Entre semana es raro que alguien abra una botella para darse un gusto de una copa si la pareja no acompaña. O, más raro aún, que la abra para beber y dejarla en la cocina a que se estropee sin intentar conservarla. En los dos casos, la decisión es racional: para qué entrar en gastos, mejor se toma otra cosa y ya.

Ese malgastar encierra una clave económica. Algo que todo consumidor sabe pero que, ahora que las cuentas dan números raros, las empresas lo incorporan a su línea de pensamiento. Y así, uno de los envases emblemáticos de Australia, Canadá o los países escandinavos –donde representan hasta el 60% del vino vendido- desembarca ahora en el mercado argentino como una tendencia fuerte: el bag in box o wine dispenser, cuya aparición en 2001 fue efímera. ¿Qué es?

Ni más ni menos que un envase de tres o cinco litros de vino que trae una muy precisa canilla para dosificar el servicio y evitar que el vino se eche a perder. De forma que a la hora de beber una copa por día –o las dos que recomendaba Favaloro- el vino pueda estar en la mesa sin necesidad de romper la alcancía o malgastar un buen vino en una sola copa.

El concepto de ahorro
Detrás de esta línea de razonamiento hay bodegas como Casarena, Finca La Escondida, Toro, Viña Las Perdices o Lorca Wines, por mencionar algunas. Cada una por su cuenta y escala razona que es necesario reincorporar al mercado un formato grande y a la vez dosificable de vinos. También el Instituto Nacional de Vitivinicultura cree que puede ser una de las claves para mejorar las relaciones de consumo y, junto con el Ministerio de Agricultura de La Nación, lo promociona.

Instituciones aparte, entre 2014 y 2015 varias marcas lanzaron sus versiones de Bag in box, que ya mueve unos 250 mil litros de vino Premium según el INV. La apuesta es ofrecerle al consumidor una herramienta para que no deje de darse el gusto por un tema de gasto. Y así, el principal argumento que esgrimen las marcas, más allá de la calidad del vino –de la que hablaremos más abajo- es el ahorro: por cada wine dispenser se compran 4 botellas al precio de 3. Y además se dosifica el servicio. Cada bag in box rinde unas 20 copas o el equivalente a 20 o más días de una copa diaria. Lo que convierte a estos dispesers en herramientas claves para un asado de muchos o bien para el consumo doméstico y cotidiano.

¿Y el vino?
Para un día de campo, para unas vacaciones pescando en el lago, para el quincho de casa o la cocina doméstica, el Bag in box se ofrece como una solución práctica. Tanto para el transporte como para el servicio. Claro que con la solución no alcanza. El asunto con la nueva generación de wine dispensers es que ofrecen vinos de gamas medias y altas lo que ofrece una oportunidad única para beber rico y bien durante un tiempo. Porque si algo tiene este formato, es la garantía de que una vez abierto el vino conserve sus propiedades por lo menos hasta dos meses. ¿Milagro?

Ni tanto. Se trata de la conjunción de dos factores. Por un lado, mejores vinos empacados en este formato. Ejemplos cabales son Finca La Escondida Roble Malbec ($200) y By The Glass Malbec ($270), de Viña Las Perdices, ambos por tres litros. Dos vinos que en el comercio se pagan 65 y 107 pesos respectivamente, ahora para todos los días. Pero no son los únicos. Igual plan suponen Casarena 505 Malbec ($222) o Lorca Fantasía Malbec ($277) o los Premium Maype Malbec ($282), de tres litros cada uno. Todos vinos ricos que ayudan a la buena conservación. El único de 5 litros disponible es Carninae Malbec ($461) que supone el ahorro de casi dos botellas en un mismo pack.

Por otro, la misma tecnología del dispenser. Especialmente la canilla, muy simple de usar, que al mismo tiempo garantiza la higiene final del pico vertedor. Y por tanto, que el vino allí no se heche a perder. Ni ahí ni dentro. Porque al recipiente no le entra aire: en la medida en que se sirve, se comprime como un diafragma sin aire, y protege al vino de la oxidación.

Así, a la hora de hacer bien las cuentas, la vuelta de estos grandes formatos, mejorados a su vez desde el punto de vista estético, funcional y de calidad de vinos, es un excelente noticia para quienes adoran al vino con las comidas y se privaban por no abrir una botella.

Joaquín Hidalgo

Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios nacionales, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros.