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Hay recetas que, de atípicas en la dieta, te hacen quedar como un experto si las hacés. Algunas son difíciles y otras más fáciles que una milanesa al horno. Los Mejillones a la provenzal son de estos últimos: se hacen rápido, son gustosos y además nadie los prepara a diario por este lado del mundo. Si estás en plan quiero darme un gusto y no sé cómo, leé con atención y poné una botella de Sauvignon Blanc en la heladera.

ABC mejillón
Los podés comprar frescos o congelados y siempre salen bien. En el caso de comprarlos frescos, ojo: todos tiene que estar cerrados y, si están entreabiertos, deben cerrarse luego de un golpecito. Eso es garantía de frescura. Y atento que limpiarlos es un trabajo a conciencia, si no querés que luego, en la mesa, estén todos rumiando arena.

Para 4 personas, hace falta:
1 kg  de mejillones
2 dientes de ajo
Un puñado de perejil
2 cucharadas de perejil picado
Una taza de vino blanco seco
Aceite de oliva extra virgen

Limpieza y preparación
Para limpiar los mejillones la esponja de acero es una gran aliada. Bajo el chorro de agua fría raspás la concha y le sacás la arena y las rebabas que pueda tener. Si cuesta, con el canto de un cuchillo podés hacer lo mismo. Deben quedar brillantes. Cuando están listos, se los deja en un bowl con agua fría por lo menos 10 minutos.

En una sartén profunda a fuego medio, agregar ajos picado fino y un chorro de aceite de oliva, hasta que sueltan el aroma. Agregar el vino blanco y dejar cocinar unos 5 a 10 minutos máximo. Al cabo, sumar los mejillones escurridos y la mitad del perejil picado fino. Tapar la olla y esperar unos minutos hasta que los mejillones se abran: están listos para servirlos. Y los que no se abrieron, mejor descartarlos.

Una opción creativa es ponerles una cucharada de pimentón y otra de fécula de maiz antes del agregado del vino. Así se espesa y saborizan de otra manera. Pero es a gusto de cada cuál.

Una vez cocidos, ponerlos en una fuente profunda con su jugo, sumar el resto del perejil y llevarlos a la mesa con un bowl arroz basmati o blanco como acompañamiento.  Ideal es comerlos con la mano, usando la cáscara como una cuchara para no desperdiciar nada.

El sabor de mar, el toque ácido del vino blanco y el aroma del ajo y el perejil hacen que este plato sea perfecto para blancos de frescura elevada, como estos que listamos acá.

Emiliano Rodríguez Egaña