El pan tiene que estar crocante y tierno a la vez, el relleno debe estar caliente y, si lleva queso, es obligatorio que esté bien derretido. Ese es el ABC del tostado o, más propiamente dicho, el sándwich tostado, el rey del sándwich.
Parece simple pero no siempre funciona bien. El clásico es de jamón y queso en pan de miga, opción que se puede encontrar en la mayoría de los bares porteños. Pero con el tiempo las cocinas se animaron a otras versiones de rellenos, formas y cocción que hacen que el abanico se abra para los seguidores de este sandwich caliente. En Vinómanos salimos de gira para recomendarte los tostados que tenés que probar:
En Grand Café (Basavilbaso 1340, Retiro) está nuestro favorito de jamón y queso. En la carta se anuncia con bajo perfil, como una opción más, pero al primer bocado se gana aplauso, medalla y beso. En pan de molde casero (blanco o negro, a elección) y doradísimo por fuera, así arriba a la mesa. El relleno está a temperatura ideal, con el jamón tierno y el queso derretido, y una muy buena performance de ambos como dupla de sabor. Es simplemente riquísimo. Está disponible solo ($115) o con café o té con leche para desayuno y merienda ($163), o también es una opción para la tardecita, con una copa de vino (tienen Terrazas Altos del Plata Malbec y Chardonnay, $76) o una cerveza.
En Té de a tres (Crisólogo Larralde 3609, Saavedra) tienen una versión del tostado de jamón y queso que se arrima a un croque-monsieur, aunque varía en los quesos. En este café de Saavedra (que tiene rica pastelería propia) el sandwich caliente se hace con pan blanco de molde, doble jamón cocido natural (sí, potente) y queso tybo en su interior, y con una capa de sardo gratinado arriba ($130). La carta avisa que es gigante y cumple. Un lugar fuera del circuito habitual que vale la pena visitar.
Suena obvio pero sí, Tostado entra la lista: este bar nacido en 2015 en la zona de Tribunales (av. Córdoba 1501) tiene ahora 12 locales en Capital y Provincia y cuatro “expendios” para pedir y llevar. El “tostado de la casa” ($96) propone una base de tres quesos en hebras (parmesano, gruyere y mozzarella) y otros ingredientes a elección: nuestro elegido es el de espinaca salteada y cebolla caramelizada, un buen trío para fundir. Otros ingredientes originales para elegir son lomito ahumado con cebolla y puerro, y tomates secos, rúcula y aceitunas negras. El pan es de masa madre y también se puede comprar para llevar.
Una de las cafeterías de especialidad que primero incursionó en el centro porteño fue Negro, cueva de café (Suipacha 637, San Nicolás, y otros tres locales por la zona). Para el almuerzo tienen un combo de sandwich (frío o caliente, nuestra elección ya se sabe), una ensaladita coleslaw, limonada y café para cerrar. Probá el que viene en pan de semillas con cheddar, lomito ahumado y tomates secos, o el de carne vacuna y salsa criolla. Otro detalle amigable “del” Negro: sus playlists musicales. Parada ideal para un almuerzo veloz en plena rutina urbana.
En Bidou Diagonal (av. Pres. Roque Sáenz Peña 858, San Nicolás), un bar de parroquianos de microcentro, con paredes rojas y detalles dorados, hacen un tostado con nombre particular: Nieto. Lleva jamón, queso y tomate, tiene pan de miga y forma rectangular ($110). ¿Lo mejor? Están muy bien tostados (quedan firmes a pesar del tomate, que suele humedecer el pan) y la porción es contundente: 4 rectángulos cortados a la mitad, que hacen un almuerzo. Tiene una versión con upgrade, el Nieto completo, que también trae huevo duro y aceitunas negras.
Con La Alacena (Gascón 1401, Palermo) nos tomamos una licencia nominal: la carta elaborada por Julieta Oriolo incluye “prensatti”, un tostado de nombre propio por su modo de elaboración. Están hechos con pan de campo casero prensado y dorado a la chapa de hierro y se sirven con papas fritas y pickles caseros. Hay siete rellenos, variadísimos. ¿Cuál pedir? La verdad, todos, pero podés empezar con dos. El de queso azul, pickles de pera, hinojo confitado, nueces pecan, apio y manteca ($225), y uno bien con fiambres tanos, el Muffuletta: spianata, mortadela, lomo ahumado, jamón de campo, mozarella, pepinillos y mostaza de Dijon ($225). Para acompañar andá por un aperitivo o una copa de vino (Escorihuela Viognier o Alamos Pinot Noir, por ejemplo).
La meca del sandwich, eso es Café Paulin (Sarmiento 635, San Nicolás): hay que llegar antes de las 13 para conseguir un asiento alrededor de la barra central con forma de herradura. La alternativa es hacer la fila para encargar en la caja y llevar. La carta ofrece más de 40 (sí, 40) sandwiches diferentes, a lo que hay que sumar las opciones de pan: francés, figazza, pebete, árabe o baguette. En semejante variedad hay opciones para rifar. Nosotros nos quedamos con el de cantimpalo y queso ($160, $90 el medio) y el de peceto completo (gruyere, panceta, morrón y criolla, $230, $110 el medio). La comanda sale rapidísimo, ideal para un almuerzo veloz en microcentro.