Con casi 16000 hectáreas cultivadas desde Salta hasta la Patagonia, el Cabernet Sauvignon traza una ruta donde cada terruño ofrece un perfil diferente y curioso. Un recorrido que enhebra la mítica ruta Nacional 40, la más larga del país, cruzando viñedos y sabores. Así es que, en plan turismo paladar, abrochate el cinturón que comienza un largo viaje para conocer lo mejor del Cabernet Sauvignon.

Allá en el Norte
La provincia de Salta es un bastión fuerte para el Cabernet, porque es la variedad más distintiva. A más de 1700 metros de altura, la marcada amplitud térmica del valle Calchaquí, con días soleados y calurosos y noche muy frescas, tornea un carácter propio al varietal: con un distintivo trazo de morrón asado, omnipresentes en los tintos de altura, también cassis  y una impronta vegetal profunda. En paladar, resultan vigorosos y vivaces, con buena estructura y taninos firmes, ideales para la estiba y para halagar al amante de los tintos intensos. Buenos ejemplos para iniciarse resultan los clásicos de buena relación calidad precio Cafayate Reserve (2013, $85) y Don David (2012, $99). Entre las novedades destaca Piattelli Premium (2013, $140) y en la  alta gama Quara Single Vineyard (2011, $240) y Laborum (2012, $250), de estilo compacto y sofisticado. Mientras que para los puristas, Domingo Molina (2011, $250) es la fiel expresión vallista con buena concentración y morrón asado.

Rumbo al sur, el Cabernet Sauvignon se cultiva tanto en Catamarca, La Rioja y San Juan pero solo se destaca en vinos puntuales de estilo singular como Graffigna Grand Reserve (2010, $200) elaborado con uvas del valle de Pedernal. Ubicado a 1450 metros de altura, el valle más joven de la vitivinicultura sanjuanina cuenta con el frío necesario para atenuar el vigor que impone el sol en este cepaje para asegurar una aromática intensa de frutos negros y paladar jugoso de sabores francos.

Mendoza, un mosaico
La provincia concentra el 77% del viñedo de Cabernet Sauvignon, por lo que la historia y los estilos argentinos precisan ciertas divisiones de terroir. Corazón histórico de grandes vinos, hoy es motivo de orgullo tanto en viñedos longevos como en las zonas más jóvenes.

Nuestro recorrido parte por la Primera Zona, es decir, Luján de Cuyo y Maipú. Aquí se delineó el perfil tradicional, que se resume en una aromática compleja y frutal, levemente herbal, y un paladar de taninos finos y vivos, con un final refrescante. Hoy pervive  en vinos como Medalla (2010, $270) de bodega Trapiche, o Luigi Bosca Reserva (2012, $175), dos de los grandes ejemplares mendocinos de perfil internacional y elegante. Mientras que de un perfil más austero pero igualmente clásico, destaca Finca Perdriel Colección (2009, $170), elaborado con los frutos de un antiguo viñedo de Perdriel, o Pequeñas Producciones de Escorihuela Gascón (2009, $300), elaborado con uvas de Agrelo. Entre tanto, un dato no puede pasar desapercibido: el vino de mayor precio en Argentina es, precisamente, un Cabernet de Agrelo: Catena Zapata Estiba Reservada (2007, $3960) y es un ícono de estilo clásico y carenado moderno.

Hay, sin embargo, estilos novedosos, de perfil tenso y jugoso, que aggiornan la variedad. En ese plan, Casarena Owe´s Singel Vineyard Agrelo (2012, $325) producto de un viñedo histórico que se traduce en un tinto moderno y lineal, o Primeras Viñas (2012, $420) de Bodega Lagarde, reflejo de un histórico viñedo de la bodega en Perdriel donde logran un tinto de buen cuerpo pero sobre todo chispeante en el centro de boca. Imperdibles de esta nueva expresión también son Lamadrid Single Vineyard (2011, $140), Kaiken Ultra (2011, $180) que conjuga tanto uvas de Agrelo como de Maipú y Luna Benegas (2010, $100) 100% de Cruz de Piedra, cuna de los grandes Cabernet de Maipú.

Hacia los cerros mendocinos
La búsqueda de altura y climas fríos también abre una nueva identidad para el Cab. Y Valle de Uco reproduce el mosaico estilístico de Mendoza, pero con más cuerpo e intensidad general, bien refrescados por una acidez elevada, apoyada en sabores casi expectorantes de hierbas y bálsamos. En el Alto Valle de Uco, entre Tunuyán y Tupungato, por ejemplo, es posible dar con dos identidades, la de perfil más clásico y sosegado como Salentein Reserve (2011, $145) y Zuccardi Q (2010, $220); o aquellos que buscan la expresión jugada y algo diva que proponen Zorzal Terroir Único (2011, $182) o Sophenia Reserve (2012, $180).

Entre Tunuyán y San Carlos, en torno a los mil metros, Vista Flores y Altamira ofrecen un Cabernet lineal y profundo, con una textura algo apretada, propio de regiones frías con suelos rocosos. Así son Ópalo (2010, $145), de Mauricio Lorca, un exponente sin paso por barrica que es una muestra al desnudo del varietal; o el perfil bordolés de Cuvelier Los Andes (2011, $190). Desde Altamira, Son Vida (2010, $240) define de algún modo el ABC del Cabernet Sauvignon de montaña con buen nervio y estilo.

Centro Sur de Mendoza
La frontera sur de la vitivinicultura mendocina, San Rafael, ofrece uno de los estilos más tradicionales y frescos para el Cabernet. Aquí juega un factor importante el clima fresco que definen los aires patagónicos que llegan a soplar sobre sus viñedos. Así, el Cabernet sanrafaelino es de fluir sedoso y etéreo, aun criado en barrica. Ejemplares perfectos son Particular de Bianchi (2009, $260) y 5ta Generación de Goyenechea (2012, $150), que abonan a la modernidad estilística dentro de la tradición. De todos modos también hay interesantes etiquetas para el consumo diario como Vía Blanca (2013, $55) y Lavaque (2013, $50) que pueden despertar pasiones entre los fundamentalista de la cepa.

Patagonia norte
El recorrido por los caminos del Cabernet Sauvignon argentino concluye en los viñedos australes, donde hay lugar para dos estilos muy diferentes según la provincia de origen. Si bien el clima de la zona es moderado, lo cierto es que la maduración lenta de esta cepa hace que sus vinos resulten compactos y briosos dando lugar a un estilo moderno donde el roble juega un rol clave. En Río Negro, por ejemplo, Humberto Canale hace gala de sus años en el negocio con Íntimo (2012, $110), ícono patagónico de impronta tradicional con aires europeos. En la vecina Neuquén el estilo es diferente, sin embargo, concentrado y vigoroso como Fin del Mundo Reserva (2011, $160) o Mantra (2012, $140), de la bodega Secreto Patagónico, ideales para acompañar los sabores de un típico cardero de la región al asador.

Alejandro Iglesias

Es sommelier y un consumado buscador de tesoros. Capaz de degustar cientos de vinos y de recordar del primero al último con la precisión y la agudeza de un entomólogo, conoce como nadie esos rincones del mercado a los que todos quieren llegar. Por eso elige los vinos del Club Bonvivir. Por eso escribe en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) sobre sus hallazgos o bien en importantes medios nacionales como Clase Ejecutiva, o internacionales como Decanter.