama en Galicia.

Vino verde

En las Rías Baixas DO y a orillas del Atlántico en la costa de Galicia, el Albariño es rey. Blanco marisquero y de elevada frescura, se lo reconoce universalmente por su doble trazo de color verde y aromas vegetales, de pasto y hierbas. Pero lo mejor de este vino mundialmente famoso es la increíble plasticidad para los platos de mar: con mejillones crudos, con pulpo grillado, con pescados fritos, con lo que sea que salga del mar, va bien. Tanto, que incluso en Portugal tiene nombre propio: vino verde.

Sucede que Galicia es un clima hostil para las uvas. Frío en invierno y fresco en verano, húmedo siempre, la cercanía del mar hace que la variedad madure con lo justo. Y lo justo en materia de blancos se traduce en acidez filosa y elevada, con poco cuerpo y aromas herbales y frutales. Ni más ni menos que el trazo necesario para dar pie con bola en la mesa del mar. De ahí el maridaje histórico.
En todo caso, en los últimos años el Albariño salió de gira por el mundo. Y entre los países que lo pusieron en la lista de los deseos a futuro hay dos por motivos muy distintos: Uruguay y Argentina.

Albariño Charrúa

Ya es un secreto a voces que Uruguay es un país destinado a la elaboración de grandes blancos. En eso, la cercanía del mar como un regulador térmico y los suelos de granito meteorizado del antiguo escudo precámbrico de Brasilia, forman un combo muy exitoso. De modo que en las estribaciones de la Sierra de la Ballena, Cerro Catedral, Pan de Azúcar y aledañas, donde las colinas onduladas forman un terreno propicio, el Albariño encontró un lugar en el mundo.
Y de hecho, bodegas como Bodega Garzón lo tienen entre sus más reputados vinos. Pero no son los únicos. También Bouza ha hecho punta de lanza con un Albariño bien diferente a los gallegos.

La razón hay que buscarla en que del otro lado del Río de la Plata las temperaturas son más altas que en Galicia. A ellas se suma una pequeña bodega llamada Centro Vitis. En los tres casos, con matices, el blanco resultante es voluminoso, con acidez elevada, y un trazo de fruta de durazno notable y atractivo.

Albariño argentino y más allá


El primero en desarrollar un Albariño local fue Viña Las Perdices para su línea Reserva. Un blanco que despeinó el paladar del consumidor y que, año a año, agota sus existencias. Las uvas para el vino están cultivadas en Agrelo. Pero no son las únicas. Familia Zuccardi también la elabora en su línea Innovación, donde ofrece varios blancos atípicos, mientras que Trapiche la está implantando en Chapadmalal, en busca del tan deseado mar.

También hay un blend que lo lleva, se llama Viña Alicia Tiara donde comparte cartel con Riesling y Savagnin. A propósito del Savagnin, Australia fue uno de los grandes promotores por error. Hipotéticamente vendieron bajo el nombre de Alabrino (sin eñe) grandes cantidades de blanco durante la década de 1990 y 2000. Eso hasta 2007, cuando los análisis de ADN arrojaron como resultado que todo lo que estaba plantado en el país bajo la denominación Albarino era en realidad Savagnin.

Joaquín Hidalgo
Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios nacionales, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros.