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Existe un mundo mejor… pero es más caro. El viejo adagio vuelve a cumplirse, también, en materia de vinos. Y particularmente en el caso de las variedades que, por escasez, rareza o singularidad, son tintos objetos de deseo.
Pinot Noir: el deseo noir
El Pinot Noir está entre ese tipo de vinos. Con un color delicado y poco intenso, una aromática frutal y terrosa que se despliega por capas, y una boca sutil y tersa como la piel de un bebé –citando a un histórico bodeguero californiano- no es raro que en la góndola siempre haya que poner un peso más para probarlo.
Es más, en la Borgoña, donde es rey, alcanza precios inusitados con cosechas tempranas; Romané Conti o Domaine Prieure Roch dan sobradas muestras. Algo parecido aunque muy matizado, sucede en el resto del mundo. ¿Es que la rareza alcanza para defender el precio?
No solo. Porque excéntricos como el Petit Verdot no asoman ni remotamente a la alcurnia del Pinot Noir. Y es que entre las variedades de uva, el Pinot ofrece el perfil más intrincadamente sofisticado: como esas parejas que resultan fascinantes y que terminan por subyugar al otro, el Pinot Noir atrapa como un pozo oscuro y maravilloso en el que, coincidencia fatal, al final se lo ha empeñado todo.
Y hasta ahí se llega. Cuando uno ya pasó por la comodidad mullida del Malbec, se dejó llevar en la gloria refinada del Cabernet y coqueteó con la complejidad profunda de un blend, el Pinot emerge como un espejo que nos mejora y habla de algo nuevo, que al final despierta a la boca de todo letargo. Basta probar Barda (2012, $340), Salentein Single Vineyard (2012, $450) o Humberto Canale Old Vineyard (2012, $185) para reinventarse el paladar.
Porque ahí hay algo nuevo. Algo endiabladamente delicado y endeble, pero a la vez lleno de vida y elegancia. En eso, su copa no se parece a nada. Y se sabe: cuando se compra algo que gusta el vendedor no tiene escrúpulos en el precio. A la que debe sumársele un dato: en materia de cantidad, Pinot Noir hay poco.
Algunos, como los mencionados, son muy buenos. Otros, con singularidades que le dan brillo propio, como Luigi Bosca (2013, $156), sobrio y de tacto sedoso; Alfredo Roca Fincas (2012, $100), de aromática terrosa; Manos Negras Red Soil (2012, $175), típico en su paso envolvente y delgado; Mar&Pampa (2014, $140), de una frescura chispeante; y Saurus Barrel Fermented (2012, $214), arrobante en su andar por la boca.
Los otros, una mayoría, resultan ángeles caídos en desgracia, que por mucho que aleteen son más terrenos que celestiales. En eso el Pinot también es categórico: o todo o nada. Y arriesgarse, desde siempre, tienen un alto precio El mismo que hay que estar dispuesto a pagar por una de sus buenas botellas.
Joaquín Hidalgo
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