Cuando las primeras vides se plantaron en Sarmiento (Chubut) para el proyecto de la bodega Otronia, el plan inicial era producir vinos espumosos. Como no había antecedentes vitivinícolas en la zona, y las bajas temperaturas no auguraban una completa madurez de azúcares, elaborar burbujas era una apuesta segura dentro de la incertidumbre.
Sin embargo, el terroir marcó la diferencia: con largos días en verano, la intensidad lumínica equilibró el frío y permitió lograr vinos con un elegante balance de alcohol y acidez, más una complejidad aromática de perfil único.
Así, 50 hectáreas de viñedos comenzaron a extenderse, con variedades como Pinot Noir, Pinot Gris, Chardonnay, Gewürztraminer y Riesling, todas de ciclo corto. Luego, se sumaron apuestas más arriesgadas en el marco del frío como Merlot, Malbec y Torrontés, de ciclo más largo.
Al igual que todo el portfolio del Grupo Avinea al cual pertenecen tanto Otronia como su socia mendocina Argento, el manejo del viñedo está certificado como orgánico, buscando un equilibrio con el sistema agroecológico y la flora nativa. No se utilizan insecticidas ni pesticidas: las particulares condiciones climáticas, secas y frías, con el rugido constante del viento que borra toda humedad del ambiente, erradican casi por completo las enfermedades criptogámicas, garantizando la sanidad de la uvas.
Vinos bodega Otronia
Arcilla, arena y rocas
Paralelamente, el estudio y comprensión de los particulares suelos del viñedo dio pie a nuevas aventuras. “Los perfiles de suelo de Otronia, antes que nada, son muy heterogéneos”, explica el enólogo Juan Pablo Murgia.
“El material que domina es la arcilla. Los estudios geológicos determinaron que esto era, en la antigüedad, un gran sistema de lagos que tomaba a los actuales Lago Musters y Colhué Huapi. Eso se secó y dejó el material del fondo del lago, formado por arcillas multicapa de origen lacustre y de gran calidad”, describe.
A esa base se agregan dos materiales más: la arena, que se presenta tanto en estado puro como en combinación con la arcilla; y la roca, que aparece en dos conformaciones diferentes.
La primera es de origen fluvial, influenciada por el río Senguer, que antiguamente llenaba la parte baja de los viñedos. “Trajo mucho arrastre de material, piedras pequeñas que terminan generando gran parte de la textura”, señala Murgia.
La otra, de origen aluvial con alto contenido de carbonato de calcio, se encuentra tanto en intraclastos de piedras pequeñas como en rocas de gran tamaño, mezclados con las demás texturas.
Comprendiendo estos suelos, nuevas variedades -y nuevos vinos- comenzaron a sumarse al portfolio de vinos bodega Otronia, como 45° Rugientes Merlot (que salió a la luz este año, con carácter floral, delicada fruta negra, leve pimienta y taninos finos) y el flamante 45° Rugientes Rosé de Pinot Noir, con fruta roja vibrante, entrada elegante y sorpresivo volumen en el centro de boca.
Se agranda la familia
Paralelamente, en el 2022 se cosechó Malbec por primera vez entre los vinos bodega Otronia. Y en septiembre, otra tanda de lanzamientos -más disruptiva- va a sorprender: un nuevo blanco de Torrontés, un naranjo de la misma cepa y un vino cosecha tardía de Gewürztraminer y Chardonnay.
“A partir de la cosecha 2021 empezamos a encontrar unos resultados excepcionales en Torrontés. En el viñedo probablemente más frío en el que se está haciendo viticultura en Argentina asociado a esta variedad, era una oportunidad que no nos queríamos perder”, explica el enólogo.
El Torrontés, dice Murgia, “tiene una nota floral muy potente y la podemos encontrar asociada a una gran fineza y a un nervio que son muy característicos de este lugar”.
El naranjo fue en parte inspirado por el italiano Alberto Antonini, consultor vitivinícola de la bodega, quien luego de un viaje a Georgia, en el Cáucaso, se enamoró de las técnicas de vinificación antiguas en las que las uvas blancas se fermentaban con pieles.
“En este naranjo, el color es un efecto colateral. En la vinificación del Torrontés buscábamos extracción de aromas y texturas, un vino blanco que tenga agarre. Fue un ensayo que salió tan interesante que no pudimos evitar embotellarlo”, agrega el enólogo.
Finalmente, el vino de cosecha tardía nació pensando en los grandes late harvest mundiales de clima frío, como los que se elaboran en Alemania o Alsacia. Así, se decidió cosechar en junio parte de algunas parcelas de Gewürztraminer y Chardonnay, buscando la deshidratación de las uvas y el efecto del frío.
Tal como remarca Murgia, lo que se procuró fue “hacer un vino que lograra complejidad y azúcar final, pero con la acidez fenomenal que da el lugar”. Bienvenidos vinos bodega Otronia.

