El contexto no es fácil, pero las ganas sobran. Y mandan. No son pocos los cocineros extranjeros en Argentina que, aún en un escenario de pandemia y crisis económica, se animan a poner en marcha un negocio gastronómico en suelo argentino.
Transitando el camino inverso de aquellos originarios de la tierra del mate que en estos tiempos deciden dejar el país en busca de crecimiento, ellos y ellas llegan con sus valijas y se aventuran a emprender aquí.
Muchos dicen “amar” este lugar. Provenientes de otros países del continente, y hasta de Europa, decidieron dar sus primeros pasos empresariales en un momento difícil, en plena ola de coronavirus y hoy ven cómo sus proyectos toman impulso de la mano del renacimiento del consumo.
Cocineros, parrilleros y hasta pasteleros vienen de todo el mundo y apuestan por echar raíces en las mesas locales.
Cocineros extranjeros en Argentina: fusiones y sorpresas
Asado vinotinto
Uno de los ejemplos de que es posible emprender -y hasta crecer- en plena pandemia es el negocio que puso en marcha meses atrás Ailanger Rubio en Buenos Aires. Tras años de trabajar en el rubro gastronómico, lanzó una propuesta más que valiente: el venezolano, y su socio Ricardo Pastran -uno de los cocineros extranjeros en Argentina de los que hoy hablaremos-, se pusieron como firme objetivo abrir una parrilla en pleno corazón del país conocido internacionalmente por sus asados.
El éxito de su negocio radica en una diferencia esencial: se trata de una parrilla pensada especialmente para los venezolanos.
“Primero exploramos la comida de Venezuela que ya había en Buenos Aires y nos encontramos con platos tradicionales y callejeros. Entonces nos preguntamos qué faltaba en el mercado y enseguida nos dimos cuenta de que no había una parrilla al estilo venezolano”, cuenta a Vinómanos Rubio, uno de los dueños de Don Fortulio.
El local abrió sus puertas hace cinco meses en Palermo, Uriarte 1413. Si bien un 80% de los clientes son venezolanos, la propuesta también tiene aceptación entre los argentinos.
Rubio indica que los tipos de asado son diferentes en ambos países. “Por ejemplo, en Venezuela acompañamos la carne con la yuca, que es la mandioca, ya sea frita o hervida”, explica.
Otra característica vinotinta es la guasaca, una salsa hecha a base de palta y vegetales que, según indica el emprendedor, “es el equivalente al chimichurri local”.
Con respecto a los planes, Rubio dice que si bien proyecta aperturas, “primero vamos a reinvertir en el negocio que ya tenemos: vamos a hacer algo en la planta superior, convertirla en bar y sumar coctelería y música”.
Empanadas francesas
Desde el Viejo Continente también llegan algunos apasionados del mundo culinario con el firme objetivo de consagrarse como cocineros extranjeros en Argentina y aportar sabores diferentes.
Es el caso del chef francés Antoine Ungar, quien decidió cambiar sus extensas jornadas en lugares como la Philarmonie de Paris o restaurantes a metros del Sena por un proyecto propio con sello porteño.
Es por ello que en el mes de septiembre dio vida a Darton cuisine, un emprendimiento desde el que vende viandas semanales a través de Instagram. Su objetivo es ofrecer a los clientes platos creativos de sabor francés para degustar en su casa.
“Superamos nuestras expectativas”, cuenta feliz el parisino que decidió instalarse en su Buenos Aires querido tras seis viajes como turista, en los que aprovechó para explorar el mercado local.
El cocinero explica a Vinómanos: “Decidimos empezar por Instagram porque nos permite probar distintas opciones de menú y variar cada semana los platos”. Antoine está convencido de que su propuesta llega a este país en un buen momento, dado que “el argentino hace años que pide casi siempre lo mismo para comer en su casa, pero de a poco empieza animarse a probar opciones diferentes, como la comida francesa”.
Antoine no duda a la hora de responder cuál es el plato que hasta el momento ha tenido más aceptación entre sus clientes argentinos. “Las empanadas francesas”, afirma.
“Poner sabores franceses en las empanadas, tales como bourguignon (estofado de carne al vino tinto con zanahoria y champiñón) y piperade (compota de morrón y cebolla), fue una idea que comencé a desarrollar en Francia y terminé de concretar acá”, detalla con satisfacción.
Patria grande
Pero no sólo parrillas y emprendimientos a través de las redes sociales impulsaron a los extranjeros vinculados a la gastronomía que llegaron a Buenos Aires en los últimos tiempos. También la pastelería se convirtió en un rubro por el que apostaron muchos de los cocineros extranjeros en Argentina y, con éxito, en la capital argentina.
Es el caso del uruguayo Próspero Velazco, originario de la ciudad de Florida, en el país vecino. Pastelero con experiencia en distintas ciudades del mundo -entre ellas, Punta del Este, Mendoza, Estrasburgo y Lisboa-, Próspero eligió en 2020 la urbe porteña para abrir el primer local con la marca que lleva su nombre.
“Siempre Argentina me encantó”, cuenta entusiasmado a Vinómanos. Y agrega: “Arrancamos con una planta de elaboración en Colegiales, desde donde abastecíamos a otros lugares”.
Debido a la pandemia, el año pasado los pedidos de otros comercios –a los que proveían– que llegaban a su planta, ubicada en Superí al 1200, comenzaron a escasear, y fue ahí cuando vio una gran oportunidad de negocio.
“Decidimos abrir nuestro primer local con venta al público y despachábamos comida por la ventana”, cuenta. Fue tal la repercusión que, puertas adentro, ese huequito pasó a llamarse “la ventana de la felicidad”.
“La gente hacía cola para comprarnos y en diciembre del año pasado ya abrimos nuestro segundo local”, cuenta el pastelero.
El éxito del negocio continuó y en lo que va del año abrió otros tres locales: así, ya tiene tiendas sobre las calles La Pampa, Echeverria, Pedro Goyena y Maure. “Nos reinventamos en la pandemia”, resume orgulloso el uruguayo. Su alegría tiene una razón de ser: en plena cuarentena, la empresa llegó a vender hasta 1000 alfajores por semana.
La firma, que comenzó con 20 empleados, hoy ya tiene 60 y además ofrece servicios de asesoría a otros locales gastronómicos. Entre las razones por las cuales Velazco decidió apostar por Argentina menciona que “aquí hay muy buena materia prima, tanto en lácteos como en frutas”.
Los objetivos de Velazco en los próximos meses son dos: la apertura de nuevos locales y trasladar la planta de Colegiales, por el volumen de producto que ya maneja. Lo define claramente: “Nos quedó chica”.
Chica como les quedó la patria a cada uno de estos tres emprendedores, que decidieron afincarse en otra con sus ollas, sartenes y sueños que van convirtiendo en realidad.