Suena raro. Pero cuando te dicen que podés visitar un viñedo a 45 minutos de Buenos Aires lo primero que te viene a la cabeza es que vas a ir a ver unas hileras de vides sin mucha gracia. Quizás por eso el impacto de llegar es muy diferente: en un entorno de lomadas que se hace eco del paisaje de Cognac, Francia, bodega Gamboa Campana ofrece algo más que unas hectáreas de viñedos a la altura del Parque Nacional Ciervo de los Pantanos.
Como parte del atractivo, brinda un restaurante con menú por pasos. Además de una pequeña bodega que hoy tiene más de galponcito que de realidad. Pero el truco está en que en el menú se pueden probar los vinos de la zona. Y eso ya es bastante anzuelo para alguien que tenga un paladar que esté a la caza de nuevos sabores: un Pinot Noir y un Malbec, por ahora, cada uno con un guiño estilístico propio. Son un puñado de botellas.
Para decirlo en pocas palabras, el Pinot Noir 2021 tiene una guinda deliciosa, pero está un poco abierto por una crianza no muy cuidada (no ocurre lo mismo con la 2022), mientras que el Malbec es un tinto con perfume varietal y boca en las antípodas de lo conocido. Delgado y rica frescura, ofrece un tinto para comer.
Y de eso se trata la propuesta de bodega Gamboa Campana. De comer con vista al paisaje de lomajes, al bosquecito que crece en las quebradas y al viñedo que se asolea entre el restaurante y la pérgola en la que beberse una copa cuando cae el sol.
La gastronomía está cargo de Edward Holloway –cocinero irlandés, responsable entre otros de Fierro Restaurante– y se compone de unos platos simples y de muy buen sabor cuya cantidad determina el precio: hay un menú largo, con principales, y otro corto que es básicamente una picada. El sabor es el protagonista, en todo caso, de este restaurante con un aire entre country y pampeano.
El menú corto, llamado Experiencia Origen, por ejemplo, consta de diez tapas que parten con focaccias, empanada de matambre y empanada de cabutia, además del carpaccio de bresaola y dips, farinatta con crema y ahumados, con mascarpone de postre. Cuesta $4200.
El menú largo, llamado Experiencia Terruño, parte con la focaccia, sigue con una tapa de morcilla y pera con chispas de pistachos, remolachas con queso azul y alcaparras (un rico hallazgo), además de coliflor a la plancha, polenta grillada con parmesano y cherries confitados y empanada de matambre.
De principal puede ser ojo de bife o la pesca del día, aunque también hay una opción vegetariana con una lasagna de hongos. Dato: los principales vienen con guarniciones, como una ensalada con encurtidos muy sabrosa. Cuesta $5900.
Los platos se pueden maridar, claro, con vinos de la casa. Una selección de etiquetas que son partidas limitadas de enólogos invitados: hay algunos de Karim Mussi, como Semillón y Cabernet Sauvignon, otros de Santiago Achával, como Malbec o Pinot Noir. El maridaje se cobra aparte.
Breve historia de bodega Gamboa Campana
Detrás de este viñedo está Eduardo Tuite, empresario dedicado al turismo receptivo y fundador de Signature DMC. En 2012 tuvo el propósito de traer algo de la experiencia del vino hacia la Capital. La llamó Gamboa, usando el apellido materno. Desarrolló así el primer viñedo que, no tardaría en darse cuenta, era una actividad más compleja que un negocio con buenas intenciones.
“Los primeros años fueron imposibles”, dice. Entre que se le morían las plantas y que no podían cosechar porque los pájaros se comían las uvas, descubrió que hacer vino en la Pampa Húmeda era algo más que plantar viña. Así, buscó apoyo en otros productores de la zona, como el viñedo de Junín llamado Finca Las Antípodas, y desde ahí llegó Gabriela Celeste a asesorarlo en los vinos. La cosecha 2022 estuvo enteramente en sus manos.
Hoy el restaurante ofrece una cava subterránea en la que se realizan catas de vino, además de actividades como clases magistrales sobre destilación de gin, como la que tocó la tarde en que los visité.
“La idea es generar actividades además de la visita, para que el día de campo sea completo”, dice Tuite, para quien el turismo no esconde secretos.
No contento con tener un viñedo en Campana, se embarcará este mes en la plantación de otro, ahora en las afueras de Madariaga, sobre la ruta a Pinamar. “Con la experiencia que aprendimos en Gamboa –dice– deberíamos ir más rápido en este nuevo viñedo”. El objetivo, desde ya, es el turismo de la costa.
Mientras tanto, si querés visitar bodega Gamboa Campana, es mejor reservar mesa. El sábado en que fui a conocerlos casi no quedaban lugares disponibles. Acá tenés toda la data: https://goo.gl/maps/5SBag5jNQrsi8Jwd7

