4 (80%) 4 votos

Cruzar la puerta de Oh’No! Lulu Tiki Bar es entrar en un mundo nuevo: con sus lámparas colgantes y luces bajas, sillas y banquetas de ratán, papel tapiz con motivos tropicales, un gran tótem iluminado y ventiladores que giran lento como en las películas, el diseño crea una atmósfera fantástica que invita a olvidar en la vereda la vorágine del día.

Y está bien que así suceda, porque los famosos Tiki bar de los años 40 y 50 de los Estados Unidos no tenían ni una ventana: la idea era justamente vivir una fantasía, transportar a los visitantes a una suerte de “mini vacaciones” a la Polinesia o lo que fuera que el dueño del bar creyera que era la Polinesia.

Así es que un antiguo galpón en Villa Crespo sirvió de marco para diseñar este nuevo emprendimiento de la dupla Patricia Scheuer y Luis Morandi (grandes hacedores de locales reconocidos por la calidad de sus propuestas y por ser escuelas de servicio como Sucre, Gran Bar Danzón, BASA, Grand Café, Bar Uriarte, entre otros). El team se completa con la maestría de Ludovico De Biaggi, bar manager a cargo del equipo y de la creatividad.

La gastronomía sabrosa y un sistema de atención veloz (las cartas están a la vista, elegís, pagás comida y trago y te dan un número. La comanda se resuelve muy rápido y en minutos estás copa en mano) proponen una experiencia divertida.
OhNoLulu-67
Pasaporte Tiki Bar. Ludovico pone en contexto: “Estos cócteles datan de la década del ’30. Originalmente son un invento gringo: tomaron temas culturales de la Polinesia, sus símbolos y productos y armaron este universo de fantasía. En aquellos años la gente no podía viajar, volar en avión era carísimo. Los Tiki bar eran como la “isla paradisíaca” en plena jungla de cemento. Incluso hay relatos de bares famosos que tenían cascadas y pájaros volando. Cuando pensamos en Oh’No! Lulu quisimos eso: que puedas venir vestido como quieras, que te sientas cómodo, relajado, que te transportes a un buen momento tomando un trago de calidad acompañado por un plato riquísimo”.

Dale click. Si lo tuyo es Instagram, tenés una cita en Oh’No! Lulu (de paso, además de sacar la foto, probá los tragos y comé algo que todo está muy bueno).

Carácter Tiki. “El ron, los cítricos, las frutas y las especias (como canela, clavo de olor, pimienta de Jamaica) son los pilares del Tiki. Son cócteles con carácter, complejos en boca. Si te gustan las sutilezas, tal vez esto no sea para vos, pero te invito a probar. Presento 12 cócteles (8 siguiendo las recetas clásicas y 4 de mi autoría) y todo es artesanal. Hay otros alcoholes, pero el ron es fundamental. El sistema de trabajo está pensado para que sea veloz, detesto cuando tardan 20 minutos en traerte un trago”, dice Ludovico. De paso agrega que aquí no hay negroni, dry Martini, Old Fashioned o gin tonic. La propuesta Tiki es una invitación a salir de tu zona de confort.

Qué tomar. Divertido el diseño artesanal de vasos de cerámica con formas de calaveras, tótems y tiburones (tiki mugs) en los que salen Mai Tai, Zombie (ambos tragos emblemáticos Tiki), Piña Colada, Daiquiri de Frutilla, Suffering Bastard (con gin), Derby Cocktail Tropical, Shark (Chan, Chan, Chan, Chan), Magnum P.I., Hemingway Special, Flamenco, Pelotón, Dr. Jones. Uno más rico que otro y todos $220. OhNoLulu-47x
Qué comer. Sí o sí arrancá por la Flor de Cebolla ($200) que emula los famosos aros empanados y fritos pero que aquí se sirven en modo flor. Gol de media cancha. Y después, lo ideal para compartir es el típico Pupu Platter –receta tradicional de la cocina hawaiana– que incluye cinco de los appetizers del menú y que comen dos y pican varios ($670) y viene con alitas hawaianas, spring rolls que no pueden más de crocantes, pechito de cerdo laqueado, croquetas de langostinos y pescados y coleslaw polinesio. Todos se pueden pedir también por separado y agregar un Lomi Lomi (casi un ceviche de salmón) y, como sugiere Ludovico, acompañarlo con un Mai Tai. También hay postres: el Banoffee Pie y una Key Lime Pie.

Tiki para nerds. Si te interesa el tema hay lecturas fundamentales, como los libros de Jeff “Beachbum” Berry, bartender y experto en el tema, quien se ocupó de relevar las recetas secretas y las historias de vida de los fundadores de esta coctelería. Berry sostiene que los Tiki Bar fueron originalmente producto de la Gran Depresión y la Ley Seca en Estados Unidos y que resultaron ser una válvula de escape para los pobres y sin trabajo.

El padre del Tiki bar fue “Don Beach” (llamado Ernest Raymond Beaumont Gantt) quien tras haber viajado por todo el Pacífico Sur como contrabandista abrió en Hollywood abrió el primer Tiki bar de Estados Unidos. Lo adornó con guirnaldas hawaianas, telas vibrantes, muebles de ratán. Ofreció comida cantonesa y tragos a base de ron decorados con flores y sombrillitas.

Celoso de sus creaciones, Don Beach jamás escribió una receta. Simplemente reservaba sus mezclas mágicas en botellas con código para que si alguno de sus bartenders renunciaba jamás pudiera llevarse su receta. Pronto fue el lugar preferido de las estrellas del espectáculo, como Frank Sinatra, Howard Hughes y Charlie Chaplin. En la misma época, el gastronómico Víctor Bergeron le copió la idea a Don Beach y abrió un local estilo Tiki en Oakland. Con el tiempo “Trader Vic” llegó a convertirse en una cadena que se expandió a todo el mundo.

Más allá de la barra, la pantalla. Más tarde, el auge del tiki invadió otros ámbitos, como el programa de tele “La isla de Gilligan” o la música de Les Baxter. Hoy, si mirás el capítulo de inicio de la temporada 6 de Mad Men, vas a ver a Don Draper en Hawaii tomando esos tragos de colores, full Tiki.

GPS. Aráoz 1019. De martes a domingos a partir de las 17. La cocina funciona hasta la medianoche. Happy hour de cervezas entre las 17 y 20. IG: @Ohnolulutikibar

Laura Litvin
Es periodista especializada en gastronomía y trabaja en la producción de Cocineros Argentinos, el programa de cocina de la TV Pública. Escribió en La Nación Revista, El Planeta Urbano, El Gourmet, Revista Alta, entre otros medios. Además, es editora de libros en Editorial Planeta y está a cargo de las investigaciones sobre producto para el ciclo M.E.S.A. de Estación. Escribe notas sobre la cocina argentina en distintos medios extranjeros.