[vc_row][vc_column][vc_column_text]
Hacer grandes vinos de terroir es como trabajar en la cocina: combinando ingredientes se logra más complejidad, impacto o densidad en un plato. Pero en el caso de las botellas, conseguir esos ingredientes es conseguir uvas diferentes, que sumen matices. Y ahí es donde la cosa se pone interesante.
En Bodega Colomé lo tienen muy claro. Con cuatro viñedos plantados a alturas variables y suelos muy distintos en el Valle Calchaquí, en todos ellos producen Malbec de Bodega Colomé. Son, desde ya, cuatro estilos completamente diferentes que, a la hora de combinarse en una botella, abonan a la complejidad de Colomé Estate Malbec y a la capacidad de sostener su definición estilística en el tiempo.
Para llegar al corazón de esta alta cocina hay que observar el Valle Calchaquí y sus matices. Javier Grané, Gerente de Viñedos de Bodegas Colomé, lo define así: “Desde Cafayate hasta Payogasta, en los extremos donde tenemos las fincas, cambia la altura, los tipos de suelos, y se gana heterogeneidad: arenoso, franco arenoso, gravas, calcáreos, y rocas volcánicas, tenemos muchas variables en juego en el mismo valle”, dice.
Y agrega: “La altura influencia la amplitud térmica y la intensidad de radiación solar, con mayor incidencia sobre la piel de la uva, que se engrosa. Entonces, se genera mayor hollejo y se concentran en la uva polifenoles, flavonoides y taninos a medida que aumentamos en la altura”.
Así, combinando diferentes matrices es que Colomé consigue elaborar los Malbec que dan vida a Malbec Estate.
Malbec de bodega colomé
Finca La Brava
Pegada al pueblo de Cafayate, La Brava, 11 hectáreas plantadas con Malbec, Cabernet Sauvignon, Tannat y Torrontés, se recuesta sobre un lecho de arena profunda.“Podés agarrar la pala y cavar dos o más metros y lo único que vas a encontrar es arena”, sostiene Grané.
Otro tramo de la finca, el que está hacia el Cerro San Isidro, en cambio, suma rocas a esa matriz, aunque para Estate se emplea sólo la parte arenosa. A una altura de 1700 metros, es la más baja del grupo y también la que acumula las mayores temperaturas. Por eso, esta finca ofrece “mucha fruta roja, donde la intensidad de los aromas es muy alta. Pero por tener temperaturas más cálidas, los taninos son más livianos y los vinos, más fáciles de tomar”, describe el técnico.
Esta finca es la contracara de La Brava. Igualmente arenosa –como sugiere sin dudas el nombre– está implantada sólo con 35 hectáreas de Malbec en el extremo norte del Valle Calchaquí, a una altura de 2600 metros. En un ambiente más extremo, tanto por el sol como por las temperaturas más bajas que acarrea la altura, ofrece otro perfil.
“Acá el sol hace un trabajo diferente. La uva ofrece un perfil de fruta negra y es más concentrada en taninos, flavonoides y antocianos, con mayor acidez gracias a las temperaturas nocturnas más bajas y la amplitud térmica en torno a los 22°. A finales de la madurez las mínimas rondan los 8°C. Ahí está la clave para preservar la acidez y darles energía a los taninos”, explica Grané.
Finca Colomé
En el corazón del Valle, desde Molinos y hacia el oeste, Finca Colomé está plantada con 75 hectáreas de viñedos con variedades como Malbec, Cabernet Sauvignon, Tannat, Petit Verdot, Syrah, Bonarda y Torrontés. Por su ubicación al pie de un viejo cordón montañoso, a 2300 metros, es la finca que ocupa el lugar medio en el esquema de Colomé: un área relativamente fresca, con suelos tan heterogéneos y singulares que funcionan como una llave que abre y cierra el factor térmico.
“Tenemos parcelas con suelos arenosos, otras con mucha arcilla, otras con gravas, granitos y hasta franjas calcáreas”, detalla Grané. Todo eso se traduce en suelos calientes a fríos, que morigeran el efecto de crecimiento y definen unas uvas complejas. “Fruta roja, fruta negra… Esa complejidad se transmite al suelo. Por eso esta uva es el alma de nuestro Estate”, sintetiza.
Este viñedo es un ícono de la altura. Plantado desde 2004, fue el primero en superar la barrera de los 3.000 metros en el mundo y ocupa el faldeo de un cerro, pegado al lecho de un río; hoy son 30 hectáreas con Malbec, Pinot Noir, Merlot, Syrah; Torrontés, Sauvignon Blanc y Chardonnay.
“Aquí, a 3111 metros, la altura extrema es tan relevante que define el perfil de los vinos más allá de que el 70% del suelo sea roca, graníticas y volcánicas, con algo de arcillas. Aquí conseguimos una uva muy delicada, que se expresa en el costado floral, con un ingrediente mineral y de excelente acidez. Le aporta el componente delicado al estate”, precisa Grané.
Claramente, el tener distintos vinos y zonas con diferentes características permite a Colomé jugar en la conformación de sus vinos. Así, más allá de las añadas, garantiza un nivel de calidad constante pero, sobre todo, personalidades irrepetibles en cada línea.
[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]