Atrás quedaron los tiempos en que las vendimias eran parejas en Argentina. Al menos, en el recuerdo de los enólogos más memoriosos, lo saltos que se experimentan en la última década entre añadas ofrecen un panorama muy distinto a la foto en sepia de otro tiempo. Promediando la cosecha de este 2015, la regla para resultan las anomalías: el calor adelantó la madurez entre dos y tres semanas, mientras que las lluvias y las condiciones cambiantes, principalmente en Mendoza, encendieron la voz de alarma para la vendimia en curso.
Pedro Marchevsky, agrónomo asesor que recorre viñedos de todo el país, lo puso blanco sobre negro: «En zonas de suelos arcilloso como el este o de Mendoza o Agrelo, en Luján de Cuyo, las lluvias de febrero y comienzos de marzo están haciendo estragos. Los viñedos tienen las hojas marrones a causa de la peronóspora y la botrytis daña los granos,» dice. Se refiere a dos hongos en los que la humedad relativa ambiente es un factor clave para su desarrollo. Un recorrido por los viñedos de la zona, principal corazón de la región de Luján para vinos de calidad, da cuenta del daño.
Otro panorama muy diferente se ve en el Valle de Uco, donde los viñedos plantados en zonas altas y de buen drenaje no acusan el mismo problema. Con buena sanidad, el problema en esta región fue la caída de granizo, que se llevó buena parte de las uvas destinadas a grandes vinos.
Sin embargo, José Antonio Montilla, enólogo de Freixenet Argentina, ve un panorama alentador. «La que no fue afectada por la piedra ofrece muy buena calidad. Y si bien las lluvias fueron intensas aquí, en Gualtallary, el agua escurre por la buena pendiente y los suelos sueltos».
En el Este de Mendoza la situación es más compleja. Zona destinada a los grandes volúmenes de uva, debido a la crisis de rentabilidad que atraviesa el sector los productores no hicieron las curaciones preventivas. Y las tormentas de febrero, sumado a las altas temperaturas y humedad relativa ambiente, formaron un caldo de cultivo donde el único perdedor es el productor y su vino. ¿Cuánto? Aún no hay cifras oficiales. «Las pérdidas son cuantiosas», sostiene Marchevsky.
San Juan
A diferencia de la vendimia 2014, que para la provincia fue lluviosa y compleja, la 2015 ofrece un panorama amable y productivo. Así, las bodegas se entusiasman con una buena cosecha. En palabras de José Morales, enólogo de Bodega Callia, «salvo un comienzo adelantado, en que algunas blancas incluso se vendimiaron a fines de diciembre, el resto del ciclo viene normal. Especialmente en valles como Pedernal, donde la altura demora la madurez azucarina y la empareja con la fenólica.» En pocas palabras, un proceso ideal.
Salta
En los Valles Calchaquíes la situación también es positiva. Salvo algún granizo esporádico del que no tenían noticias hace algunos años, la marcha de la vendimia es pareja. Para Mariano Quiroga Adamo, enólogo de Bodega El Porvenir de Cafayate, «las variedades cumplieron bien su ciclo, escalonadamente, aunque esta vendimia se adelantó unos 15 a 20 días, debido al calor».
Patagonia
Patagonia vive una vendimia apacible. Atrás quedaron las heladas tardías y algún granizo impertinente en el verano. Ahora, mientras las bodegas cosechan Merlot y Malbec, todo marcha sin sobresaltos. Marcelo Miras, enólogo de Bodega del Fin del Mundo, se mostró entusiasmado: «Marzo viene seco y templado, con buena amplitud térmica en torno a los 20 o 22 grados, y sin lluvias hasta ahora. Las únicas pérdidas, que están dentro del estándar del zona, se debieron a heladas tardías».
Con las uvas blancas en tanques ya, como en toda la Argentina, lo que resta es un tramo que, a simple vista, ofrece un horizonte promisorio.
Joaquín Hidalgo
Una versión de esta nota fue publicada en La Mañana de Neuquén el domingo 22 de marzo de 2015.
