vino blanco
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En el imaginario del consumidor el vino blanco sólo está presente en las fiestas o al borde de una pileta. Sin embargo, hay toda una gama de blancos que funcionan a la perfección incluso cuando aprieta el frío.
No se trata de blancos chispeantes y delgados. Todo lo contrario: en plan invernal los vinos blancos con cuerpo, paso untuoso y aromas comedidos funcionan de maravillas. Ya sea para acompañar unas pastas con manteca de salvia, una sopa de calabaza o bien una crema de hongos, hay blancos que ofrecen un perfil bien atractivo.

En general son vinos que se elaboran de variedades no aromáticas, como Chardonnay, Semillón o Viognier. Blancas que ofrecen, sobre todo, buen cuerpo y que por ello mismo no se sirven heladas, sino un poco más arriba, cerca de los 12ºC. Para conseguir esa sensación cremosa, fueron criados en barricas de roble por un tiempo prudencial y, en casi todos los casos, hicieron la fermentación malo-láctica que, en pocas palabras, aportó untuosidad al vino.

Así, puestos a elegir comidas invernales que ofrezcan cierto trazo mantecoso, cierto aspecto láctico –como quesos fundidos– o bien que no sean a base de carnes rojas crudas o cocidas, lo mejor es apuntar a alguno de estos blancos de invierno.

Chardonnay Reserva. El método de elaboración para estos blancos fue desarrollado en la Borgoña, Francia. En pocas palabras, se trata de aportarle a una variedad de por si corpulenta (al menos en blancos) un aroma y una textura extra. Para ello, se la cría en roble y, en casi todos los casos, se realiza esa crianza con las levaduras de la fermentación a inactivas. Al cabo, el vino adquiere textura cremosa, paso amplio, además de aromas de la crianza.

Lo mejor para este tipo de vinos es buscar zonas frías, donde la frescura natural de la uva no pierde carácter con la crianza. Algunos ejemplares de Tupungato, Mendoza, resulta especialmente atractivos. Por ejemplo, CADUS (2015, $350), 
Andeluna Altitud (2015, $329), Terrazas Reserva (2015, $270) y Salentein Reserve (2015, $250). Patagonia tiene dos ejemplares redondos, Saurus Patagonia Select (2015, $250) y Fin del Mundo Reserva (2015, $240).

En precio más elevados resultan excelentes Trivento Golden Reserve (2015, $450), Dedicado Tupungato (2015, $500) y Angélica Zapata (2014, $550).

Para descubrir, Semillón

La variedad blanca emblemática de Burdeos, Francia (donde además se la corta con Sauvignon Blanc) encuentra en nuestro medio una nueva veta de desarrollo. Así como en Francia se la elabora con una crianza sutil en roble, en nuestro medio comienza a demostrar que en esa línea tiene mucho para ofrecer. Delicada en aromas, recuerda a la miel, con algún trazo cítrico, al paladar ofrece un volumen medio que el roble engrosa de buena manera. Si la crianza es acertada, no lo aturde y, por el contrario, revela algunos trazos de caramelo que casan de maravilla con la propuesta módica del vino.

Pero conviene saber que, con el tiempo, unos 3 a 5 años, el Semillón se revela un vino completamente diferente. Es como si se adelgazara y revelase un carácter aromático nuevo. En ese caso, lo mejor es usarlo para beber platos de intensidad moderada y con algún trazo de crema.

Así resultan por ejemplo Mendel (2014, $320), Nieto Senetiner (2016, $200) que ya no es más de Luján de Cuyo, sino de Tupungato), El Semillón de Ricardo Santos (2015, $290) y en menor medida Canale Old Vines (2016, $220). Hay otros, pero con esos tres queda cubierto el grueso del sabor.

Viognier ahora

Cultivada en zonas soleadas como el Ródano norte, el Viognier es una variedad de uva que da poca frescura, mucho cuerpo y notas de frutas de carozo. En nuestro medio tiene buena difusión, porque se lleva bien con el sol de las principales zonas vitícolas de Argentina. Con una ligera crianza en roble, se garantiza la complejidad y, al mismo tiempo, se balancea su tendencia al exceso de alcohol.

Buenos ejemplos son La Linda (2016, $180), Durigutti (2016, $220), Zemlia (2015, $300) y Escorihuela Gascón (2015, $370). Todos ellos ofrecen buen volumen de boca, perfectos para acompañar platos cremosos, desde una humita a una polenta. Y lo mejor: nunca helados, sí fríos.

Joaquín Hidalgo
Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios nacionales, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros.