Para una bodega de espíritu bordelés, como Cheval des Andes, el asunto es dar en el clavo: un terroir y su interpretación, un vino y un camino para conjugar todo, un futuro que se consigue con el andar. Es decir, realizar un trabajo fino de ensayo y error durante un tiempo de aprendizaje, de ajustes basados en la experiencia que pueden, y al cabo de los años arribar a buen puerto.
Con el lanzamiento de la nueva añada, Cheval Des Andes 2012, la bodega consigue una nueva cota, todo en una línea clara. El vino es un corte ya probado con mayoría Malbec, minoría de Cabernet Sauvignon y un petit de Petit Verdot, que hace a la expresión aromática. La novedad, en todo caso, es estilística. Y merece un párrafo aparte, porque connota definitivamente un camino realizado.
Vino de elegancia, el 2012 deja atrás cualquier tipo de exageración. No es un vino concentrado, tampoco uno con madera evidente, ni mucho menos uno con volumen e impacto como propuesta. Por el contrario: manda una elegancia y un balance que se inscriben en un nuevo paradigma de vinos argentinos, amables al paladar y llenos de sabor complejo.
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Bordoleses al fin, el truco con este vino es que conjuga parcelas para conseguir un corte completo y delicado. Un espíritu que encarnan bien el trío enológico que lo representa y que, a su vez, se presentan como viticultores. Pierre Lurton, director de Chateau D’Yquem y Cheval Blanc, dos casas prestigiosas de Burdeos, junto a Pierre-Olivier Clouet y Lorenzo Pasquini, uno director técnico de Cheval Blanc y el otro de Chevel Des Andes.
En la visión que alcanzan luego de trece vendimias, que perfilan bien sobre la 2013, 20014 y 2015, Cheval Des Andes es un vino de matriz francesa, de placer y sutileza. Para la guarda, claro, pero también se puede beber hoy y que, debido a sus trazos delicados, envejecerá armoniosamente.
La botella ya está a la venta en vinotecas a un precio sugerido de 812 pesos.
Joaquín Hidalgo