Asado y vino

Asado y vino: de mollejas a costillares, los mejores maridajes para cada caso

Todos sabemos que el asado va bien con tinto aunque muy pocos saben que las achuras van mejor con blanco. ¿Qué vinos comprar para lucirse en el quincho?

ABC, ABC del vino, Boher, Gastronomía, Vinos, Vinos Blancos, vinos tintos

Un asado de postal, de esos que el parrillero se saca la foto junto a al sudor de su frente, ofrece un combo de cortes que, por su punto y sabor, no necesariamente maridan bien con los mismos vinos de punta a punta. Y eso lo sabe cualquiera: junto al sabor ferruginoso del riñón o la grasitud pulcra de las mollejas, no pueden ir los mismos vinos que con un cuadril jugosos o una costilla arqueada.

Así es que en plan encender de ovaciones el quincho, en plan de pasarle el trapo al suegro canchero, al amigo competidor o contra todos los que rayan con quienes se mantenga esa sorda competencia por el liderazgo parrillero, es mejor apuntarse algunos maridajes que le sumen un plus a las buenas carnes y a la destreza del parrillero. Y la próxima vez que crepiten los fierros en las brasas, aguardar al rascoldo del asado un reconocimiento cantado.

Las achuras y los embutidos

Toda parrilla que se precie ofrece un surtido de delicatesen. Están los que preproducen las mollejas con largos lavajes de leche o vinagre y los que a cuero pelado echan los chinchulines a los hierros calientes. Cualquiera sea el caso, hay que saber que desde riñones a chorizos, y contra todo lo que rece el pedigrí asadero desde Martín Fierro a la fecha, los mejores vinos son los blancos.

Mejor si es un Sauvignon Blanc o Chardonnay del año. Lo que manda es la frescura chispeante, su intensidad frutal y el absoluto contraste con las achuras. Buenos ejemplos son Casa Boher (2015, $170), Altas Cumbres (2015, $110) y Portillo (2015, $80) en Sauvignon Blanc; Saurus (2015, $100), Acordeón (2015, $150) y Fin del Mundo Reserva (2015, $190) en Chardonnay.

Los mismos sirven para el cerdo en general, incluido matambrito, pechito y ribs.

Cortes jugosos y sápidos

El ícono es el cuadril o su versión carioca, la picaña (la tapa del cuadril con la grasa), y en menor medida la entraña con cuero. Maravillas culinaria, el secreto de todo buen parrillero es llevarla con destreza y fuego medio una media hora de un lado, para luego darla vuelta y meterle calor a fin fundir la grasa, sellarlo y listo. El asunto con estos cortes que salen casi mugientes en su interior es realzar el sabor sanguíneo. Y es ese sabor el que reclama un tipo de vino singular.

Para que al boca quede nueva e impoluta y lista para otro bocado, lo que mejor funciona son los tintos jóvenes, de fruta bien marcada y frescura elevada, como es moda hoy. Tintos llenos de fruta y carácter, lejos del impacto, la sobriedad y el peso de los grandes de la góndola. Así de diáfanos se encuentra en los terruños de altura y buenos ejemplos, serían: en Malbec, Durigutti Clásico (2014, $190), Críos (2015, $120) y Tinto Negro (2014, $120); en Cabernet Sauvignon, Esmeralda Fernández (2014, $120) y Piattelli Premium (2013, $180); blend, Clos de los Siete (2014, $220).

Cortes de grasa entreverada

La riñonada, las costillas, la arañita y el vacío, con sus variantes, son cortes que tienen vetas de grasa entreverada, cuyo sabor fundante está ligado más que nada a esta condición. Por eso, cuando se los sirve al promediar el asado, es mejor meterle un poco de cuerpo al vino. Y aquí sí hablamos de tintos profundos y de carácter solar, con amplitud de paladar y volumen al paso, apenas marcados por taninos y madera.

El truco con estos vinos es que llenan la boca y el corazón con su intensidad, mientras que el trazo de roble subraya el volumen y los hace tersos. Y si se los sirve al final es porque al llegar este momento, también van quedando pocos en la batalla por ganarle a la parrilla y la comida peligra en devenir sobremesa. Para terminar con la carne, para empezar con la charla y la digestión, nada mejor que un tinto así, que masajea el alma en un arrobo cálido. Buenos ejemplos, serían Lamadrid Reserva Malbec (2014, $150), Norton Reserva Malbec (2012, $180) y Marcus Gran Reserva Merlot (2012, $330), para darse un gusto, entre otros.

Autor

  • Joaquín Hidalgo

    Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta con formatos y habla sin rodeos de lo que le gusta y lo que no. Lleva más de veinte años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en medios nacionales, como La Nación y La Mañana de Neuquén. Desde 2019 es el crítico para Sudamérica de Vinous.com (EE.UU.).

    Ver todas las entradas

Deja un comentario