La inmensa mayoría de los vinos que se venden en Argentina tienen cosecha. Es decir, llevan impreso en la etiqueta el año en el que se recogió la uva. Así están los vinos 2020, los 2019, los 2015, los 2002, entre otros. 

En los últimos años, sin embargo, hay un puñado de vinos que llegan a la góndola sin añada. ¿Qué son y por qué se lanzan vinos sin añada?

Vinos sin añada: el año y las mezclas

Lo primero que hace falta saber es que los vinos están atados a la añada por diversos motivos. El primero y fundamental es que esa cifra da una idea precisa de la edad del vino: si fue cosechado en 2020, está claro que hoy es un vino joven, que ofrecerá fruta; si fuese un 2003, ya hablamos de un vino en plena evolución, con aromas de trufa y dátiles, por ejemplo.

vinos sin añada

La añada es también un punto de partida. Como el vino no tiene vencimiento –no es como una conserva que debe consumirse antes de un tiempo específico– el año sirve para marcar ese índice de edad. Pero hay más.

La añada también es útil para marcar los vinos. Por ejemplo: la 2020 fue una cosecha caliente y anticipada, por lo que la mayoría de los vinos de ese año tienen una fruta nítida y, si no están muy bien hechos, algún grado de desbalance por el alcohol más elevado; la 2021, que es más fresca, tiende a ofrecer vinos más ácidos y jugosos, con fruta roja. Y así. 

Claro que hay que conocer para saber “leer” el año en una etiqueta y cómo marcó el estilo del vino.

En el país cada vez más queda claro este vínculo entre añada y resultado. No era así hace una década. La razón hay que buscarla en que, si se cosecha con mejor precisión, se expresan bien los años. 

Los últimos buenos años para guardar vinos tintos argentinos son 2013, 2017, 2019; los años difíciles, 2015, 2016. 

Hay, sin embargo, vinos que no llevan añada en la etiqueta. Y la razón es simple: en general están elaborados con uvas de más de una añada.

Los non-vintage

Los vinos sin añadas son raros en la alta gama, pero no inexistentes. De hecho, en los últimos años, un puñado de ellos se ha abierto lugar en la góndola. 

Hablamos de vinos que mezclan añadas, desde ya, y en todo caso ninguno de los componentes alcanza el 85% del corte, en cuyo caso podría tener acceso a utilizar el año en la etiqueta.

De esto se deduce que los vinos que mezclan añadas son, como cualquier otro, vinos de corte. Solo que combinan distintas edades, además de varietales u orígenes. 

La razón para hacerlo es múltiple, pero reconoce dos variantes claras: por un lado, se trata de una técnica para refrescar vinos viejos o bien darle una pátina de vinos viejos a otros jóvenes y así conseguir lo mejor de los dos mundos, sumando complejidad.

Por otro, es una forma en la que las bodegas se desprenden de vinos que no tienen tanta demanda, o bien con la que buscan generan vinos únicos e irrepetibles, con un sabor que difícilmente adquieran de otra manera. Esa es la gracia de los vinos sin añada que marcan esta tendencia.

vinos sin añada

Cuáles beber

Es difícil mencionar un pionero en esta idea, ya que mezclar vinos es de uso corriente. Sin embargo, uno de los que primero abrevó en esta cantera para vinos de alto rango fue Bodega Norton cuando lanzó Quorum I, un tinto que combinaba las añadas 2002, 2005 y 2006. 

Hoy la casa va por Quorum V, que mezcla un 65% de Malbec 2016, con un 25% de Cabernet Franc 2014 y un 10% Petit Verdot 2012.

El más reciente en llegar a la góndola es Fond De Cave À Temps Malbec. Lanzado a fines de mayo pasado, mezcla 25% de la cosecha 2017, 70% de 2009 y 5% de 2011. 

En este caso, claramente, es un vino varietal, proveniente de Valle de Uco, que se vale del corte de añadas para ganar complejidad.

El otro, ya clásico en esta movida, es Alandes Paradoux Blend. Elabora un blanco y un tinto sin añada. En cada caso combinan variedades y años, por lo que ninguno de ellos lleva cosecha en la etiqueta ni menciona las variedades.

No son los únicos, pero sí tres perfectos ejemplos de esta tendencia que, aún siendo pequeña, ofrece vinos elegantes y de complejidad, precisamente porque de la mezcla de distintos años se obtiene mejor provecho en cada caso.

 

Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios nacionales, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros.