Viajar por Europa no tiene por qué reducirse a recorrer museos y conocer las ruinas del antiguo mundo. Desde la renovación de los platos clásicos hasta sorpresas culinarias, el Viejo Continente tiene algunas novedades en su menú para ofrecer a los que lo visitan con presupuesto low cost.
Te armamos una guía ATB (apta para todo bolsillo), con platos principales, comidas que te sacan del apuro y postres buenos, bonitos y baratos. Agarrá el pasaporte que nos vamos.
Comida low cost en Europa
Tarta de queso en Barcelona
No caeremos en lugares obvios. En Barcelona reinan la paella, las patatas bravas y la tortilla. Nosotros te proponemos los postres: torta de queso y helado.
En el barrio del Born, uno de los más antiguos de la ciudad española, se instaló en 2021 una pequeña tienda que provoca hasta hoy largas colas para conseguir torta de queso.
Jon García es ingeniero aeronáutico pero en 2018 decidió estudiar cocina. Trabajó en varios restaurantes de Barcelona con estrellas Michelin y, cuando llegó la pandemia, el confinamiento y un largo viaje en auto le dieron la idea de vender tartas de queso.
Investigó, degustó y llegó a un resultado que cumplía con su principal requisito: que tenga sabor a queso. Para que eso suceda, este postre debe poder comerse a temperatura ambiente y es importante que tenga una textura cremosa. “Un desafío”, dice Jon.
Inicialmente vendía sus tartas a conocidos, luego por internet hasta que el éxito no le dejó otra alternativa que poner un local. Actualmente, en la tienda del Born se venden 900 tortas por semana y hay varias opciones disponibles para probar.
La clásica, también conocida como la que le permitió el salto a la fama, es elaborada con 4 tipos de queso diferentes: parmesano reggiano, grana padano, gorgonzola y mascarpone.
La segunda versión que desarrolló fue con queso azul, porque “es mi favorito”, dice Jon, que aclara que tiene un sabor “mucho más intenso” y recomienda acompañarla con un vino de buena acidez que limpie el paladar.
Ah, sí. Nuestro amigo pastelero abrió hace poco una segunda tienda donde además de ofrecer sus tortas tiene una carta de vinos, que para él son el acompañamiento ideal. “La gente a veces pide café pero el vino eleva la tarta”, dice.
Otras versiones de su famosa tarta de queso son con idiazabal, que es de oveja ahumado; de cabra; y de chocolate, para los que no son fans del queso. Sí, esa gente existe.
Además, cada semana lanzan dos ediciones especiales y únicas, que solo se consiguen en la tienda, donde ya probaron más de 300 opciones de quesos disponibles en el mercado.
Jon Cake está en Assaonadors 29. Los precios de la tarta son por peso y actualmente el kilo está 33 euros. O sea, si llevás una porción estarás pagando aproximadamente 5 euros.
Helado como en casa
Además de su famosa rambla y la Sagrada Familia, Barcelona es una ciudad que alberga a muchísimos argentinos. Y como no podía ser de otra forma, uno de ellos es quien fundó la mejor heladería de la zona.
“Venimos de un país con bastante tradición de helado, sobre todo por la herencia italiana y cada vez que llegábamos de vacaciones a España no encontrábamos helado de calidad como en Argentina”, cuenta Leandro Rincón, creador de Della Ostia.
En 2019 se instaló en Europa junto a su esposa y recién en 2022 pusieron la heladería, a partir de la idea de «encontrar la calidad, textura, cuerpo y sabor de los helados a los que estamos acostumbrados a consumir en Argentina”, dice Leandro.
Actualmente Della Ostia es visitada por gente del barrio, catalanes que vienen de lejos y turistas de todo el mundo, especialmente argentinos.
Sus productos se destacan porque trabajan con la mejor materia prima, asegura. Por ejemplo, limón de Sicilia, cacao belga, dulce de leche argentino, pistacho, avellanas y mascarpone italianos, además de mango y maracuyá brasileños.
El local está en el barrio de Gracia, uno de los más cool de Barcelona, con casas de diseño y actividad nocturna, en Carrer del Torrent de l’Olla 128. Los precios arrancan en 3,90 euros el vasito más chico, hasta 6,90 el extra large.
Ámsterdam: entre canales y azúcares
Nos tomamos un avión para seguir probando cosas dulces y aterrizamos en Ámsterdam, la tierra donde los waffles y las cookies se encuentran a la vuelta de cada esquina, con tantas opciones de azucarados que no vas a extrañar el dulce de leche.
En esta ocasión, vamos a hacer una parada en Van Stapele, una tienda de galletitas rellenas.
Este pequeño local se especializa en un solo tipo de galletitas de chocolate, rellenas con más chocolate. Por fuera amargo, por dentro blanco y con chips de chocolate con leche. Una combinación ambiciosa y perfecta.
Su exterior es crocante pero por dentro es cremosa, y es muy probable que las consigas recién hechas. ¿Por qué? El éxito de estas cookies es tal que siempre hay fila afuera esperando para comprar y los empleados permanentemente sacan galletitas del horno para satisfacer a medio Amsterdam.
La tienda está en la calle Heisteeg 4, cerca del centro de la ciudad, y aunque la fila sea larga avanza bastante rápido. Por tan solo 2,5 euros podés tocar el cielo con las manos, por lo que esos 20 minutos de cola valen completamente la pena.
Pastelería berlinesa
Para ir cerrando con las opciones dulces, nos trasladamos a Berlín, capital de Alemania. A pocos minutos de la isla donde están los cinco museos más importantes de la ciudad, vas a encontrar las Berlinesas de Sammy, un local donde prepondera el rosa y las paredes están decoradas con fotos de los clientes.
Las berlinesas son un dulce tradicional de la pastelería alemana, bastante similar a las conocidas donuts de Estados Unidos, pero las de Sammy tienen un toque especial.
Desde 2019, esta pastelera ofrece berlinesas rellenas con distintas pastas y decoradas con glaseado, frutos secos, galletitas o grana, según la selección.
Todas las opciones son veganas, pero no por eso menos sabrosas. Por ejemplo, hay una berlinesa llamada Bomboloni Biscoff Loto: la primera palabra es un término italiano para hablar de un postre relleno que es una “bomba”. Pero tranquilo que lo único que explota es el dulce en tu boca.
Y los biscoff loto son unas galletitas de chocolate típicas de Alemania. Por dentro, llevan una mezcla dulce y suave. Recomendación: acompañar con un café sin endulzantes.
Otras alternativas para probar en lo de Sammy tienen relleno de mermelada de ciruela, fresa, creme brulee, chocolate, mantequilla de maní o una versión similar al rol de canela.
Si querés subir un poco el azúcar en sangre después de ver obras de arte, podés pasar por la calle Sophienstraße 30. Según la berlinesa que elijas, los precios van de 2,90 euros a 4,50.
Un clásico alemán
Seguimos recorriendo la capital alemana y si nos preguntan qué comer acá, automáticamente decimos salchichas. Pero no estamos hablando de un pancho con lluvia de papitas.
El currywurst es un plato típico de Berlín y es la combinación perfecta entre comida para comer al paso sin dejar de probar sabores locales y no caer en ingredientes difíciles de digerir.
Muchos lugares de la ciudad ofrecen esta receta que incluye salchicha alemana bañada en salsa de tomate con curry, pero una de las mejores opciones está en Currywurst Express.
Es una cadena con locales en puntos claves de la ciudad donde podés comer por menos de 10 euros, con bebida y porción de papas fritas (que también son muy buenas) incluidos. Una única advertencia: los condimentos como ketchup y mayonesa se cobran aparte.
Y si de platos típicos se trata, en Berlín hay que probar el Doner Kebab. Tiene sus orígenes en medio oriente pero alcanzó una nueva versión gracias a los migrantes que se instalaron en lo que se llamó el barrio turco de la capital alemana.
Cuenta la historia que Kadir Nurman lo ideó para que los trabajadores pudieran comer al paso. Consiste en carne asada de manera vertical, igual que el shawarma, con verduras como tomate, cebolla y hojas verdes, aunque las opciones pueden variar según el lugar. Suele estar bañado en crema de yogur, todo dentro de pan tipo árabe.
En el barrio de Kreuzberg podés probar las versiones más auténticas y probablemente encuentres una larga fila frente al puesto de comida en la calle Mustafa, uno de los más famosos de Berlín.
Si preferís sentarte para comer y no te importa tanto la fama, sugerimos que pases por Maroush, que por 7,5 euros sirve kebab con papas fritas y prácticamente no hay espera.
Mamma mia, qué delicia
Siguiendo con los platos típicos, no podemos dejar de probar pizza italiana en Roma. Después de pasar a saludar al Papa Francisco, nos pegamos una vuelta por el bar allo Statuto, una acogedora esquina frente a la plaza Vittorio Emanuele II.
Si la idea es cenar, es importante que sepas que los italianos suelen comer cerca de las 19 horas, así que no te quedes embobado con la Fontana di Trevi porque van a cerrar los restaurantes.
Puntualmente en el bar allo Statuto, recomendamos llegar antes de las 20 porque el local es pequeño y el lugar, bastante codiciado. Ya sea si tenés ganas de sentarte o si te llevás la pizza al hotel, podés elegir entre más de 15 opciones que oscilan entre 6 y 10 euros.
Algunas de las más interesantes son la de cuatro quesos, que lleva mozzarella, provolone, ricotta y gorgonzola. Otra opción que no deberías dejar de probar es la de Cotto y Pistacho, con jamón cocido, straciatella y tomates secos.
Para acompañar, sirven tragos, pero si de tradiciones se trata, no dejes de tomarte un Aperol.
Otro clásico italiano que no deberías dejar de probar es la focaccia rellena. En Mizio Street Food vas a poder resolver un almuerzo rápido a pocas cuadras de puntos claves de Roma, como el Coliseo y la Basílica Santa Maria Maggiore.
Es un pequeño local a la calle que pasa bastante desapercibido pero cuando lo encuentres no vas a poder quitarle los ojos de encima. El mostrador exhibe sándwiches en pan de focaccia de un tamaño soñado y con una cantidad de fiambre exagerado.
Este es el lugar para sacarte las ganas de probar una buena burrata, con una salsa de pesto y gran cantidad de fetas de mortadela.
Sobre la Via degli Zingari al 54 vas a almorzar por 9 euros, o incluso menos porque con una focaccia pueden comer dos. La desventaja es que Mizio no ofrece dónde sentarse, pero nada que no pueda resolverse apoyándote sobre el borde de alguna fuente, para vivir la experiencia italiana completa.
Un dato más: para evitar gastar en bebidas, Roma tiene fuentes disponibles en la calle para cargar tu botella con agua potable.
París, la ciudad del amor a la comida
Si de comida al paso se trata, no podemos dejar de hablar de la clásica y elegante baguette parisina.
Es una de las formas de hacer pan más famosas del mundo y también símbolo de la gastronomía francesa, al nivel de que por ley está prohibido vender una baguette a más de un euro.
Si bien por sí sola es muy rica, mejor es en formato sándwich. Por las calles de la capital de Francia brotan locales de venta de comida al paso con gran variedad de opciones y ninguna decepciona.
Esta ciudad es la oportunidad ideal para probar todos esos quesos que en Buenos Aires cuestan fortuna, como el brie con frutos rojos, el emmental con panceta, o un parmesano con jamón crudo, pera y rúcula. O también podés ir por el clásico jamón y queso.
Frente al Museo Louvre, sobre la calle Rivoli, vas a encontrar varios locales que venden sándwiches por 5 euros para llevar, como Self Service Tuileires, que debe su nombre al jardín de las Tullerías, donde disfrutar de un picnic al aire libre.
Para cerrar, no podemos irnos de París sin probar una buena croissant. Pero no te llevamos a cualquier lugar, sino a la Maison d’Isabelle, en Boulevard Saint-Germain al 47, que en 2018 ganó un premio por su pastelería.
Este local está en el corazón del barrio Latino, conocido por la famosa librería Shakespeare & Company, y destaca por un gran cartel en su fachada donde exhiben orgullosos ser los dueños de la mejor croissant de todo Francia desde hace algunos años. Crujiente por fuera y aireada por dentro, es ideal para acompañar con unos mates frente al río Sena.
Ya no tenés que preocuparte por decidir dónde vas a ir a comer en tu próximo viaje a Europa. Solo queda que te decidas a quemar esos billetes y armes la valija.
FOTOS: gentileza Iara Giniger