Para unos, trompetista. Para otros, conductor. Para casi nadie, Marcelo Rodríguez (49), alias el archiconocido Gillespi, un raro combo de atrevimiento, buen oído para la música, corazón para las buenas palabras y ojo para los vinos.
Pocos saben que quiso ser psicólogo (UBA), que su sueño siempre fue ser músico y que llegó a los medios de la mano de grandes como Adolfo Castelo. Con una carrera en radio y la tevé, fue ladero de Gonzalo Bonadeo y Roberto Pettinato, musicalizó el delirio de Alejandro Dolina en su eterna Venganza Será terrible y batalló en el aire de Rock&Pop hasta delirar, hoy de la mano de Malena Pichot, en su la flamante república de “Burundanga”, que va de lunes a viernes por Nacional Rock.
Con todo, es en la música donde brilló siempre. Pasó por varias bandas caras al corazón: desde Sumo a Divididos y Las Pelotas, a colaborar con músicos como Luis Salinas, Javier Malosetti, Charly García, Pedro Anzar, entre muchos. En cada caso, el sonido entre modal y estridente de su trompeta sacó chispas en cada placa o susurró en sordina fraseos elegantes y licorosos. Y ahora prepara un nuevo proyecto: Gillespi & Grand Small Band, la banda en la que respasan temas propios fusionando instrumentos tradicionales y electrónicos, con la que se lanza agirar este mes desde Viedma a Rosario. En un impase de sus ensayos, tomó aliento para conversar con Vinomanos sobre su afición menos conocida: los vinos. Con ustedes, Gillespie: el trompetista de pura cepa que ama al tinto sin madera.
Como músico ¿pensás que vino y música tienen alguna relación?
Absolutamente. Se llevan de maravilla, porque el vino es una bebida muy noble. La música tiende a promover un espíritu de relax, tanto de quien lo hace como de quien lo recibe y el vino ayuda a eso. Si vos me decís, qué relación tiene el vino y el tenis de alta competencia y yo te digo que no sé porque incluso puede ser hasta contraproducente (se ríe). Pero si vas a ver un show de jazz y te tomás un buen vino estás en el estado ideal para recibir ese espectáculo. De alguna manera el vino enciende esa cuestión humana de las experiencias, de las sensaciones, de las conversaciones. Activa cualquier charla, tiene esa magia.
¿Cómo te enamoraste del vino?
En realidad mi viejo tomaba vino con soda y algunas veces me convidaba, pero mi romance con el tinto estuvo más cerca de los 30 años. Fue descubrir una bebida que para mi es maravillosa por una cantidad de motivos pero fundamentalmente me cae muy bien tanto espiritual como físicamente. Por ejemplo, tomo vino todas las noches, con la cena, a mi no me da sueño como a otras personas.
¿Preferís tinto, blanco, rosado?
Prefiero el vino tinto, pero durante los veranos extremos me gusta el vino blanco. Generalmente suelo ir a la Patagonia una vez al año y allá me da más por el Chardonnay o el Sauvignon Blanc típicos de la zona.
¿Y a la hora de elegir, buscás vinos de corte o algún varietal en especial?
Mayormente prefiero el Malbec, vinos como Trumpeter. Aunque el Uxmal Cabernet-malbec me gusta mucho. Prefiero que el vino tenga un toque de dulzura en el sabor, pero no exagerado como para que resulte empalagoso. Además, no me agradan los vinos ligeros, como aguados, prefiero que tenga cuerpo, textura.
¿Añejos o jóvenes?
Me gusta más los vinos frutados, es decir, jóvenes. Puedo tomar vinos añejos siempre y cuando no tenga demasiado gusto a madera, eso es algo que no me gusta. No me rompen la cabeza los vinos añejos. Una vez, un amigo que tenía una vinería me convidó un Weinert Malbec Estrella 1977 y era medio transparentoso, parecía jerez. La verdad es que prefiero algo más actual.
¿Algún vino que no puedas olvidar?
Me gusta Saint Felicien Chardonnay porque en boca es como una manteca. Ese es un vino que tomábamos siempre con Adolfo Castello, a él le gustaba mucho. Él siempre pedía ravioles con alguna salsita ligera y ese vinito iba perfecto. Alma Negra Misterio 1 me parece un rico vino también.
En otro orden de cosas, ¿con quién te tomarías un vino?
A mi me gusta mucho hablar con la gente, tengo alma de psicólogo y el vino propicia mucho la charla. El vino es un combustible que va aceitando la charla. Y si me apurás, más allá del agujero negro que hay por una cuestiones generacionales, me tomaría un tinto con Borges, Cortázar o Piazzola. Esos personajes tan geniales que dio la cultura Argentina y que yo por ser un poco más chico no pude apreciar en su momento.
Claro. ¿Y qué onda la gente que no bebe vino?
Otro cantar. Si estoy en una mesa con un vino abierto y la otra persona (siempre que no sea un niño, o un anciano o alguien que esté en tratamiento médico) no toma vino, no me gusta. Ya sé que no vamos a poder congeniar. Dudo del que no toma vino.
Emiliano Rodríguez Egaña
Gillespi & Grand Small Band estarán  presentes en estas fechas.
10 de abril Centro Cultural Viedma – Viedma Bs.As.
11 de abril Centro Cultural Don Bosco – Bahía Blanca Bs.As.
12 de abril Teatro Español – Santa Rosa, La Pampa.
25 de abril Espacio 37 Palermo Bs.As.
26 de abril El Teatrino – Tigre Bs.As.
09 de mayo El Teatro Bar – La Plata Bs.As.
16 de mayo MUSAstudio Acceso Oeste Km. 38,5. Colec. Sur. La Reja
17 de mayo Café de la Flor – Rosario Santa Fe.
31 de mayo Teatro de la Cova – Martinez Bs.As.

Emiliano Rodriguez Egaña
Es el mejor cocinero del mundo para los que tenemos el gusto de sentarnos a su mesa. Capaz de cruzar la ciudad por unas ostras o de sudar la gota gorda frente a un caldero durante horas, para el resto de los mortales es un estratega de la comunicación digital, el marketing de contenidos y otros tantos menesteres. Trabaja desde hace más de 12 años en medios digitales. Es el responsable de que no fallen los códigos de Vinómanos (plataforma que fundó en 2013), donde también escribe sobre su pasión culinaria.