La oferta gastronómica cambió mucho en Mendoza en los últimos años y buena parte de la responsabilidad la tiene el vino que traccionó por la mejora constante. Y si eso no fuera razón suficiente, existe un festival que celebra el maridaje de vinos y gastronomía menduca de la mejor manera. Se llama Festival Almalbec y este año tuvo lugar entre abril y mayo.

En ese marco viajé a conocer algunas nuevas propuestas de la movida gastronómica mendocina. Mis anfitrionas eran las organizadoras del festival: la periodista Alicia Sisteró y la especialista en el turismo vitícola, Leticia Fragapane. Juntas le dieron forma a Almalbec con una propuesta muy sencilla y sabrosa: restaurantes que ofrezcan durante el tiempo del festival –tres semanas– menú maridados con, por supuesto, Malbec.

Para mi sorpresa recorrí restaurantes que no conocía o que había ido una vez hace muchos años. Algunos de bodegas, otros en el casco de la ciudad y otros bares o wine bares recién abiertos. Si buscás una hoja de ruta en la que probar ricos Malbec con mejores platos, agendate el festival para el año que viene (13 de abril al 3 de mayo). O bien, andá a recorrer alguna de estas ricas propuestas de este año y tentate.

De recorrida por bodegas
El valle de Uco es hoy un destino privilegiado para recorrer viñas y bodegas. Pero además, para hacer algunas escalas dilectas en materia de comida. Y precisamente nos detuvimos en dos rincones bien sabrosos:

Rincón Atamisque. Ubicada en el Peral, justito cuando se accede al Valle de desde el camino de los cerrillos, Bodega Atamisque ofrece una de las más lindas vistas del viaje: el recorte de sus techos de piedra contra el volcán Tupungato. Pero para quienes no le dieron una vuelta a la estancia –un compendio de frutales, castaños y hasta una cancha de golf y un criadero de truchas– el Rincón es una parada obligada. A la mesa de este restaurante una pizca criollo, otra pizca gourmet, llegan desde la finca los productos frescos incluidas, claro, las truchas. La cocina es de Rodrigo Lucero. Parada obligada para un bocado –por ejemplo un escabeche de trucha sobre una tostada; sopa de calabacín con queso azul– o un menú por pasos maridado con Serbal y Catalpa, comer al solcito del mediodía después de recorrer la bodega y la estancia es una experiencia doblemente deliciosa.IMG-20190509-WA0016

Piedra Negra, un quincho con vista al cerro. Claramente es estacional, el restaurante de Bodega Piedra Negra funciona de noviembre a abril aunque se puede estirar según el clima. La propuesta es sencilla: se cocina junto al quincho cuya vista es panorámica y al frente de los fuegos está Carlos Morsucci –dueño de Arauco Restaurante, en un secreto a voces en Tunuyán–. La cocina es sabrosa y dedicada, tanto que sorprende la sencillez con que está ejecutada. De entrada, comí una ensalada de remolachas asadas al horno de barro con frutilla y aceto. El cordero a la llama con papas al horno de barro estaba espléndido. Pero el matambrito de cerdo servido con calabaza grillada y oliva aún resuena en el paladar. Perfecto el maridaje con Peidra Negra Reserva Malbec, jugoso y frutado.

Pie de Cuba. En plan recorrer bodegas por el corazón de Maipú de viernes a domingo, esta es la mejor parada en la zona. Dato: desde la calle no se ve más que un cartel sencillo sobre el asfalto. Pero dentro, es un patio amplio y bien arbolado, en cuyo fondo está el restaurante. Una casa de campo acondicionada con primor, mesas en el patio y una cocina casera y sabrosa a cargo de Nicolás Heras e Ignacio Molina, propietario. Para Almalbec ofrecieron su menú con platos que están en la carta, maridados con Altos del Plata: empanadas de lomo a cuchillo y salsa criolla, bondiola de cerdo con vegetales asados, cremoso de durazno con chocolate blanco. Ideal para sobremesas largas los fines de semana es imprescindible reservar.IMG_20190510_132224162_HDR

Mendoza, restós y bares
La movida del centro y la quinta está siempre en auge. Y entre las opciones que destacan, bares y wine bars marcan una pauta entre la proliferación de cervecerías. Visité algunos lugares que valen la pena.

Naoki Wine Garden. A metros de la Plaza Independencia, sobre Espejo, abrió a fines de 2018 Naokis Wine Garden: un coqueto wine bar, con espacios bien decorados y un lindo patio a la sombra de una falsa vid, cuya especialidad son los vinos por copa. Para eso, echan mano de los wine dispensers, donde ofrecen 24 etiquetas en constate rotación. La gastronomía está a cargo de Ailín Rosas, quien propone algunos tapeos de su propia cosecha: además de la brusqueta de jamón crudo y rúcula, el menú de Almalbec ofrecía un dúo de empanadas de pollo y curri de coco muy ricas. Cualquiera de ellos se acompañaba de Ramanegra Malbec. Dato: Noaki Wine Garden pertenece a bodega Casarena y ofrece además de vinos propios, unas 400 etiquetas para comprar.IMG_20190511_010643829

Cabrera-Charif Wine House. Este Wine Bar abrió en marzo pasado. Comandado por la pareja formada por Druscila Charif y Mateo Cabrera, quienes están al frente de todo. Ubicado en Arístides Villanueva esquina Martínez de Rosas, ocupa una casa de estilo español reacondicionada con buen gusto. Hay desde una cava con lockers para propietarios a una cava subterránea, pasando por una serie de espacios pequeños en los que darse un gusto por copa: ofrecen una veintena de etiquetas entre vinos nacionales e importados, además de una carta de 120 etiquetas por botella. La gastronomía es sencilla: montadito de bondiola de cerdo desmechada con papas fritas o una trilogía de empanadas formaron el menú de Almalbec. Lindo lugar entre formal y descontracturado.

almalbec
Cerdo en el restaurante de Piedra Negra.

Restaurante Orégano. Ubicado en la esquina de Rivadavia y Belgrano, a dos cuadras de Plaza Independencia, Orégano lleva ya casi dos años en el ruedo. Como ellos gustan de describirlo, es un restaurante que compila las experiencias gastronómicas de Vanina Chimeno y Francis Mallmann, de modo que en este restó de dos plantas se puede pasar desde los sabores mediterráneos de una pizza estilo napoletano a un cordero con siete horas de cocción con gremolata y puré de papas rústicas y limón, que ofrecieron durante Almalbec de la mano de Rutini Wines. Dato extra: en es estilo de pizzas hay poca oferta en Mendoza.

Gingger. Para una última copa, sin embargo, el bar Gingger, también sobre la Arístides, ofrece una opción piola en materia de tragos con vino. Propiedad de Johana Poblete y el bartender Nicolás Soto, en un punto medio entre un estilo old british pub de maderas oscuras y taburetes modernos, con lámparas redondas iluminando la barra, ofrecen coctelería de autor y clásicos con una nutrida barra de bebidas. Desde un Negroni reversionado con Santa Julia Malbec a un Jupe con Malamado, las tablas de quesos resultan una buena opción, lo mismo que montadito de entraña. Los dos formaron parte del menú de Almalbec y están en la carta regular.

No son las únicas novedades, claro, aunque sí las que visité durante esos días. Sin embargo, en Mendoza la gastronomía está en plena efervescencia de propuestas. Nada más darse una vuelta por la Arístides dan una buena idea.

Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios nacionales, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros.